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En el presente reportaje la
revista Cambio de Bogotá, Colombia, hace un minucioso análisis de todos los complicados
acontecimientos que precedieron a la denuncia formulada por el presidente Alberto Fujimori
y su asesor Vladimiro Montesinos, en relación al desmantelamiento de una banda de
traficantes de armas en favor de la guerrilla de las FARC. Revela que el contacto jordano
ya era ampliamente conocido por el gobierno de Colombia y por Estados Unidos y que los
altos mandos militares colombianos compartían estrechamente información con sus pares
peruanos, específicamente en lo concerniente a las rutas seguidas por los traficantes de
armas desde Amman a la frontera peruano-colom biana, vía iquitos o Lima. Fujimori juega a
dos bandas", dic e Cambio para referirse al provecho político que pretende obtener
para sí el mandatario peruano a expensas del conflicto interno del país vecino.
CAMBIO
Hasta el martes 22 de agosto Vladimiro Montesinos, asesor de inteligencia y hombre fuerte
del régimen del presidente Alberto Fujimori, parecía acorralado y destinado a salir de
la escena. A instancias de una gestión de mediación del secretario general de la OEA,
César Gaviria Trujillo, el gobierno peruano, la oposición y representantes de la
sociedad civil habían logrado un acuerdo para la democratización del país, y una de sus
condiciones básicas era el retiro del controvertido asesor.
En forma simultánea, la prensa limeña, que ha aprendido a sacarle el quite a la censura,
husmeaba el patrimonio del funcionario hasta que descubrió cuentas personales por más de
dos millones de dólares y valiosos bienes inmobiliarios en cabeza suya, cuyo origen
sería difícil determinar.
Pero ese martes se produjo un hecho que terminó siendo su salvavidas y lo atornilló en
el cargo: el presidente Fujimori anunció la desarticulación de una red internacional de
traficantes de armas que era proveedora de material de guerra para las Farc, y presentó a
Montesinos -que no es bien visto en los círculos de Washington- como el gestor de las
tareas de inteligencia que apoyaron la exitosa operación. Según Fujimori, la permanencia
de Montesinos resulta imprescindible en momentos en que la guerrilla colombiana está
aumentando su armamento y constituye una amenaza para la estabilidad de la región.
Sin embargo, detrás en este episodio hay mucha tela que cortar. Las cosas no son en
blanco y negro, y no se pueden descartar otro tipo de intereses en el anuncio de Fujimori.
La operación descrita por el Presidente peruano que en teoría resulta espectacular, no
ofrece resultados tangibles. Hasta hoy nadie ha visto un solo fusil o un solo cartucho
decomisados si es cierto que la red, descrita como la más grande del mundo, fue
desarticulada. El Plan Siberia, como fue denominado, solo reporta por ahora la captura de
personas en Lima, entre ellos José Luis Aybar Cancho, un teniente retirado del ejército,
acusado de falsificar documentos oficiales para comprar armamento al Ministerio de Defensa
de Jordania.
La versión oficial indica que el servicio de inteligencia peruano, de la mano de
Montesinos, detectó tres embarques de fusiles AKM Kalashnikov procedentes de Jordania,
realizados en marzo, abril y julio del año pasado. Las armas supuestamente eran lanzadas
en paracaídas en la zona de influencia del frente 16 de las Farc por aviones de carga que
hacían la ruta Guyana-Iquitos. Los contactos de la organización en Colombia se
concentraban en la población de Barrancominas, donde el armamento era recibido por
Alberto o Eriberto Rincón, más conocido como Mac Giver. En algunos casos las armas
fueron cambiadas por cocaína.
Jordania, mencionada en el episodio como el origen del armamento, ha rechazado la versión
de Fujimori y el jueves pasado un funcionario del gobierno jordano declaró que las armas
fueron vendidas legalmente al Perú, en una negociación gobierno a gobierno. Según el
gobierno jordano, el negocio se cerró en 1998 y es claro que el gobierno de Lima no fue
capaz de controlar las prácticas ilegales de miembros de su propio aparato militar, lo
que explica por qué el material bélico fue a parar a manos de las Farc. Sin embargo
Perú dice que la responsabilidad es de aquel país y sindica al mariscal de campo Aabbdal
Hafez Koabneh, al brigadier general Abdul Razak Abdullah y al general de brigada Abdullah
Al Ayasarach.
Para algunos analistas, es claro que el Presidente peruano necesitaba una teoría para
magnificar una operación que no parece nueva, pues del contacto jordano se habla desde
hace dos años en los organismos de inteligencia colombianos. Fujimori lo que hizo fue
jugar a dos bandas. No solo aprovechó la coyuntura para tratar de demostrar que el mayor
aporte a la seguridad regional lo está haciendo su país, sino para quejarse de que, aun
así, la secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Allbright, trate al Perú como
a una isla y se haya negado a incluir a Lima en su plan de giras por el continente.
Su táctica ha tenido eco. El Departamento de Estado en Washington destacó la importancia
del golpe asestado a los traficantes de armas por las autoridades peruanas como "un
signo positivo de la acción regional para contrarrestar los efectos del conflicto
colombiano". Sin embargo, Washington insiste en que democracia, droga y violencia son
cosas separadas y que las preocupaciones del presidente Clinton sobre el estado de la
democracia en Perú subsisten.
Hace cuatro meses, un informe del sistema de noticias estadounidense MSNBC reveló cómo
la red jornada tenía entronques con la mafia rusa. El informe, realizado por Sue Lackley,
reconstruyó la ruta seguida en la primera fase del contrabando por aviones de carga que
despegaban de aeropuertos de Rusia y Ucrania y que, invariablemente, hacían escala en
Jordania. "Los aviones -según el informe- hacían una parada en Amman, Jordania,
para reabastecerse de combustible. Allí pasaban los controles normales de aduana con la
complicidad de diplomáticos extranjeros y funcionarios jordanos corruptos. La
coordinación de los aterrizajes en Suramérica y los envíos estaban a cargo de un ex
oficial del Ejército peruano".
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