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No contento con haberse
tenido que tragar la arrogancia de otros tiempos, Alberto Fujimori
responde a la acusación del Congreso peruano con un tono burlón. Sigue
escupiendo al cielo, y su desafío a que le encuentren cuentas ilícitas
es permanente. A pesar del encubrimiento por parte del gobierno japonés,
la opinión pública nipona empieza a levantar la ceja.
Pero como la entraña asesina es más difícil de ocultar que una cuenta
corriente en el Asia, la demora en la investigación bancaria deja
tiempo de más para avanzar en otro tipo de pesquisa, en un terreno
incluso mucho más grave que el robo al contribuyente. En el caso de los
asesinatos múltiples hay cerros de indicios, testigos y documentos.
Ese deslizamiento de lo económico a lo sanguinario es lo que más teme
el socio de Fujimori Vladimiro Montesinos. No tiene mayor problema con
ser acusado de trafero o ratero, pero enmudece apenas se trata de
derechos humanos y narcotráfico. No por alguna preferencia moral, sino
por la diferencia en las penas establecidas.
De modo que más adelante Fujimori puede terminar lamentando que no se
le hubiera descubierto a tiempo algunas cuentas bancarias. El delito
económico siempre es menos repugnante que el delito de lesa humanidad,
y esto se ha notado de inmediato en la prensa japonesa frente a casos
como La Cantuta y Barrios Altos.
Es que en el mundo del delito económico local el acusado siempre se
puede ganar alguito. Por ejemplo cuando Manuel Ulloa, defensor oficioso
de Fujimori y Montesinos, desde su diario busca influir en el tipo de
acusación (malversación vs. peculado, por ejemplo) para acortar las
penas todo lo que se pueda. Pero en el mundo del asesinato la cosa es
diferente.
Fujimori fue acusado de ser el autor intelectual de los crímenes de La
Cantuta y Barrios Altos, y varios más, años antes de ser derrocado.
Militares valientes como el general Rodolfo Robles vincularon a Fujimori
al grupo de sicarios Colina cuando presidente y asesor ocupaban juntos
la cúspide de su poder compartido con Nicolás Hermoza.
La alterada verborrea de la congresista Martha Chávez da buena cuenta
de que también ella sabe que mandar matar jóvenes y niños indefensos
es muy diferente de mandar depositar dólares. Esperemos que ahora esté
lamentando haber sido despectiva hasta la estupidez frente a los cadáveres
de las víctimas del fujimorismo.
Los seguidores de Fujimori y Montesinos tienen todo el derecho a ensayar
una defensa política. Pero ya se ve que no les está funcionando.
Terminan poniendo en aun mayor evidencia que son una banda de
miserables. Que sus guardaespaldas que hoy los traicionan acosados por
su conciencia y su temor tienen más corazón y más óallá va la
palabra para Ulloaó civismo
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