Cuartel Cabitos: Lugar de horror y muerte

El con icto armado interno que padeció el Perú, entre los años 1980 y el 2000, no sólo fue el de mayor duración, magnitud, extensión, intensidad, sino también el que ocasionó el mayor número de víc mas y cuan osos costos económicos. Encierra un gran número de acontecimientos, de hechos que realmente ocurrieron, de historias narradas por quienes las vivieron, historias de espanto, de hechos tan crueles y sangrientos que por momentos resulta di cil creer que hayan sido come dos por seres humanos.

Lamentablemente muchos de nuestros compatriotas no quieren conocer, ver, entender, ni descubrir la extrema violencia, la crueldad y el dolor que padecieron y con núan sufriendo decenas de miles de nuestros hermanos. Resulta penoso admi rlo, pero en nuestro país un sector de la población se muestra distante, indiferente, no le interesa conocer la verdad.

Por ejemplo, en el Perú existen más de 15 mil desaparecidos como consecuencia de la violencia interna. Frente al padecimiento de sus familiares el aparato estatal, salvo algunas honrosas excepciones, los polí cos y el sistema judicial no han cumplido a cabalidad con sus obligaciones y responsabilidades más allá de ocasionales discursos en fechas conmemora vas, palabras que apenas pronunciadas quedan en el olvido.

Esta dolorosa situación de indiferencia absoluta, de olvido intencional, de impunidad, ha generado en nuestro país una herida que, a pesar de los años transcurridos, permanece abierta, sangrante. Esta situación de injus cia impide la reconciliación y cons tuye uno de los principales problemas que padece nuestro país.

Siempre me pregunto por qué la desidia, el desinterés, la indiferencia, por qué las víc mas y sus familiares resultan personas tan lejanas y diferentes a “nosotros”. Desde las profundidades de nuestra sociedad suplican por jus cia y verdad y nosotros casi siempre nos negamos a escucharlos. No les brindamos ninguna atención, a tal punto que en varios casos en nuestro país los vic marios, los criminales reciben mejor trato y consideración que las víc mas y sus familiares.

Nunca nos detenemos a pensar en que, si en lugar de “ellos” nosotros fuéramos las víc mas, qué po de trato nos gustaría recibir por parte del aparato estatal. Estoy seguro que exigiríamos el estricto cumplimiento del debido proceso y de los derechos fundamentales de la persona, demandaríamos un trato justo y solidario.

Ante hechos que conocen a cabalidad y comentan a media voz teniendo a la vista las estadís cas de los despachos scales y judiciales, la gran prensa, los polí cos, la policía, los scales y los jueces no realizan el mayor esfuerzo para rever r esta situación. El Estado y sus ins tuciones encargadas de defender y proteger a la persona humana no cumplen en rigor con el mandato cons tucional y legal.

La impunidad por las graves violaciones a los derechos humanos, los delitos contra la humanidad, las matanzas, las torturas, la violencia sexual contra las mujeres, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales, los incontables latrocinios y un largo etc., cons tuye, qué duda cabe, una inmensa deuda que el Estado Peruano y nosotros tenemos con las víc mas y sus familiares, algo que no queremos afrontar ni solucionar.

De uno de esos hechos históricos trata la presente publicación, de lo que ocurrió en el Cuartel BIM 51 Los Cabitos, ubicado en Huamanga (Ayacucho), lugar a donde numerosas personas fueron arbitrariamente trasladadas y de donde nunca más volvieron a aparecer. En los años del con icto interno, en varias oportunidades, por mi entonces condición de scal, visité Ayacucho y percibí ní damente el terror que provocaba en la población ayacuchana el cuartel Los Cabitos, terror que a pesar de los años transcurridos aún persiste en los familiares de las víc mas y de los agraviados que lograron sobrevivir.

En el proceso judicial aún en trámite se han llevado a cabo diversas diligencias como inspección ocular, reconocimiento, etc., en las que han par cipado algunas víc mas de la estrategia an subversiva aplicada entonces. Es inocultable el terror que aún sienten al volver a ingresar a ese establecimiento militar.

La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) ha iden cado un patrón de conducta aplicada por el personal militar dentro de la estrategia an subversiva puesta en marcha en aquellos empos di ciles. Ese patrón incluía las siguientes fases: detención arbitraria, conducción a una instalación militar, tortura, en algunos casos liberación selec va, ejecución extrajudicial y desaparición. El caso Cabitos corrobora dicho patrón de actuación, que se aplicaba no sólo a Ayacucho, sino que se repe a en las dis ntas zonas de emergencia. He ahí su importancia, y esta publicación da cuenta de ello.

Después del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, la presente publicación cons tuye, qué duda cabe, el esfuerzo más serio para acercarnos a la verdad de lo que aconteció en el cuartel Los Cabitos. Este trabajo integral y mul disciplinario es un aporte invalorable en la lucha permanente e indesmayable que realizan ins tuciones como la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) frente al olvido, la men ra y la impunidad.

Asimismo, rescata del olvido un importante y doloroso hecho histórico, lo cual resulta importante conocer a cabalidad para que nunca más se repita.

Avelino Guillén Jáuregui, Ex Fiscal Supremo