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REFLEXIONES PERUANAS No. 22: NO LOS DEJAN CASARSE, NI VOTAR, NI PRESENTAR DENUNCIAS POLICIALES... Y CADA VEZ SON MÁS

Publicado el 31/01/2005

Todos sabemos que muchos de nuestros compatriotas son explotados por mafias en países como España o Estados Unidos y que su condición de ilegales les hace imposible reclamar a las autoridades. Sin embrago, muchas veces ignoramos que a muchos peruanos su propio Estado les ha retirado la condición de ciudadanos, empujándolos a una situación de clandestinidad y vulnerabilidad.

Aunque la Constitución reconoce nuestros derechos, en la práctica, es imposible ejercerlos si no nos podemos identificar. Hasta el gobierno de Fujimori, quien alcanzaba los dieciocho años obtenía la Libreta Electoral, que tenía carácter permanente. Como muchos recordamos, nadie se quedaba con la misma libreta toda la vida: se cambiaba el documento en caso de extravío o deterioro, al llenarse todos los espacios asignados para las elecciones o para precisar un cambio de domicilio. Todos estos trámites eran gratuitos y dependían de las circunstancias personales del ciudadano.

El régimen fujimorista reemplazó el derecho a contar con Libreta Electoral gratuita y permanente por la obligación de pagar por un DNI de carácter temporal, con validez de apenas seis años. Este proceso se llevó a cabo en un contexto por demás sórdido: poco antes se había obligado a los peruanos a sacar otro documento, la Libreta Electoral Mecanizada. Luego, se anunció que ésta no tenía validez, por lo que obtener el DNI era la única alternativa para identificarse. En realidad, el ahora prófugo Julio Vargas Prada, Jefe de la RENIEC, había organizado un fraude millonario con la emisión de documentos de identidad.

La verdad es que muchos peruanos jamás han podido obtener el DNI. Un buen porcentaje reside en el exterior y debe afrontar el elevado precio de los trámites consulares (además del costo del viaje hasta los escasos consulados). Mayores restricciones afectan a los habitantes de las zonas rurales, quienes deben viajar varios días para llegar a las oficinas de la RENIEC en las capitales de provincia. Muchos de ellos, además, enfrentan una serie de dificultades adicionales. Hay quienes jamás fueron inscritos en los registros civiles. En otros casos, los registros fueron destruidos durante la violencia política. Requisitos como fotografías, copias legalizadas o pagos en el Banco de la Nación son imposibles de cumplir o sumamente onerosos para muchos campesinos andinos y nativos amazónicos... Por si fuera poco, el carácter provisional del DNI lleva a que, pasados seis años, deba repetirse el desgastante proceso.

Los privilegiados portadores de DNI difícilmente podemos imaginar cómo logra sobrevivir una persona sin este documento: no puede trabajar formalmente, adquirir una propiedad, casarse, presentar una denuncia o una demanda, ni tampoco inscribir a sus hijos. Hasta hace unos días, era legal que fueran detenidos indefinidamente, si la policía los consideraba sospechosos (y acaso esto sea realidad si no se modifica el Código Procesal Penal antes del 1º de febrero del próximo años).

Ahora bien, cabe preguntarnos, ¿puede ser constitucional impedir a millones de peruanos ejercer sus derechos fundamentales por no haber podido canjear el DNI o no haber podido renovarlo? ¿Es posible despojar de la condición de ciudadanos a los más pobres, en nombre de la seguridad jurídica? En algunos discursos oficiales se alude a la supuesta “irresponsabilidad” de la población. Habría que preguntarse si no fue irresponsable el propio Estado al generar obligaciones adicionales y onerosas para los ciudadanos.

No puedo negar que a veces abrigo la terrible sospecha de que a un sector de la clase política ha generado o aceptado este siniestro fenómeno de forma intencional: privar a los más pobres de participación política, para evitar que puedan hacer realidad sus demandas.

Sin embargo, cuando un Estado impide a sus ciudadanos emplear las vías legales para ejercer sus derechos, termina dejándoles como único recurso la violencia. Ahora cuenta usted con un factor adicional que está presente en linchamientos, tomas de carreteras y demás manifestaciones de frustración que se producen en las zonas rurales y también en algunas ciudades. Por eso, por su propia sobrevivencia, la lucha contra la indocumentación debería ser una preocupación de todos los políticos. Ellos lo tienen en sus manos: el año pasado, el congresista José Luis Risco propuso la solución más simple, que el DNI sea gratuito y permanente (Proyecto de Ley 9698). Es preciso hacerlo pronto, antes que en muchas zonas de nuestro país, los habitantes sean en su mayoría peruanos clandestinos y descontentos.

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