REFLEXIONES PERUANAS 4: ACTO CONTRA
EL RACISMO EN CENTRO COMERCIAL LIMEÑO
Wilfredo Ardito Vega
Larcomar podría ser uno de los lugares más
hermosos de Lima. Sin embargo, la mala administración
de este complejo comercial ha llevado a que poco a poco se
vea asociado a vergonzosas prácticas de selección
racial de clientes. La gran mayoría de locales de Larcomar
“solamente” mantienen prácticas de selección
racial de sus empleados que atienden al público, asumiendo
que las personas de raza blanca tienen una imagen de mayor
eficacia. Sin embargo, a algunos locales, simplemente es imposible
ingresar si se trata de una persona de rasgos andinos o negros.
Inclusive los locales de franquicias internacionales como
Señor Frog’s y Charlies and Charlies, tuvieron
en Larcomar un perfil racista, que no existe en sus establecimientos
de otros países. Ambas franquicias se han retirado
ya de Larcomar, pero las prácticas racistas continúan
en otros locales.
Por ello, la noche del cinco de noviembre, se produjo en
Larcomar un acto simbólico de rechazo al racismo. En
Lima, es bastante inusual que se plantee una protesta frente
a la práctica de una empresa privada. Normalmente,
son consideradas entidades muy poderosas y sin mayor responsabilidad
social. Inclusive ante situaciones graves, como la venta de
productos dañinos a la salud, las personas reaccionan
con pasividad. De otro lado, todavía es difícil
para algunos peruanos admitir que el racismo es un problema
cotidiano, que genera patrones de comportamiento dañinos
para la sociedad.
Al enterarse que se realizaría el acto simbólico,
los propietarios de las discotecas racistas redoblaron sus
medidas de seguridad. Sin embargo, los corpulentos vigilantes
no pudieron hacer mucho, cuando unas treinta personas, a la
medianoche, aparecieron con unas camisetas con el lema “Basta
de Racismo”. Eran jóvenes y adultos; blancos,
mestizos, morenos y andinos. Estaban además rodeados
por un número similar de personas, vestidos de diversa
manera, desde traje formal hasta atuendo deportivo, pero todos
con el mismo objetivo, demostrar su rechazo a la segregación
racial. Todas estas diferencias habían hecho imposible
que hubieran sido detectados por los vigilantes.
El grupo antirracista se dirigió en primer lugar a
la discoteca Aura, de la cual, según un matutino peruano,
uno de sus mayores accionistas es el futbolista Claudio Pizarro.
De confirmarse este dato, sería bastante lamentable
que un futbolista que todos los peruanos admiran, fuera copropietario
de un local donde la mayoría de sus admiradores no
podrían ingresar. El local, como los demás establecimientos
racistas de Larcomar, se distingue porque existen varias barreras
de metal ante la puerta, como si fuera una cárcel.
Los antirracistas señalaron que sólo querían
entregar una carta al administrador, quien tardó bastante
en llegar y se mostraba nervioso.
Luego, el grupo se dirigió a la discoteca Gótica,
que ha cumplido dos años de apertura y de segregación
racial. Uno de los propietarios de este local es Raúl
Diez Canseco Hartinger, el hijo del exvicepresidente del mismo
nombre. La trayectoria de este empresario ha sido bastante
ajetreada: se dice que tuvo varios problemas con su local
Mai Tai, en las playas del sur, donde falleció un chico
piurano en extrañas circunstancias. Además,
este local funcionaba sin licencia. También en San
Miguel, por carecer de licencia, se le clausuró el
local de Señor Frog’s, cuya concesión
estaba a su cargo. Hace unos meses también se produjo
en Gótica la extraña muerte de un cliente. Los
vigilantes dicen que se cayó, estando ebrio. Los familiares
afirman que lo empujaron. Los antecedentes entonces, no generan
mucho entusiasmo por conocer la discoteca, salvo la compulsión
de algunos peruanos por alejarse de sus compatriotas.
Los antirracistas atravesaron luego Larcomar para dirigirse
a un piso superior. Caminaban de manera relajada, sin repartir
volantes, gritar consignas o hacer muecas. Al parecer, su
actitud pacífica desconcertaba al personal de seguridad,
que no veía razones objetivas para agredirlos. Llegaron
al local de Mama Batata, una especie de pub, con varios “seleccionadores
raciales” en la puerta y paredes de vidrio, a través
de los cuales, se veía a la clientela: peruanos blancos
que buscan separarse de sus compatriotas más obscuros.
El dueño de Mama Batata es Percy McKay Diez Canseco,
primo del propietario de Gótica. Los antirracistas
se ubicaron de pie, ante la puerta, mostrando el lema de las
camisetas por unos diez minutos. La prensa tomaba fotografías
de una escena que recordaba a Sudáfrica del tiempo
del apartheid: sólo un vidrio separaba a dos grupos
de peruanos con actitudes muy diferentes hacia su país.
Los clientes de los locales racistas estaban desconcertados
y, naturalmente, soltaban frases racistas, señalando
que los manifestantes parecían niños de la calle,
que estaban deteriorando la imagen de Larcomar. Algunos creyeron
divertido lanzar arengas agresivas como “¡Mueran
los negros!”. En esos momentos, los gerentes de Larcomar
ya habían cerrado los accesos peatonales y bloquearon
el ingreso a fotógrafos y reporteros de canales de
televisión.
Ahora queda pendiente saber si los propietarios de los locales
racistas y la administración de Larcomar responderán
al pedido de un cambio de actitud. En el Cusco, un local racista
ha sido condenado a pagar 64,000 soles de multa (casi 20,000
dólares). Los propietarios de Aura, Mama Batata, Gotica
y varios otros locales similares que funcionan en Lima desafían
a las leyes peruanas al mantener sus prácticas de selección
de clientes... ¿Hasta cuándo?
Lima, 8 de noviembre del 2004
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