REFLEXIONES PERUANAS No. 20: COMPRALE
AL PERÚ, SÍ... PERO, ¿DÓNDE ESTÁ
EL PERÚ?
Publicado el 18/01/2005
Pocas personas votaron por Alejandro Toledo para que mantuviera
las políticas económicas fujimoristas que más
inseguridad habían generado en los ciudadanos, desde
las múltiples formas de desprotección laboral
hasta los padecimientos de los jubilados ante la ONP. La campaña
Cómprale al Perú, es por fin una clara ruptura
en materia económica con el período de Fujimori,
al promover la industria nacional.
Hasta hace poco tiempo, los teóricos neoliberales
criticaban a quienes preferían comprar productos peruanos,
señalando que un “consumidor racional”
debía solamente fijarse en aspectos objetivos como
la calidad o el precio del producto y no dejarse llevar por
criterios románticos o chauvinistas.
Esto lo decían mientras muchas fábricas de
juguetes, plásticos y ropa sucumbían ante los
precios ínfimos de la competencia china. Al mismo tiempo,
varias empresas transnacionales cerraron sus fábricas
en el Perú para importar desde otros países
el jabón, la mantequilla o el café. Naturalmente,
dichas prácticas generaban despidos masivos, inestabilidad
social, frustración, delincuencia, emigración,
pero los dogmáticos señalaban que eran los inevitables
costos de la falta de competitividad.
Comprar productos peruanos se convirtió entonces en
una especie de resistencia pasiva frente a la política
del régimen. Ello explica en parte los fuertes niveles
emocionales que alcanzó el caso Lucchetti o que en
los últimos meses del gobierno de Fujimori haya estallado
un escándalo al descubrirse que en muchos restaurantes
de Lima se servía papas canadienses u holandesas, mientras
se echaba a perder la producción nacional. “¿Ni
siquiera podemos comer papas peruanas?”, se preguntaban
muchos consumidores, sintiendo una indignación nacionalista
que para algunos observadores era sorprendente.
La campaña Cómprale al Perú busca generar
una relación de identidad entre el producto y el consumidor
y, al mismo tiempo, hacer a éste co-responsable de
la economía de su país, al fomentar el empleo
formal y el desarrollo industrial. De esta forma, se admite
la posibilidad de que el consumo no sea un acto aséptico,
sino que puede tener una carga valorativa, una implicancia
social o política. Inclusive puede vincularse a la
defensa de los derechos fundamentales, como cuando se boicotea
a una empresa vinculada a prácticas de explotación
de trabajadores o contaminación ambiental.
Sin embargo, debemos advertir que muchas de las empresas
que se incorporan a esta campaña no se muestran muy
entusiastas en parecer peruanas. Decimos esto porque su publicidad
evita sistemáticamente presentar los rostros de la
mayoría de sus clientes. Quien ve la publicidad de
leche Gloria, por ejemplo, creería que el Perú
es un país anglosajón o que los peruanos de
rasgos andinos, mestizos y negros sufren de intolerancia a
la lactosa. La publicidad de Backus haría pensar que,
además, son abstemios, lo cual sabemos que no es rigurosamente
cierto. En todo caso, ni siquiera la inminente llegada de
Ambev y un oportuno discurso nacionalista le han permitido
a Backus admitir que negros o cholos aparezcan en sus comerciales
bebiendo Cusqueña o Cristal.
Es contradictorio pretender enfatizar la peruanidad de una
empresa y al mismo tiempo considerar a los consumidores como
“indignos” de aparecer en su publicidad. Los supermercados
Santa Isabel buscan enfatizar que ahora pertenecen al grupo
Interbank, mostrando a una niña que porta la bandera
peruana. La niña es pecosa y pelirroja, bastante distinta
de la abrumadora mayoría de las que usted encontrará
en Santa Isabel. El grupo Añaños se enorgullece
de haber nacido en Ayacucho, pero la publicidad de Sporade
o agua Cielo evita cualquier asociación con los habitantes
de este departamento.
De igual forma, resulta singular que muchos productos elaborados
en el Perú pretendan ser más atractivos si disfrazan
su nombre con palabras foráneas, desde Pardo’s
Chicken hasta los cigarrilos Hamilton Lights. Si tiene alguna
duda, entre en un peruanísimo Bembos y pensará
que está en una clase de reforzamiento de inglés
(salad, chicken, cheese, grill, junior, fingers, lemon, diet,
royal, order, etcétera).
Cuando las empresas peruanas se avergüenzan de expresar
en castellano conceptos como entrega, cocina, niños,
mascotas, servicio, efectivo, limpio, mostrador, hielo, media
docena (le dicen six pack, por si acaso), no están
transmitiendo status, como quizás pretenden, sino un
problema colectivo de autoestima. Emplear un idioma extranjero
de manera tan obsesiva muestra una ansiedad tragicómica
de parecer menos peruano, que contradice el símbolo
bicolor que se exhibe como parte de la campaña.
Aprender a comprar productos peruanos es un paso muy importante
que muchos consumidores han dado desde hace varios años.
En reciprocidad, los empresarios deberían aprender
a aceptar los rostros de sus consumidores y a dirigirse a
ellos en el idioma que hablan. Acaso el Ministerio de Producción
debería ser más cuidadoso en desarrollar su
campaña, para enseñar a las empresas que se
afilian a sentirse cómodas en el Perú.
Desde Huanuco: Abusos del Serenazgo.
Entiendo en qué consiste la función de la Policía
y del Serenazgo,
sin embargo, no puedo entender que ellos abusen de su autoridad
e indiscriminadamente insulten, golpeen, torturen y hasta
maten personas,
con el objetivo de lograr ser “efectivos” y “temidos”.
No es la forma cómo lo lograrán; así
sólo consiguen perder legitimidad
y respeto. Hace poco pude ser testigo del abuso de Serenazgo
de
Huanuco en la víspera del Año Nuevo.
Seis a siete serenos aparentaban vigilar los alrededores
del mercado,
pero en realidad arrebataban flores y plantas medicinales
(ruda, hierbabuena, matico, eucalipto etc.) que muchas ancianas
y niños,
llegados de lugares distantes de la ciudad vendían
como ambulantes.
¿Cuál es era objetivo de quitarles sus productos
si para los Serenos
no tenía ningún valor, pero para esas ancianas
y niños constituía su
fuente de ingreso, quizá para tener esa noche una
cena un poco mejor
que los demás días del año? (Isabel
Canelo) |