NO A LAS MUERTES DE CAMPESINOS
SÍ A LOS DERECHOS HUMANOS
Las muertes de los campesinos Julio Rojas Roca, Santiago Lloclla, Rubén Pariona y Emiliano García demuestran el desprecio del gobierno de Alan García por la vida humana y su vocación por responder de manera autoritaria a las demandas sociales fundamentales.
En los meses anteriores, al menos otras doce personas, entre ellas los niños Imel Huayta y John Acosta, han sido asesinadas por las fuerzas policiales, la mayoría de ellas desde que Luis Alva Castro asumió el Ministerio del Interior.
Las protestas sociales no son gratuitas, sino que se deben a la imposición de un modelo económico que genera descontento social. En los últimos meses, además, el gobierno ha pretendido disolver las comunidades campesinas y nativas y facilitar la adquisición de sus tierras por empresas privadas. Las personas que protestan son consideradas irracionales, primitivas y enemigas del Perú. El gobierno parece creer que los peruanos más pobres deben contemplar pasivamente las situaciones de injusticia que viven todos los días.
En este contexto, es preocupante la aprobación, el 22 de julio pasado, de 11 decretos legislativos que violan muchos derechos humanos y criminalizan la protesta social, sancionando el derecho a la manifestación pública, pacífica y libre. Esta medida ha originado que APRODEH, CONACAMI, CGTP, CCP, CCI y otras organizaciones a nivel nacional recolectaran firmas para pedir que estos decretos legislativos sean declarados inconstitucionales por el Tribunal Constitucional. Igualmente es preocupante la aprobación de la Ley 29166 que permite a los miembros de las Fuerzas Armadas usar sus armas de manera indiscriminada lo que podría afectar la vida y la integridad física de las personas.
El autoritarismo se expresa además en las declaraciones de las autoridades gubernamentales que llegan a justificar las muertes de pobladores. De esta manera, el gobierno está abriendo el camino para mayor confrontación social tratando a millones de peruanos como si fueran enemigos de la sociedad. El camino correcto es generar mejores condiciones de vida para los peruanos más pobres y no tratarlos como delincuentes.
¡BASTA DE MUERTES DE CAMPESINOS! |