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Balance del Fujimorato: ¡No más dependencia económica, más democracia, menos desigualdad! ¡Fujikukkus nunca más!


Miércoles 5 de abril del 2017

Si le damos el beneficio de la duda a Alberto Fujimori, quien reclama, muy suelto de huesos, desde la prisión, en su twitter, convertido súbitamente en “kukku” (cocinero en japonés), ser “el arquitecto de la democracia moderna”, argumentando de que “para hacer tortillas hay que romper huevos”, convendríamos en que efectivamente rompió muchos huevos e hizo una tortilla muy grande, que se la comió, en parte, y dejó algunas buenas tajadas para su prole.

¿Estará pensando él que los trozos que quedaron, de la tortilla a la que se refiere, es decir las arcas fiscales, de lo que quedó del país que intento construir, con tanto huevo roto, serán servidos en los próximos años en la mesa de Keiko, Kenyi y sus seguidores?

Para él, sus seguidores ya están disfrutando de un apetitoso entremés con la holgada mayoría parlamentaria, con las piscolabis y tapas de interpelaciones y censuras que se vienen sirviendo a vista y paciencia de los demás invitados de honor, las minorías de segunda y tercera categoría y los invitados de piedra, el resto de ciudadanos de la nación.

Pero lamentablemente, para el decrépito politicastro, un país como el Perú no encaja con una receta gastronómica, por mucho que la calidad de nuestras fiambres esté empezando a ser apreciada a nivel mundial. La democracia restringida que vivimos, justamente surgió de la tenaz lucha contra la dictadura que él encabezó, y la constitución que se elaboró bajo su mandato es la primera traba para su consolidación y desarrollo.

Lo que sí pretendieron las fuerzas políticas actuantes, detrás del pelele samurái, bajo mandato de los poderes fácticos de fines del siglo pasado, fue la instauración de un régimen autoritario burocrático, mercenarizando la política y la cultura al servicio de la economía, principalmente transnacional.

Esto ha quedado a medias, los poderes fácticos no pudieron imponer todos sus designios, no tanto por la torpeza del Kukku, que por preparar su tortilla, no atendió bien los requerimientos del shefukukku (Chef), como por la acción de la ciudadanía que por entonces dejó de ser convidado de piedra. La marcha de los 4 suyos y las acciones de todos los sectores de la población derrotaron la dictadura del kukku Fujimori y se instauró la democracia. Pero ésta poco a poco fue languideciendo bajo el influjo de la corrupción cimentada por aquél.

Pero las auténticas fuerzas democráticas, la ciudadanía peruana, los pueblos originarios, las mujeres, los jóvenes, e incluso, los niños no dejaron, ni dejarán que la prole del kukku siga cocinando más tortillas. El movimiento civil en el Perú es más grande que el movimiento tortillero de los kukkus Fuimori. Así como dijo ¡No a Keiko!, en el 2011 y ¡Keiko no va!, en el 2016, seguirá diciendo, en adelante, ¡Fujikukkus nunca más!

 

Mariano Paliza

Lima, 5 de abril de 2017

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