Mario Ríos: «La pandemia profundizó la violación estructural del derecho humano a la salud»

El 16 de Marzo del 2020, el Perú entraba en estado de emergencia sanitaria, para hacer frente al Covid-19. Mario Ríos, abogado experto en Salud pública, explica como el derecho humano a la salud ha sido violado por falta de respuesta del Estado para salir de esta pandemia.

¿Cómo afectó la pandemia del Covid-19 a la salud pública en el Perú?

La pandemia ha tenido graves repercusiones en las condiciones de salud y de vida de la población peruana. Según la estadísticas oficiales, ahora, en Marzo, tenemos una cifra de casos extremadamente alta, más de 120.000 fallecidos*, según el sistema nacional de defunciones y esto hace una letalidad muy alta, nunca vista en la historia del país. En la guerra más importante que hemos tenido, que es la guerra con Chile, no hubieron tantos muertos, en los casos del terrorismo que tuvimos entre los años 80 y 2000, no hubieron tantos muertos. Y muchas de estas muertes, evitables, son muertes que tienen su explicación, principalmente, en la falta de atención del sistema de salud y por una mala respuesta por parte del Estado, frente a las condiciones de la pandemia.

* Según el informe preliminar de la Comisión investigadora multipartidaria en el Congreso de la República, para establecer el número real de defunciones a causa de la COVID-19

¿A qué se debe esta mala respuesta?

La pandemia, en todos los países del mundo, ha erosionado todos los sistemas de salud. En el Perú, la variante es que no teníamos, casi, sistema de salud. Tenemos un sistema de salud totalmente frágil, fragmentado, desfinanciado, con altos retrasos y brechas en infraestructura hospitalaria por respecto a las necesidades de las personas. Nuestro sistema de salud, realmente, ya estaba en una situación de crisis pre pandémica. La pandemia, lo que hace, es agudizar esta crisis, evidenciarlo. Entonces, ya el Estado violaba el derecho a la salud antes de la pandemia. Ahora, afecta a miles de peruanos y hoy, muchos de estos 120.000 muertos, el 60,70%, no se murieron por el covid, se murieron por falta de atención. No les dimos la oportunidad de ser atendidos y se murieron porque no accedieron a los servicios. Todavía estamos con muchas dificultades para poder organizar una respuesta que permita salir de esta pandemia.

¿Qué lecciones podemos aprender de este año pasado de pandemia?

Primero, tenemos que tener una industria sanitaria nacional. No podemos seguir dependiendo de los recursos externos para atender a nuestras necesidades, como ha pasado al principio de la pandemia. Acá no hemos tenido siquiera mascarillas, pruebas moleculares. Esto debido a que no teníamos ninguna industria, todo venía desde afuera. Hemos tenido personal de salud, trabajando en plena pandemia, sin equipo de protección personal. Eso es la causa de tantas muertes de enfermeras, de personal administrativo asistencial de salud y de médicos. Segundo, no se puede solo decir “Quédense en su casa” y la gente por quedarse en su casa se contagia porque vive en casas pequeñas con muchas personas. Allí tenemos que apelar a la capacidad de organización de la sociedad ¿Cómo generamos condiciones para que el aislamiento de las personas pueda tener un efecto importante ? Se trata de construir un sistema de aislamiento desde las comunidades, desde los locales comunales. Por ejemplo, los colegios que no están funcionando se pueden usar para poner estrategias de aislamiento. Hay que comprometer a las autoridades locales y articular la acción del estado y el ámbito local.

¿Qué consecuencias tiene la inestabilidad política en el proceso de vacunación en el Perú?

Hemos tenido decisiones equivocadas con respecto a la compra de las vacunas, de no comprar la vacuna por todos los problemas que hemos tenido y por también estar inmersos en un sistema de corrupción. Estamos perjudicando acá la respuesta colectiva. El otro tema es el uso interesado políticamente de la información. Algunos empezaron a tener una especie de políticas anti vacunas, que buscan boicotear el proceso de vacunación. Empezaron a decir públicamente que estaban dando agua destilada y no vacunas efectivas a las personas. Es la práctica de grupos políticamente interesados en sembrar caos y ganar en instalar una conciencia autoritaria en la sociedad, construyendo una sociedad del miedo, sin interesarles la gobernabilidad. Esto lleva a poner en riesgo la estrategia más exitosa en la lucha contra la pandemia, la vacunaciòn. La desconfianza que eso genera hace que la gente tenga muchos temores y estamos afectando en este caso al derecho a la prevención frente al COVID.