Imediaperu.com
(agencia de prensa)

27 de julio del 2000, 23:43

AMPAY CORONEL

 

El coronel Mejía León fue descubierto por el lente de imediaperu.com mientras acordonaba Palacio de Gobierno al mando de 500 policías.

Tal como lo anunció ayer imediaperu.com el coronel PNP Juan Carlos Mejía León, jefe de Estado Mayor de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales DINOES, dirige personalmente al contingente de seguridad, compuesto por más de 500 efectivos policiales, que custodia Palacio de Gobierno desde que se inició la marcha de los Cuatro Suyos.

Los antecedentes de Mejía León lo vinculan con la desaparición del estudiante Ernesto Castillo Páez, en 1990, y con el atentado terrorista que sufrió el abogado Augusto Zúñiga Paz un año después. Posteriormente casi es dasaforado de su institución por su carácter agresivo e impredecible, sin embargo los buenos oficios del asesor más oscuro de la historia peruana lograron salvarle la cabeza. El coronel tiene, pues, una deuda con el régimen.

Y esa deuda la querrá pagar intentando que Fujimori jure este 28 sin mayores sobresaltos. Por eso, cuando el miércoles 26 se inició la Marcha de los Cuatro Suyos, y comenzaron a desplegarse extensas filas de personal de DINOES alrededor de Palacio de Gobierno, la figura robusta y severa del coronel PNP Juan Carlos "El Loco" Mejía, enfundado en un chaleco de combate y provisto de un casco antimotines, no pasó inadvertida para los periodistas de imediaperu.com.

Era evidente quien mandaba allí. "El Loco" estaba parado detrás de sus subordinados. Los policías llevaban una ingenua escarapela en el pecho y una cuarta más abajo un par de granadas lacrimógenas MG-GL-103 fabricadas por el Centro de Investigación Científico y Tecnológico de la Marina de Guerra del Perú CICITEC. Este modelo de granadas lacrimógenas cargadas de gas CS fue descrito por Imediaperu.com en un artículo del 20 de julio titulado TIEMPOS VIOLENTOS.

Por cierto, los efectivos de la DINOES lucían impecables, estrenaban cascos, escudos antimotines, máscaras antigas, varas y chalecos. No parecían estar asistiendo a la muerte de la democracia. Pero nunca hay que subestimar los insanos designios que les puede deparar a sus hombres un impredecible coronel conocido por sus peligrosos excesos.