Servicio Informativo "alai-amlatina"
24 de noviembre del 2000
Petición dirigida al Banco Mundial:
La tierra es mucho más que una mercancía
1. La brecha entre lo exigido y las políticas existentes
Quienes trabajan actualmente por la realización
de reformas agrarias se enfrentan a una situación paradójica:
Por una parte, en diferentes declaraciones y resoluciones internacionales
que van desde la Conferencia Mundial de Reforma Agraria y Desarrollo
Rural de 1979 hasta la Cumbre Mundial de la Alimentación
en 1996 la comunidad internacional ha expresado explícitamente
la voluntad de implementar programas de reforma agraria. Los planes
globales de acción en contra del hambre y la pobreza coinciden
todos en que la mayoría de las personas que padecen hambre
y son pobres viven en zonas rurales. Si se quiere dar a estas personas
una oportunidad para que resuelvan su penosa situación, entonces
hay que darles acceso suficiente a los recursos productivos como
la tierra, los bosques, el agua, las semillas, los créditos,
los mercados, la educación y la información. Partiendo
pues de este presupuesto, los países del Sur y del Norte
convinieron en el Plan de Acción de la Cumbre Mundial de
la Alimentación en que iban a considerar y a implementar
programas de reforma agraria como un elemento esencial de las estrategias
para combatir la pobreza.
Por otra parte, sin embargo, la realidad política
no podría ser más contraria a estas exigencias. En
la mayoría de los países del Sur los procesos de reforma
agraria se han estancado. Los programas de ajuste estructural y
las políticas agrarias neoliberales han llevado a que de
manera creciente las reformas agrarias sean remplazadas por la implantación
o la profundización de los mercados de tierras. Además,
la privatización de las formas de tenencia de la tierra colectiva
(por ejemplo, México) y comunal (por ejemplo, Perú,
Bolivia, y muchos países africanos) y la liberalización
del régimen de comercio - que ha puesto a los pequeños
agricultores a competir con productos del norte altamente subsidiados
que colocan las transnacionales en los mercados de los países
del sur por debajo de los costos de producción causando dumping
económico y social - están destruyendo de manera alarmante
el acceso existente de pequeños agricultores y grupos marginalizados
a los recursos productivos.
El paradigma de reforma agraria según el
cual la tierra es para quien la trabaja, está siendo remplazado
por uno nuevo: La tierra es para quien pueda comprarla. Lo mismo
puede afirmarse con respecto al acceso a otros recursos como el
agua, las semillas, los créditos, la asistencia técnica
y la educación. La función social de la propiedad
se ignora cada vez más. Estas políticas, en lugar
de redistribuir los recursos, los han reconcentrado aún más.
2. Reformas agrarias - una obligación de
derechos humanos
El movimiento internacional campesino, La Vía
Campesina, y la organización internacional de derechos humanos,
FIAN, iniciaron en 1999 una Campaña Global de Reforma Agraria
con el fin de exigir el cumplimiento de la obligación de
derechos humanos de realizar reformas agrarias. El derecho humano
a la alimentación, reconocido en el artículo 11 del
Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales
y Culturales, significa para las comunidades campesinas que tienen
derecho a acceder a los recursos de producción alimentaria,
en particular a la tierra. Cada uno de los Estados y la comunidad
de los Estados que forman parte del Pacto, están obligados
entonces a respetar, proteger y garantizar su acceso a los recursos
productivos. En el artículo 11.2 del mismo Pacto se menciona
explícitamente la reforma de los sistemas agrarios como una
de las medidas fundamentales para la realización del derecho
a alimentarse.
En la declaración final del primer "Encuentro
Internacional de los Sin Tierra" realizado en el marco de la
Campaña Global por la Reforma Agraria a finales de julio
de 2000 en Honduras, delegados de 24 países de Africa, América
Latina, Asia y Europa dejaron el siguiente testimonio: "Rechazamos
la ideología que considera la tierra únicamente como
una mercancía. Observamos con preocupación que las
políticas agrarias dominantes e implementadas en el marco
del neoliberalismo, pretenden cada vez más sustituir la Reforma
Agraria por el mecanismo del mercado de tierras. [...] Queremos
manifestar que los gobiernos, cuando no asumen su compromiso con
la Reforma Agraria y sólo dejan al mercado como regulador,
violan los Derechos Humanos de las familias campesinas que necesitan
acceder a la tierra para poder realizar su Derecho a Alimentarse
como también sus demás Derechos Humanos Económicos,
Sociales y Culturales, reconocidos por el derecho internacional".
3. "La reforma agraria asistida por el mercado"
Teniendo en cuenta que según la Directiva
Operacional de Reducción de la Pobreza el objetivo rector
del Banco Mundial es la reducción sostenible de la pobreza
(OD 4.15, 6), queremos expresar nuestra profunda preocupación
por las políticas que el Banco está implementando
para reformar la estructura de la tenencia de la tierra. Desde mediados
de los años noventa, el Banco ha venido impulsando su nuevo
modelo de "reforma agraria asistida por el mercado" en
diferentes partes del mundo como una respuesta a la falta de recursos
productivos de los pobres.
La reforma agraria de mercado deberá lograr
una redistribución de los recursos que aumente la eficiencia
y la equidad en los países en desarrollo. Este enfoque, considerado
más prometedor que el enfoque basado en la expropiación
y en las agencias de reforma agraria estatales, se diferencia de
la reforma agraria dirigida por el Estado principalmente en el mecanismo
institucional utilizado para la transferencia de la tierra. En una
reforma agraria de mercado los beneficiarios reciben una combinación
de subsidios y préstamos del sector público y privado
con la cual ellos negocian la compra de tierras con terratenientes
que voluntariamente están dispuestos a vender.
La aplicación de este modelo es motivo de
seria preocupación y es inaceptable para La Vía Campesina
y FIAN, pues no asegura la realización de una reforma agraria
amplia e integral que garantice el derecho de los campesinos y las
campesinas pobres a tener acceso a la tierra y demás recursos
productivos para poder alimentarse con dignidad. Las políticas
de reforma agraria de mercado no son capaces de resolver el problema
de la injusta distribución de la tierra ya que es imposible
redistribuir recursos en contextos oligopolistas mediante el mecanismo
de mercado. Con la implementación de este modelo el Banco
también está fallando en el cumplimiento de su propia
Directiva Operacional de Reducción de la Pobreza. No hay
ninguna evidencia empírica de que reformas agrarias de mercado
hayan alterado fundamentalmente la estructura de la tenencia de
la tierra.
En primer lugar, los programas para ayudar a campesinos
pobres a adquirir tierra están diseñados sobre todo
para aquellos campesinos que ya cuentan con cierta experiencia productiva
y dan muestras de estar en condiciones de realizar un proyecto económicamente
viable. Familias menos cualificadas, a pesar de estar mucho más
necesitadas, son excluidas de estos programas.
En segundo lugar, los beneficiarios típicos
no son capaces de generar los ingresos suficientes para pagar los
créditos de compra de la tierra si no recibe apoyo adecuado
para producir. Tal como se demostró en el pasado con la aplicación
de este modelo en El Salvador, los créditos tienen que ser
condonados si no se quiere expulsar a los beneficiarios de sus tierras.
Además de lo anterior, el precio de la tierra
ha aumentado en algunos casos a causa de la oferta de créditos
estatales. Esta situación se vuelve más aguda en países
donde hay escasez de tierras como es el caso de las Filipinas. La
supuesta reducción de costos se torna en una mera ilusión
pues si aumenta el precio de la tierra, ni el Estado y ni los beneficiarios
pueden pagar el proceso de reforma agraria. En casos como en Suráfrica
se presenta el problema, adicionalmente a los otros mencionados,
de que el modelo de compra y venta voluntaria no está proporcionando
suficiente oferta de tierras.
De acuerdo al paragrafo 39 de la Directiva Operacional
de Reducción de la Pobreza, la efectiva implementación
y operación de la mayoría de proyectos de reducción
de la pobreza requiere involucrar activamente a los beneficiarios.
La participación activa de los beneficiarios debe incluirse
en etapas tempranas del ciclo del proyecto. Sin embargo, en el caso
de los programas de reforma agraria de mercado el Banco no está
respetando sus propias directivas: Tal como lo ilustra la experiencia
brasileña, el Banco ignoró a las organizaciones representantes
de los sin tierra y de los pequeños agricultores a nivel
nacional y no manejó las negociaciones del proyecto así
como su implementación de una manera transparente y participativa.
Las reformas agrarias de mercado están substituyendo
a los programas existentes de reforma agraria basados principalmente
en la expropiación. Sin embargo, como la evidencia empírica
demuestra, en contextos oligopolistas no se puede lograr una redistribución
más equitativa de los recursos sin la intervención
del Estado. En Guatemala, Colombia, Brasil y las Filipinas, por
ejemplo, los institutos de reforma agraria están desapareciendo
debido a la falta de recursos mientras que los Fondos o Bancos de
Tierras reciben cada vez más presupuesto. Al mismo tiempo,
el modelo de mercado le ofrece a los terratenientes la posibilidad
de vender tierras que, o bien serían susceptibles de expropiación,
o bien son de mala calidad. En casos como en Suráfrica, el
programa de redistribución de tierras se ha convertido parcialmente
en un programa que le sirve a terratenientes blancos altamente endeudados
para vender tierras de mala calidad. Estos efectos demuestran que
las políticas de reforma agraria de mercado fallan en cumplir
con las obligaciones legales de los Estados de reformar los sistemas
agrarios de manera que garanticen el derecho a una alimentación
adecuada.
4. Exigencias
Teniendo en cuenta que la mayoría de los
Estados miembros del Banco Mundial son signatarios del Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y que, por
lo tanto, el Banco está obligado a respetar, proteger y garantizar
los derechos allí reconocidos, quisiéramos solicitarle
al Banco que:
- Suspenda la aprobación y el apoyo a los
programas de reforma agraria de mercado.
- Revise el modelo de reforma agraria de mercado
iniciando un proceso de evaluación participativo que involucre
en los diferentes países donde se ha puesto en práctica
el modelo a las principales organizaciones de campesinos sin tierra,
a los gobiernos y a expertos independientes. Cualquier evaluación
deberá prestar especial atención a las siguientes
cuestiones: si los programas de reforma agraria de mercado están
complementando o reemplazando procesos existentes de reforma agraria;
si ellos están mejorando el acceso sostenible de los campesinos
pobres a los recursos productivos; y si ellos están mejorando
el acceso equitativo de hombres y mujeres a la tierra y demás
recursos productivos.
- Asegure que las políticas de reforma de
la tenencia de la tierra del Banco garanticen el derecho a la alimentación
adecuada y la reforma de los sistemas agrarios para tal fin, en
lugar de contribuir a violar los derechos humanos al socavar las
obligaciones legales de los Estados.
- Evalúe y revise los programas de ajuste
estructural del sector agrario en cuanto a sus implicaciones para
los procesos de reforma agraria en los diferentes países.
- Incluya una política de reforma agraria
en todas las estrategias de reducción de la pobreza en los
diferentes países en la cual se garantice el acceso, propiedad
y control de la tierra y demás recursos productivos por los
propios campesinos y campesinas.
- Ponga en práctica el Plan de Acción
de la Cumbre Mundial de la Alimentación en lo relativo a
la Reforma Agraria y al derecho a una alimentación adecuada.
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