"La República"

28 de agosto del 2000

Revista Cambio de Bogotá dice que gobernante peruano se aprovecha políticamente de conflicto interno colombiano

Fujimori ha magnificado una operación que Colombia conocía desde hace dos años

 

En el presente reportaje la revista Cambio de Bogotá, Colombia, hace un minucioso análisis de todos los complicados acontecimientos que precedieron a la denuncia formulada por el presidente Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos, en relación al desmantelamiento de una banda de traficantes de armas en favor de la guerrilla de las FARC. Revela que el contacto jordano ya era ampliamente conocido por el gobierno de Colombia y por Estados Unidos y que los altos mandos militares colombianos compartían estrechamente información con sus pares peruanos, específicamente en lo concerniente a las rutas seguidas por los traficantes de armas desde Amman a la frontera peruano-colom biana, vía iquitos o Lima. Fujimori juega a dos bandas", dic e Cambio para referirse al provecho político que pretende obtener para sí el mandatario peruano a expensas del conflicto interno del país vecino.

CAMBIO

Hasta el martes 22 de agosto Vladimiro Montesinos, asesor de inteligencia y hombre fuerte del régimen del presidente Alberto Fujimori, parecía acorralado y destinado a salir de la escena. A instancias de una gestión de mediación del secretario general de la OEA, César Gaviria Trujillo, el gobierno peruano, la oposición y representantes de la sociedad civil habían logrado un acuerdo para la democratización del país, y una de sus condiciones básicas era el retiro del controvertido asesor.

En forma simultánea, la prensa limeña, que ha aprendido a sacarle el quite a la censura, husmeaba el patrimonio del funcionario hasta que descubrió cuentas personales por más de dos millones de dólares y valiosos bienes inmobiliarios en cabeza suya, cuyo origen sería difícil determinar.

Pero ese martes se produjo un hecho que terminó siendo su salvavidas y lo atornilló en el cargo: el presidente Fujimori anunció la desarticulación de una red internacional de traficantes de armas que era proveedora de material de guerra para las Farc, y presentó a Montesinos -que no es bien visto en los círculos de Washington- como el gestor de las tareas de inteligencia que apoyaron la exitosa operación. Según Fujimori, la permanencia de Montesinos resulta imprescindible en momentos en que la guerrilla colombiana está aumentando su armamento y constituye una amenaza para la estabilidad de la región.

Sin embargo, detrás en este episodio hay mucha tela que cortar. Las cosas no son en blanco y negro, y no se pueden descartar otro tipo de intereses en el anuncio de Fujimori. La operación descrita por el Presidente peruano que en teoría resulta espectacular, no ofrece resultados tangibles. Hasta hoy nadie ha visto un solo fusil o un solo cartucho decomisados si es cierto que la red, descrita como la más grande del mundo, fue desarticulada. El Plan Siberia, como fue denominado, solo reporta por ahora la captura de personas en Lima, entre ellos José Luis Aybar Cancho, un teniente retirado del ejército, acusado de falsificar documentos oficiales para comprar armamento al Ministerio de Defensa de Jordania.

La versión oficial indica que el servicio de inteligencia peruano, de la mano de Montesinos, detectó tres embarques de fusiles AKM Kalashnikov procedentes de Jordania, realizados en marzo, abril y julio del año pasado. Las armas supuestamente eran lanzadas en paracaídas en la zona de influencia del frente 16 de las Farc por aviones de carga que hacían la ruta Guyana-Iquitos. Los contactos de la organización en Colombia se concentraban en la población de Barrancominas, donde el armamento era recibido por Alberto o Eriberto Rincón, más conocido como Mac Giver. En algunos casos las armas fueron cambiadas por cocaína.

Jordania, mencionada en el episodio como el origen del armamento, ha rechazado la versión de Fujimori y el jueves pasado un funcionario del gobierno jordano declaró que las armas fueron vendidas legalmente al Perú, en una negociación gobierno a gobierno. Según el gobierno jordano, el negocio se cerró en 1998 y es claro que el gobierno de Lima no fue capaz de controlar las prácticas ilegales de miembros de su propio aparato militar, lo que explica por qué el material bélico fue a parar a manos de las Farc. Sin embargo Perú dice que la responsabilidad es de aquel país y sindica al mariscal de campo Aabbdal Hafez Koabneh, al brigadier general Abdul Razak Abdullah y al general de brigada Abdullah Al Ayasarach.

Para algunos analistas, es claro que el Presidente peruano necesitaba una teoría para magnificar una operación que no parece nueva, pues del contacto jordano se habla desde hace dos años en los organismos de inteligencia colombianos. Fujimori lo que hizo fue jugar a dos bandas. No solo aprovechó la coyuntura para tratar de demostrar que el mayor aporte a la seguridad regional lo está haciendo su país, sino para quejarse de que, aun así, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Allbright, trate al Perú como a una isla y se haya negado a incluir a Lima en su plan de giras por el continente.

Su táctica ha tenido eco. El Departamento de Estado en Washington destacó la importancia del golpe asestado a los traficantes de armas por las autoridades peruanas como "un signo positivo de la acción regional para contrarrestar los efectos del conflicto colombiano". Sin embargo, Washington insiste en que democracia, droga y violencia son cosas separadas y que las preocupaciones del presidente Clinton sobre el estado de la democracia en Perú subsisten.

Hace cuatro meses, un informe del sistema de noticias estadounidense MSNBC reveló cómo la red jornada tenía entronques con la mafia rusa. El informe, realizado por Sue Lackley, reconstruyó la ruta seguida en la primera fase del contrabando por aviones de carga que despegaban de aeropuertos de Rusia y Ucrania y que, invariablemente, hacían escala en Jordania. "Los aviones -según el informe- hacían una parada en Amman, Jordania, para reabastecerse de combustible. Allí pasaban los controles normales de aduana con la complicidad de diplomáticos extranjeros y funcionarios jordanos corruptos. La coordinación de los aterrizajes en Suramérica y los envíos estaban a cargo de un ex oficial del Ejército peruano".