"La República"

1 de agosto del 2000

El general PNP Fernando Dianderas dijo que fuerzas de seguridad estaban desarmadas

¿Por qué estaban armados?

 

En conferencia de prensa, el director de la Policía Nacional, general Fernando Dianderas Ottone, aseguró al país que los miles de efectivos que participaron en el operativo para contrarrestar y controlar la «Marcha de los Cuatro Suyos», lo hicieron desarmados, y que de eso se aprovecharon los manifestantes para atacarlos con agresividad. Su afirmación fue ratificada ayer por la ministra Luisa María Cuculiza.
Sin embargo, evidencias fílmicas y fotográficas demuestran que hubo personas no identificadas, y sin uniforme policial, que se paseaban armadas por el Centro de Lima. ¿Quiénes son, si el general Dianderas dijo que ningún policía salió con armamento? ¿A quiénes respondían? ¿Qué actividad cumplían? ¿Por qué se desplazaban en tanquetas de la policía y cargaban bultos con armas?

............En las fotografías captadas de las imágenes del programa de televisión «Panorama», se puede observar sin duda alguna a personal con armamento de largo alcance. No es es verídica, entonces, la versión del general Dianderas, quien aseguró que «el personal policial actuó con suma prudencia y sin usar armas de fuego».
Aunque no se ha establecido a qué unidades policiales pertenecen, el general Dianderas debería informar qué hacen esos hombres armados desplazándose en unidades de la Policía Nacional del Perú, en medio de los enfrentamientos con los manifestantes.
Pero las fotografías no son las únicas evidencias de las contradicciones de la versión oficial sobre la participación de la policía, el día de la protesta contra la tercera sucesión presidencial de Alberto Fujimori.
A pesar de las evidencias fílmicas y fotográficas que indican que la ausencia de la policía permitió la acción concertada de grupos de incendiarios que atacaron simultáneamente los locales del Banco de la Nación, el Jurado Nacional de Elecciones, el Palacio de Justicia y la Corte Superior de Lima, los informes de la Dirección Nacional de Seguridad del Estado (DINSE) no explican por qué la Policía Nacional virtualmente abandonó los mencionados establecimientos.
Sin embargo, esos informes le han servido al fiscal Richard Saavedra Luján para denunciar a más de 150 manifestantes, entre los cuales seguramente no se encuentran los incendiarios de los cuatro locales públicos.
Tampoco la DINSE registró en sus atestados por qué numerosos contingentes atacaron los «tambos» del Parque de la Reserva y la Plaza Manco Cápac, donde hombres, mujeres y niños descansaban, curaban sus heridas, recibían sus alimentos y se recuperaban de la inhalación de las toneladas de gases lacrimógenos que se lanzaron contra los manifestantes. Por qué perpetraron dichos actos, en lugar de concentrar sus esfuerzos contra los atacantes del JNE, la Corte Superior de Lima, Palacio de Justicia y el Banco de la Nación.
En otras ocasiones, las autoridades competentes procesaron a los efectivos responsables de la seguridad ciudadana.
Así, a los pocos días que se produjo el asalto de la residencia del embajador del Japón, Morihisa Aoki, por parte de un comando del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM) abrió instrucción por negligencia inexcusable contra los oficiales responsables de la seguridad de la vivienda diplomática.
En efecto, el tribunal militar enjuició al ex jefe de la VII Región Policial de Lima, teniente coronel PNP Luis Malásquez Durand, así como al ex jefe de la Dincote, general PNP Máximo Rivera Díaz, y al general Carlos Domínguez Solís, quien estaba asignado al Ministerio del Interior y era además uno de los rehenes.
Según fuentes oficiales, se desplazaron 35 mil efectivos militares para enfrentar la «Marcha de los Cuatro Suyos», y cinco mil para el Damero de Pizarro. Pero como lo prueban las imágenes captadas por los diversos canales de televisión, particularmente Canal «N» Noticias, los sujetos que quemaron las cuatro dependencias públicas cumplieron su faena porque las tropas de la Policía Nacional habían relajado la seguridad de los importantes establecimientos estatales.
El Consejo Supremo de Justicia Militar debería proceder de la misma manera con los oficiales, quienes tuvieron la responsabilidad de la seguridad de los locales públicos.