ASOCIACIÓN PRO

DERECHOS HUMANOS

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La República

Mirko Lauer
(29 de agosto del 2001)

Una cuenta pendiente en el banco de sangre

 

No contento con haberse tenido que tragar la arrogancia de otros tiempos, Alberto Fujimori responde a la acusación del Congreso peruano con un tono burlón. Sigue escupiendo al cielo, y su desafío a que le encuentren cuentas ilícitas es permanente. A pesar del encubrimiento por parte del gobierno japonés, la opinión pública nipona empieza a levantar la ceja.

Pero como la entraña asesina es más difícil de ocultar que una cuenta corriente en el Asia, la demora en la investigación bancaria deja tiempo de más para avanzar en otro tipo de pesquisa, en un terreno incluso mucho más grave que el robo al contribuyente. En el caso de los asesinatos múltiples hay cerros de indicios, testigos y documentos.

Ese deslizamiento de lo económico a lo sanguinario es lo que más teme el socio de Fujimori Vladimiro Montesinos. No tiene mayor problema con ser acusado de trafero o ratero, pero enmudece apenas se trata de derechos humanos y narcotráfico. No por alguna preferencia moral, sino por la diferencia en las penas establecidas.

De modo que más adelante Fujimori puede terminar lamentando que no se le hubiera descubierto a tiempo algunas cuentas bancarias. El delito económico siempre es menos repugnante que el delito de lesa humanidad, y esto se ha notado de inmediato en la prensa japonesa frente a casos como La Cantuta y Barrios Altos.

Es que en el mundo del delito económico local el acusado siempre se puede ganar alguito. Por ejemplo cuando Manuel Ulloa, defensor oficioso de Fujimori y Montesinos, desde su diario busca influir en el tipo de acusación (malversación vs. peculado, por ejemplo) para acortar las penas todo lo que se pueda. Pero en el mundo del asesinato la cosa es diferente.

Fujimori fue acusado de ser el autor intelectual de los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, y varios más, años antes de ser derrocado. Militares valientes como el general Rodolfo Robles vincularon a Fujimori al grupo de sicarios Colina cuando presidente y asesor ocupaban juntos la cúspide de su poder compartido con Nicolás Hermoza.

La alterada verborrea de la congresista Martha Chávez da buena cuenta de que también ella sabe que mandar matar jóvenes y niños indefensos es muy diferente de mandar depositar dólares. Esperemos que ahora esté lamentando haber sido despectiva hasta la estupidez frente a los cadáveres de las víctimas del fujimorismo.

Los seguidores de Fujimori y Montesinos tienen todo el derecho a ensayar una defensa política. Pero ya se ve que no les está funcionando. Terminan poniendo en aun mayor evidencia que son una banda de miserables. Que sus guardaespaldas que hoy los traicionan acosados por su conciencia y su temor tienen más corazón y más óallá va la palabra para Ulloaó civismo

 

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