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En forma sospechosa e
inexplicable, los efectivos policiales que el último 28 de julio custodiaban
instituciones públicas en el centro de Lima las abandonaron minutos antes de que fueran
atacadas e incendiadas por grupos de vándalos. Algunas características hacen presumir
que la orden de repliegue provino de las más altas esferas, ¿con qué propósito? Es
algo que debe ser investigado de inmediato.
Cada vez que se planifica un
operativo policial los efectivos de la guardia de asalto barajan una serie de acciones que
contrarresten los actos violentos que se puedan producir.
Pero esta lista nunca incluye el retiro de las fuerzas del orden mientras los sucesos no
estén plenamente controlados, por lo que resulta más que extraño que en el momento más
crítico los custodios se hayan replegado.
El coronel (r) Dino Baca Herrera, ex jefe de la 22 Comandancia, conocida también
como Guardia de Asalto, aseguró que los planes operativos que elabora la policía para
controlar disturbios jamás contemplan dejar a la ciudadanía sin el resguardo respectivo.
«Se estudian una serie de alternativas para enfrentar la situación, pero ninguna de
ellas prevé una retirada cuando la población está corriendo peligro», señaló.
Sin embargo, de manera inexplicable y como si se tratara de una orden impartida, cada uno
de los contingentes de los cuatro locales públicos atacados se hizo humo ni bien empezó
la agresión, dejando las entidades desprotegidas durante casi una hora.
El oficial en retiro precisó que la instrucción policial que reciben los cuerpos de
élite que ese día estuvieron destacados en la zona los obliga a mantenerse en sus
puestos precisamente para evitar que se intensifiquen los desmanes, pues existe un
dispositivo que reglamenta el cuidado de los locales públicos y las instituciones
consideradas esenciales.
«Los que laboramos profesionalmente sabemos que el retiro de los efectivos es una orden
impensable e improcedente. El comando no hubiera podido darla, a menos que haya sido
obligado por el Servicio de Inteligencia Nacional», afirmó.
Con pleno conocimiento
Esta extraña actuación no puede ser sustentada con el pretexto de la falta de
efectivos y menos aún con un supuesto desconocimiento de lo que ocurría. Pues en Lima
existen alrededor de 25 mil efectivos disponibles, cantidad más que suficiente para
controlar las acciones violentas ocasionadas por un reducido grupo de agitadores.
En el caso del Banco de la Nación y del Jurado Nacional de Elecciones, la información
llegó a la superioridad en el acto, pues sobre el techo de la máxima institución
electoral habían dispositivos electrónicos de vigilancia permanente, que permitió al
comando conocer los sucesos desde el primer instante.
«La policía se percató de lo que ocurría de inmediato, pero no acudió a controlar el
problema porque había una orden superior inclusive al propio comando», aseveró el
coronel (r) Baca.
Palacio de Justicia
Mientras que en el Palacio de Justicia también es muy sospechoso que el contingente
permanente que oscila entre 40 y 50 efectivos no haya reaccionado para
contrarrestar al reducido grupo de vándalos que durante 20 minutos trató de incendiar el
local.
Además, a una cuadra de allí existen tres dependencias policiales que muy bien hubieran
podido haber acudido: la Comisaría de Mujeres, la Comisaría de Cotabambas y la Unidad de
Patrullaje Selectivo, donde debían haber por lo menos unos 400 efectivos.
Entonces ¿por qué se tardó tanto en actuar? ¿Por qué se esperó a que los incendios
llegaran a puntos incontrolables para regresar a las zonas en conflicto?
Negligencia planificada
El experto en temas de violencia Carlos Tapia también piensa que la única
respuesta es que había una orden precisa para permitir los desmanes y luego entrar a
reprimir.
«Como mínimo se puede pensar en una negligencia policial al no haber resguardado las
oficinas del Estado que estaban en el recorrido anunciado con bastante anticipación por
los manifestantes», dijo.
Pero al aplicar la «regla de oro» que usa la misma policía en el trabajo de
inteligencia, el analista concluye que había una maquinaria muy bien montada y con
bastante anticipación para utilizar la marcha en contra de sus organizadores y a favor
del cuestionado gobierno.
Recordó que el coronel Benedicto Jiménez explicó en sus libros que lo primero que se
hace al evaluar una acción es preguntarse a quién beneficia y a quién perjudica. En
este caso la respuesta es obvia.
«¿De lo contrario por qué dejaron por más de media hora que se intente meter telas
encendidas en las instalaciones del Palacio de Justicia y cuando llegó la policía los
desalojaron en menos de 5 minutos?», inquirió.
Además, advirtió que en medio de los manifestantes había personal de inteligencia
vestido de civil informando a sus superiores sobre todo lo que ocurría a través de
sofisticados aparatos de comunicación.
Para Eduardo Toche, analista político y de temas sobre seguridad, también resulta
bastante extraño que la policía se replegara cuando se iniciaron los actos vandálicos.
«Es muy sospechoso que no se interviniera a tiempo, cuando se pudo controlar los sucesos,
evitando que llegue a consecuencias mayores», expuso.
Lo que sí es claro es que la inacción policial fue determinante para que la violencia
llegara a los extremos que hemos visto.
Existen sólo dos posibilidades para explicar esta actitud: una absoluta e increíble
negligencia, o la existencia de un dispositivo para permitir que se produjeran las
acciones que consiguieran el objetivo de desacreditar la Marcha de los Cuatro Suyos,
desvirtuando así el derecho de la población a expresar su rechazo al cuestionado tercer
mandato de Alberto Fujimori.
Por orden superior
El ex ministro del Interior
general EP César Saucedo Sánchez habría dado la orden de retirar los
contingentes que custodiaban los siniestrados locales del Banco de la Nación y el Jurado
Nacional de Elecciones, así como del personal que acordonaba las calles de ingreso a la
Plaza Mayor, para permitir que los vándalos e infiltrados actuaran a su gusto.
Trascendió que mediante una llamada telefónica al celular número 992-6572, del general Humberto
Fernandini Maraví, jefe de Estado Mayor de la VII Región de la Policía, el ex
titular del Interior le comunicó que todo el personal destacado en esas zonas debía
retirarse en forma inmediata.
Una fuente bien informada reveló que al promediar la una y 15 de la tarde, el general
Saucedo se comunicó con el oficial a cargo del operativo policial para impartir esta
increíble orden sin mayores explicaciones.
Sin embargo, recién media hora después, cuando el fuego se había propagado por las
instalaciones del Banco de la Nación y del Jurado Nacional de Elecciones, se habría dado
la contraorden de que los efectivos policiales retornen a sus ubicaciones y repriman a los
manifestantes con bombas lacrimógenas.
Un testigo ocular, que por obvias razones prefiere mantenerse en el anonimato, reveló que
el general Fernandini Maraví retransmitió estas órdenes a los jefes encargados de los
contingentes antimotines desde la 22 Comandancia, donde funciona la Unidad de Servicios
Especiales (USE). |
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