Dicen que los criminales siempre regresan al escenario donde cometieron sus fechorías. El viernes 5 de octubre, cientos de fujimoristas, acaudillados por Kenji Fujimori, uno de sus representantes más característicos, ocuparon el memorial donde se levanta la escultura ‘El Ojo que Llora’ y, entre cánticos militares e insultos a los organismos de derechos humanos, expectoraron su intolerancia contra todos aquellos que piensan que su líder debe pagar por sus crímenes.
Los fujimoristas invadieron el memorial 12 días después de que, el 23 de setiembre –un día después de que el ex dictador llegara a Lima extraditado– otro grupo menos numeroso ingresara por la fuerza a este espacio de homenaje a las víctimas de la violencia política y la emprendiera a golpes de comba y pico contra el monumento.
Aquella cuadrilla operó como un verdadero comando paramilitar, amenazando con armas al vigilante y actuando rápida pero eficazmente; atacando a golpes la escultura y las piedras que recuerdan a los caídos y vertiendo sobre ellas pintura anaranjada –el naranja del fujimorismo. Acabada su misión, habrían abordado un vehículo que los esperaba y huido raudamente.
Los dirigentes del fujimorismo negaron cualquier vínculo con el atentado, aunque algunos no pudieron dejar de celebrarlo, como Martha Chávez, a la que todo su desprecio por los derechos humanos se le salió por la boca en forma de insultos. Pero si alguna duda quedaba de que habían tenido qué ver con aquel acto de vandalismo, estas se disiparon tras su ‘visita’ del viernes 5.
RECHAZO A LA VIOLENCIA. No es difícil entender por qué ese pequeño sector de la población que todavía cree en Fujimori actúa de esta manera. Se trata de peruanos que aplaudieron su autoritarismo, su ‘mano dura’, a los que no les importó si el Estado violó los derechos humanos cuando enfrentó el terrorismo. Ellos, como Martha Chávez o como el cardenal Juan Luis Cipriani, creen que los derechos humanos son una “cojudez”. Se trata de una minoría que expresa sus discrepancias con ofensas y golpes.
Sin embargo, frente a ellos hay un conglomerado de ciudadanos e instituciones, de diferentes sectores, que han salido a rechazar el ataque al monumento. Primero, a través de un pronunciamiento, firmado por personalidades del Perú y del extranjero, así como por cientos de personas comunes y corrientes.
Y, luego, con una emocionante movilización –el jueves 27 de setiembre– que congregó, como tantas otras veces, a obreros de la CGTP, estudiantes, profesionales, amas de casa, familiares de las víctimas y ciudadanos de a pie que llegaron hasta el Campo de Marte para rendir un acto de desagravio al memorial. Una manifestación que fue cubierta por la prensa nacional y extranjera y que sirvió para decirle No a la violencia y al fanatismo de quienes se resisten a que en el país se haga justicia.
Los familiares de las víctimas son conscientes, sin embargo, de que hay un estado de exacerbación de ánimos en los fujimoristas, alentado contra ellos por irresponsables como Carlos Raffo y Kenji Fujimori, que azuzan a sus huestes a salir a las calles para “defender” a su líder. Por eso, Aprodeh ha pedido garantías para la vida de Gisela Ortiz, Raida Cóndor y los demás familiares de los peruanos asesinados durante el régimen del ex dictador. Y ha solicitado una reunión con la ministra de Justicia y la Defensora del Pueblo para transmitirles su preocupación por su seguridad y, también, por la del monumento.
LA RESTAURACIÓN. ¿Qué va a pasar con El Ojo que Llora? Su creadora, la artista Lika Mutal, ha decidido dejar que por un tiempo más permanezca como está, exhibiendo las huellas de la agresión, para inspirar la reflexión ciudadana en torno a la intolerancia y a las heridas abiertas que dejó la guerra interna. Sin embargo, el monumento será restaurado e, incluso, serán reescritos los nombres de las víctimas que figuraban en todas las piedras, no solo los de aquellos que se borraron durante el ataque.
Mutal afirma que, para garantizar que no primarán criterios políticos en la elección de los nombres, estos serán copiados del Registro Único de Víctimas que está elaborando el Consejo de Reparaciones creado por el Gobierno. Un organismo plural, donde hay activistas de derechos humanos, ex militares y representantes de las víctimas. Así, nadie tendrá de qué quejarse. “Este no es un proyecto político ni de izquierdas”, explica la artista. “Es un proyecto humanista, para todos los peruanos”.
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Dos horas después del ataque a ‘El Ojo que Llora’, Ismael Vega, el director de la sección peruana de Amnistía Internacional, recibió un extraño mensaje de texto en su celular, que decía: “Hemos destruido el ojo que llora, ja ja ja, porque es un monumento para terroristas”. Más allá de su tono de burla, el texto preocupaba porque implicaba una amenaza implícita contra uno de los principales activistas por los derechos humanos en el país. AI-Perú sentó, de inmediato, una denuncia fiscal por el hecho.
Días después, Aprodeh recibió una llamada anónima que, en medio de insultos, ‘sugería’ a sus trabajadores que dejaran de ‘meterse’ con Fujimori. Para los organismos de derechos humanos no hay duda de que la extradición del ex dictador ha provocado un ambiente hostil en sus huestes hacia quienes piden que responda por sus crímenes. Por eso, las autoridades deben estar alertas.
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Más Información:
Memorial “El Ojo que llora”
http://www.aprodeh.org.pe/ojoquellora2006/index.html
Comunicado “Por la Memoria y la Justicia”
http://www.aprodeh.org.pe/ojoquellora2006/comunicado2.html?idnoticia=276122
Comunicado de la Coalición Internacional de Museos en Sitios Históricos de Consciencia
http://www.aprodeh.org.pe/ojoquellora2006/comunicado3.html