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El
escrutinio de votos de la segunda vuelta tampoco habría sido transparente, como
aseguraron las autoridades de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
De acuerdo con una muestra de 500 actas que La República efectuó con la asesoría
de técnicos en materia electoral, la ONPE habría validado 9 mil 975 que
presentaban anomalías. Ese número representa el 12.36 por ciento del total nacional de
actas.
Dichos escritos electorales, convalidados a pesar de que contenían irregularidades,
representarían aproximadamente 1 millón 484 mil votos.
El muestreo se efectuó en función de las actas que la propia ONPE ha puesto a
disposición del público en su sitio de Internet (www.onpe.gob.pe). Es decir, se tratan
de las denominadas «actas digitalizadas». Las actas electorales originales no se
encuentran disponibles.
Aunque una confrontación de las actas originales con las digitalizadas por ONPE podría
haber permitido mejores resultados, la proyección obtenida por La República demuestra
por primera vez qué tipos de fallas, errores, anomalías y deficiencias fueron pasados
por alto por las autoridades electorales.
ONPE ha justificado en varias ocasiones su decisión de convalidar las actas con
anomalías, amparándose en los vacíos de la Ley Electoral. Precisamente, la Misión de
la Organización de Estados Americanos (OEA) ha planteado al gobierno la formulación de
profundas reformas en la legislación electoral para garantizar la transparencia del
conteo de votos.
Este diario ha identificado en la muestra de 500 actas de la segunda vuelta, hasta siete
tipos de diversas y frecuentes deficiencias que a continuación se describen:
............1. No se consigna el número total de sufragantes. Esta es una de las
deficiencias más sistemáticas. En la primera vuelta, ONPE reconoció que la diferencia
de casi un millón de votos más que sufragantes se debió a errores de los propios
miembros de mesa. Para la segunda vuelta, ONPE decidió resaltar en el acta electoral la
obligación de registrar el total de ciudadanos que votaron. Sin embargo, este tipo de
error se repitió considerablemente. Si los ciudadanos designados como miembros de mesa
hubiesen recibido instrucción apropiada tal como lo exigió la misión de
observadores de la OEA, se habría evitado esta gravísima anomalía que resta
credibilidad al acta electoral. Según la muestra de La República, hasta 6 mil 400
actas electorales tendrían este tipo de irregularidad.
............2. Ausencia de la huella dactilar de los miembros de mesa. Se
detectaron numerosos casos de actas electorales donde aparecen las rúbricas de los
miembros de mesa, pero algunos de ellos no estamparon sus respectivas huellas digitales.
Alrededor de 2 mil 275 actas tendrían esta deficiencia.
............3. Ausencia de la firma de los miembros de mesa. También se encontró
actas donde algunos de los miembros de mesa no registraron sus rúbricas para validar el
acto electoral. Este tipo de anomalía habría afectado a 875 actas.
............4. Presencia de dos personeros. Aunque el 90 por ciento de las actas de
la muestra contenían la huella digital y la rúbrica del personero de Perú 2000,
curiosamente se halló un número importante de actas donde aparecían dos personeros.
Esto es irregular ya que Perú Posible retiró a su candidato de la segunda vuelta. Con
este tipo de anomalía habrían 248 actas.
............5. Número de sufragantes diferente al número de votos. Aunque en
menor escala, este tipo de irregularidad es gravísima porque altera la votación. ONPE,
sin embargo, como puede comprobarse en su sitio de Internet, convalidó este tipo de actas
que alcanzarían un total de 248.
............6. Sumas de votos equivocadas. Este tipo de anomalía, que alcanza a
otras 248 actas, se parece a la anterior. Los miembros de mesa erraron en las sumatorias
de votos en varias ocasiones.
............7. Ausencia de holograma. Como en la primera vuelta, a pesar de la
advertencia de la ONPE de que las actas no serían aceptadas si no contaban con el
holograma de seguridad, en la segunda vuelta el organismo otra vez las convalidó.
Habrían 175 actas con este tipo de problema.
El alto porcentaje de anomalías detectadas en las actas de la segunda vuelta es una
evidencia consistente de la existencia de irregularidades en el proceso del 28 de mayo.
La reiteración en la segunda vuelta de las mismas deficiencias detectadas en la primera
ronda del nueve de abril cuestionan no sólo la transparencia de los resultados sino la
organización misma del proceso: en lugar de subsanar los errores, anomalías o
irregularidades, ONPE sencillamente validó las actas defectuosas.
Atribuir a la falta de instrucción de los miembros de mesa todos los defectos encontrados
en las actas es un argumento poco sostenible.
La muestra de La República indica que el 40.3 por ciento del total de actas
electorales con presuntas irregularidades corresponden al ámbito de Lima, donde el nivel
de instrucción de los electores es más alto comparado con el resto del país.
Si bien la segunda vuelta fue cuestionada por la misión de la OEA, y no contó con la
participación de veedores nacionales como la Defensoría del Pueblo, la Asociación Civil
Transparencia y el Consejo por la Paz, La República creyó necesario indagar qué
ocurrió el 28 de mayo. La conclusión es que a pesar de haberse tratado de un proceso
más fácil en comparación con el primero del nueve de abril, volvieron a repetirse las
irregularidades que no son otra cosa que expresión de un sistema electoral deficiente e
ineficaz y que no merece credibilidad.

DOBLE ANOMALIA. Ni el presidente ni el secretario de
esta mesa electoral estamparon sus firmas, a pesar de que sí registraron sus huellas
digitales. Más aún, tampoco señalaron el número de ciudadanos que votaron.
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PERSONERO FANTASMA. A pesar de que la oposición no
participó en la segunda vuelta, en varias actas aparecen, aparte de los representantes de
Perú 2000, otros personeros de procedencia desconocida.
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Muestra consistente
La proyección realizada por La
República se basa en una muestra estadística obtenida luego de una selección de 500
actas de un número idéntico de mesas de sufragio, circunscritas al territorio peruano.
Es decir, no se consideraron las pocas mesas de votación instaladas en el extranjero.
Para la selección de la muestra se tomó en cuenta el «peso electoral» de cada distrito
y provincia, dentro de su respectiva circunscripción departamental, y a su vez la
representatividad que tienen en relación al ámbito nacional.
En tal sentido se recogieron no sólo las actas electorales que cada mesa de
sufragio emite al término de la elección de las capitales de provincias y
distrito, sino que también se consideraron otras localidades alejadas de las ciudades,
pero guardando proporción con la población electoral y su representatividad en el
departamento al que pertenecen.
Por lo tanto, la muestra estadística refleja fielmente, en forma proporcional, el
comportamiento de la población electoral en los comicios del pasado 28 de mayo.
Para completar el número de mesas de votación para esta muestra, se utilizó el padrón
electoral, que consigna el número total de mesas de votación y el de electores por cada
una de estas mesas.
Además se aplicaron fórmulas estadísticas, siempre con la ayuda de una computadora y el
asesoramiento de personas experimentadas en realizar proyecciones estadísticas.
La proyección de la muestra de 500 mesas representa el total de 87,277 mesas de votación
existentes a nivel nacional, es decir que La República seleccionó un acta de cada 175
mesas de votación.
En este aspecto debe anotarse que las empresas encuestadoras toman como sustento de su
muestra a 480 habitantes para representar a más de 8 millones de personas, cuando
realizan sondeos de opinión.
Según el coordinador general de observación electoral del Consejo por la Paz, Víctor
Tupa, el porcentaje de actas irregulares convalidadas por la ONPE y por el Jurado Nacional
de Elecciones no debieron formar parte del cómputo final del resultado de las últimas
elecciones presidenciales.
«El alto porcentaje de irregularidades aceptadas por los organismos electorales revelan
una falta de capacidad de sus funcionarios», señaló. |

SIN SEGURIDAD. Una anomalía frecuente es la ausencia
de los hologramas a pesar de que la ONPE obligó a su utilización. Pero, además, esta
acta tampoco registra el número de sufragantes.
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MALA SUMA. Aunque el total de ciudadanos que se consignó
en esta acta difiere del total de votos, ONPE validó los resultados. Este tipo de
irregularidades resta credibilidad a la segunda vuelta
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