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REFLEXIONES PERUANAS N 14: EL MENSAJE DE WANGARI MAATHAI PARA EL PERÚ

Publicado el 16/12/2004

Aunque a la mayoría de peruanos no les dice mucho este nombre, es interesante destacar que, el mismo día que el padre Marco Arana recibía en Lima el Premio Nacional de Derechos Humanos, por su compromiso con el medio ambiente de Cajamarca, se otorgaba en Oslo el Premio Nóbel de la Paz a esta señora de Kenia, de 64 años, por su impresionante labor ecologista.

Podríamos preguntarnos qué relación existe entre la ecología, la paz y los derechos humanos. En realidad, tanto para Arana como para Maathai, la ecología está directamente vinculada a mejores condiciones de vida de las personas. La flamante Premio Nóbel sostiene que la existencia de poblaciones privadas de sus recursos naturales es una de las mayores amenazas para la paz. Una distribución justa de las ganancias que proporcionan las riquezas naturales es la mejor forma de consolidar la paz en la sociedad.

Maathai estudió Medicina Veterinaria en Alemania y los Estados Unidos, donde obtuvo un doctorado. Sin embargo, en lugar de establecerse allí a ejercer su profesión, prefirió regresar a Kenia. También en su país pudo haberse quedado en la rutina y comodidad de la vida académica, especialmente después que obtuvo el grado de decana de su facultad. Sin embargo, los problemas que veía fuera de los claustros la conminaron a actuar.

Kenia, como otros países africanos, sufre problemas de erosión y desertificación, causados por políticas de “desarrollo” que reemplazan los bosques por cemento o tierras eriazas, y terminan incrementando la pobreza. En 1977 Maathai decidió conformar el movimiento Cinturón Verde, que busca promover la acción concreta de la población para lograr que el medio ambiente sea tomado en cuenta en los procesos de desarrollo. Empezó plantando de manera simbólica algunos árboles y actualmente el movimiento está formado por centenares de miles de personas, en su mayoría mujeres pobres, que participan en proyectos de desarrollo a nivel local. Gracias a Wangari Maathai, ellas han reconocido que tienen las fuerzas suficientes para lograr una vida mejor para ellas y sus familias.

Todo esto lo hacía bajo el régimen autoritario del presidente Moi... que duró nada menos que 25 años. Decir que “el desarrollo sostenible, la democracia y la paz son indivisibles” y criticar la corrupción del régimen, le costó a Maathai prisión, agresiones físicas y campañas de desprestigio. A pesar de todo, ella se mantuvo constante, planteando la desobediencia civil. Un caso emblemático fue el del parque Uhuru, el más importante de Nairobi, que el gobierno buscaba arrasar para construir lujosos condominios. Maathai encabezó las protestas y, con las únicas armas de sus palabras y convicciones, logró hacer retroceder al propio Moi.

Además de liderar esta cruzada por el medio ambiente, ella señala que para obtener la paz es fundamental que exista equidad y justicia, evitando que el individualismo y el materialismo sean los únicos factores que controlen las relaciones entre los países. Por tal motivo, fue una activa promotora de la campaña Jubileo 2000, para la condonación de la deuda externa de los países pobres.

En Wangari Maathai están simbolizadas todas las personas que en el Perú luchan por el medio ambiente y la justicia, desde las esforzadas señoras que defienden el Parque Castilla en Lince, hasta los campesinos que en Ayabaca y Huancabamba enfrentan las acusaciones de la empresa Majaz. Sus luchas nos hacen recordar tantos casos donde el llamado desarrollo no ha traído beneficios ni para el medio ambiente, ni para los seres humanos. No estamos hablando solamente de Quiruvilca o La Oroya, sino de la campiña de Arequipa, las pampas de Amancaes o el río Moche. Maathai fue especialmente contundente el pasado 10 de diciembre en Oslo: “El estado del medio ambiente de cualquier país es un reflejo de la clase de gobierno que existe”.

La nueva Premio Nóbel nos recuerda también la tenacidad de muchas mujeres peruanas que trabajan por su comunidad, en medio de condiciones sumamente difíciles. Desde las ronderas de Cajamarca, hasta las defensoras comunitarias del Sur Andino, sus logros suelen ser soslayados por los medios de comunicación. En el caso del movimiento que impulsa Maathai, además, es destacable también el trabajo conjunto de personas de distinta extracción social y nivel educativo en un objetivo común.

Wangari Maathai nos hace romper la imagen del Africa que con frecuencia asociamos solamente a violencia étnica, hambrunas y Sida. Su mensaje y su coherencia, así como los logros de Cinturón Verde nos pueden ayudar para avanzar en la construcción de una sociedad más humana por aquí también

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