Hace veinticinco años, un grupo de mujeres y madres ayacuchanas que buscaban con angustia a sus familiares, hijos, esposos o hermanos, desaparecidos en los primeros años del conflicto armado, fundó lo que se convertiría, años después, en una de las organizaciones de afectados más representativas en la lucha contra la impunidad y el olvido: la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Secuestrados del Perú (ANFASEP).
A lo largo de este tiempo, ANFASEP ha demostrado su compromiso con la defensa de la verdad y la justicia, una profunda convicción por los valores democráticos y una incansable defensa de los derechos humanos, aún a pesar las situaciones adversas que les tocó vivir y en medio de los riesgos que ello representaba durante la etapa de violencia, crisis económica, autoritarismo y corrupción que afrontó nuestro país.
Debemos destacar la tenaz persistencia de sus integrantes, quienes a pesar de constituir el sector más vulnerable –mujeres, campesinas, quechuahablantes– a atentados contra los derechos fundamentales, supieron sobreponerse al dolor ante la pérdida de un ser querido y demostraron, con firmeza y decisión, su postura a favor de la paz a lo largo de las dos décadas del conflicto armado interno. Tal esfuerzo ha obtenido el reconocimiento nacional e internacional a través de organismos como la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos en el Perú y el gobierno de Canadá.
En esta etapa, creemos que la perseverancia y coraje de su fundadora, Angélica Mendoza Ascarza, “mamá Angélica”, así como la su actual Presidenta Lidia Flores, sumado al compromiso de cada integrante de ANFASEP, perdura y se renueva con la labor que viene desarrollando los jóvenes de dicha organización desde el año 2002, y que los valores expresados a través del trabajo cotidiano coinciden con los de quienes aspiramos a construir un gran movimiento que permita afirmar la paz y la democracia en el marco del respeto absoluto a la persona humana.
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