"La República"

Edmundo Cruz
(Unidad de Investigación)
19 de octubre del 2000

Federico Salas y generales Carlos Bergamino y Walter Chacón están vinculados a Montesinos

Miembros de comisión desactivadora del SIN son juez y parte a la vez

 

Los integrantes de la Comisión de Desactivación del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el presidente del Consejo de Ministros Federico Salas y los titulares de Defensa y del Interior, Carlos Bergamino y Walter Chacón, respectivamente, se han convertido en juez y parte del proceso de desmantelamiento de este sistema controlado por Vladimiro Montesinos, a quien se les vincula estrechamente.
Preocupa además que, después de 35 días en que se anunciara la desactivación del SIN, la comisión avance sin contar con la participación del representante de la sociedad civil porque las diez propuestas que se presentaron en la mesa de diálogo de la OEA para este cargo, fueron vetadas por los representantes del gobierno.
Según la Ley del Sistema de Inteligencia Nacional, el presidente del Consejo de Ministros es el que refrenda la resolución de nombramiento del jefe del SIN, inclusive da curso a la correspondiente partida presupuestaria. Es más, el jefe del SIN depende formalmente de Salas por tener categoría de ministro de Estado.
En cuanto a los ministros Carlos Bergamino y Walter Chacón, miembros natos del Consejo de Defensa Nacional, sus vinculaciones con el ex asesor del SIN han sido también muy estrechas, lo que hace cuestionable y dudosa su actuación al frente de la comisión desactivadora.

Estuvieron con Montesinos
Precisamente, la última comparecencia pública de Vladimiro Montesinos fue al lado de estos ministros y del presidente Fujimori, el 21 de agosto, durante la conferencia de prensa sobre el tráfico de armas.
Estos dos últimos días, al entrar en acción la comisión desactivadora, lo primero que hizo el primer ministro Salas fue tratar de vender la idea de que las instalaciones del SIN han permanecido intocables, casi lacradas, desde que el sábado 16 de setiembre el presidente Alberto Fujimori anunció la desactivación del SIN.
Pretende hacer creer a la opinión pública que el asesor Vladimiro Montesinos Torres huyó del país sin quemar un solo papel revelador ni mover una sola pieza de la maquinaria de poder que montó en la sede de Las Palmas a lo largo de diez años.
El premier Federico Salas ha adelantado algo peor, su pretensión de reducir la labor desactivadora del SIN a la simple demostración de que en esos predios no hay sótanos ni cámaras de tortura, lo que sería pura imaginación de una oposición que ve fantasmas donde sólo había inocuas y frías oficinas burocráticas.
Es cierto, el Perú requiere de un sistema de inteligencia nacional que produzca inteligencia estratégica para el frente externo y el frente interno. En este segundo caso para concluir la lucha contra la subversión y el narcotráfico. Así lo establece la Constitución Política del Perú y este era el rol que debía cumplir el SIN, como ente rector del sistema.

SIN: La sombra del poder
Pero lo que quedó confirmado el 14 de setiembre último con la difusión del video Montesinos-Kouri fue que el asesor del SIN, Vladimiro Montesinos Torres, había convertido a este organismo en algo totalmente distinto.
Había transformado al SIN en una especie de estado mayor político que desde la sombra actuaba por encima de todos los poderes legales del Estado, con el aval del Presidente de la República.
Con sus prácticas operativas policíaco-militares, el SIN se convirtió en los hechos en una especie de policía política secreta del régimen con licencia para disponer sin ningún control de los recursos del Estado a favor de un proyecto autoritario de largo plazo.
De ahí que la desactivación del SIN no puede ser vista como una simple inspección ocular.
La maquinaria de poder político y policial que se montó a su sombra debe desaparecer totalmente. Y para eso no es suficiente que se muestren las oficinas vacías de Vladimiro Montesinos en Las Palmas.

Cortar sus tentáculos
Es indispensable, ante todo, que se identifiquen y se corten todos los nexos de orden político y policiaco que el SIN, bajo la gestión de Vladimiro Montesinos, montó en los diferentes poderes del Estado: Poder Judicial, Ministerio Público, poder electoral, entes tributarios y aduaneros, policía, institutos armados y ministerios.
El órgano rector del Sistema de Inteligencia Nacional con las funciones que le señalaba la Constitución debe reorganizarse con nuevo personal y con el nombre que se desee.
Pero, sobre todo, debe reconstituirse garantizando la vigencia de un sistema de control y supervisión social que descanse fundamentalmente en el Poder Legislativo, en un Congreso electo democráticamente.
Las partidas presupuestarias del SIN se cuadruplicaron tras el autogolpe del 5 de abril de 1992, sin contar las que se encubren en otras reparticiones públicas.
Aunque el control no sólo es necesario por motivos pecuniarios. Lo es, más que todo, por cuestión de cultura. Aquellas prácticas perversas y corruptas contrarias a la democracia, los derechos humanos y el interés nacional que se institucionalizaron bajo la férula de Vladimiro Montesinos deben erradicarse.
Los funcionarios de carrera que sean asimilados al nuevo sistema de inteligencia deben ser reeducados.
Hoy día es un secreto a voces en los predios de inteligencia que elementos como el mayor Santiago Martin Rivas, el jefe del «grupo Colina», ha seguido prestando servicios en la Dirección Nacional de Operaciones Sicosociales (Dinos), la misma que monitoreaba la prensa chicha y financiaba la guerra sucia de desprestigio de los candidatos de oposición y periodistas independientes.