| "Gestión" Felipe De Lucio Pezet |
¿QUIÉN INCENDIÓ EL BANCO DE LA NACIÓN? |
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| Unos dicen fueron las huestes de los organizadores de la Marcha de los Cuatro Suyos, con búfalos apristas y pérfidos comunistas por delante blandiendo pancartas incitando a la violencia; otros dicen que fue obra del propio gobierno o del SIN con el fin de endosarles esos hechos a Alejandro Toledo y sus seguidores, llegando a asegurar haber visto una explosión de adentro hacia fuera. Alguien incendió esos edificios públicos ¡qué duda cabe! Pero las decenas de vándalos que lo hicieron no tienen ninguna filiación con el por qué se consumaron los atentados puesto que ellos han sido nada más los ejecutores materiales. Los luctuosos sucesos de las Fiestas Patrias pasadas fueron el resultado de la movilización de una muchedumbre de cien mil personas o más que indignadas se congregaron para protestar contra los excesos y arbitrariedades del gobierno. En este sentido se puede aseverar que los incendios de los edificios públicos fueron producto del enardecimiento popular. La autoría material interesa sólo a la dependencia policial, la causa substancial es la que recoge la opinión pública y pasa a la historia. Para algunos pueda parecer que esta explicación es fruto de un sentimiento antigobiernista, pero no es así, lo que pasa es que hemos presenciado los sucesos desde muy cerca perdiendo la perspectiva histórica. Tomemos las recientes elecciones en Yugoslavia en donde incendiaron el Parlamento y otros edificios. A nadie en la prensa internacional se le ocurre decir que esos actos se debieron al accionar vandálico de un puñado de criminales, sino que son consecuencia de la reacción popular de los serbios ante el autoritario y cruel régimen de Slobodan Milosevic. Con esta misma perspectiva dicha prensa ha visto los sucesos peruanos como una manifestación de repudio al régimen Fujimori-Montesinos. Es así como se deben juzgar los hechos históricos, es así como la historia juzgó el incendio del Reichstag en 1933, y si bien parece que Dimitrov y Tanev fueron los que llevaban la tea en mano, el incendio fue producto de la recusación al naciente Nacional Socialismo. En igual línea de pensamiento podemos decir que fueron los conquistadores españoles quienes mataron a Atahualpa y no aisladamente el individuo que ajustó el garrote. Con esta elucidación debemos entrar a analizar qué fue lo que reunió a esa centena de miles de gentes en el centro de Lima porque allí encontraremos la autoría incendiaria. ¿Sería Alejandro Toledo que los convocó con su Marcha de los Cuatro Suyos? No lo creo, porque me es difícil imaginar que este candidato pueda congregar a tanta gente sin un caldo de fermento subyacente, es más, no creo que el hasta hace poco desconocido señor Toledo pueda reunir a nadie apoyándose solamente en su proclama electoral. Aquí lo que Toledo hizo fue capitalizar y orientar un sentimiento popular que se hubiera venido de todas maneras con o sin él, aunque en este hipotético caso es de imaginar que hubiera tenido otros resultados, tal vez más o tal vez menos violentos. Fujimori y su aparato electoral monitoreado por Vladimiro Montesinos bien sabían del riesgo de pretender una segunda reelección y actuaron en la falsificación de firmas y otras irregularidades en un vertiginoso afán por asegurar sus designios. Es hacia ellos, pues, adonde debemos de voltear la mirada en busca de responsables de los incendios. Corrobora mi interpretación el hecho de que nada similar se haya presentado en los años anteriores puesto que no había el fermento popular que hoy sí tenemos. Igual podemos interpretar las muy recientes paralizaciones del agro, el bloqueo de carreteras, las marchas del SUTEP, de Construcción Civil, y con el centro de Lima nuevamente lleno de gases lacrimógenos. Hacía años que nada de eso se veía y era una satisfacción para todos verificar que habíamos superado esa etapa de nuestra vida nacional. Hoy ha retornado la violencia a las calles, y con los mismos sindicatos y agrupaciones que siempre estuvieron allí. Entonces, ¿por qué han eclosionado ahora? Ha sido porque las condiciones ya están dadas, y el alejamiento de Montesinos no aparenta detenerlas sin el alejamiento también del señor Fujimori y de su cúpula de poder. Es así cómo debemos entender las causas de los incendios porque nos asiste a entender, el por qué hasta hoy persisten la violencia y la inestabilidad. Responsabilizar solamente a aquellos criminales que lanzaban bombas Molotov es desviar la atención de la esencia de los sucesos, y por consiguiente, distanciarnos de la solución a nuestra presente grave crisis.
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