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Reflexiones Peruanas No. 25: ¡POR FIN LIBRES!..., PERO MAYORES CONFLICTOS SE AVECINAN

Publicado el 10/02/2005

Si usted siguió con preocupación el caso del periodista Federico Ibáñez y la dirigenta campesina Josefa Adrianzén, le aliviará saber que ambos dejaron la cárcel de Huancabamba el pasado 3 de febrero, después de más de un mes de injusta prisión. Sin embargo, el día anterior, la empresa Monterrico Metals anunció desde Londres que había encontrado cobre en las alturas de Huancabamba... Como usted imaginará entonces, los conflictos sociales recién están comenzando en esta provincia piurana.

Ibáñez y Josefa Adrianzén tuvieron que salir de la cárcel protegidos por un cerco policial y una delegación de autoridades locales. La razón es que, desde radio Centinela, el locutor Dúber Mauriola profería sus ya habituales arengas, intentando convocar una turba que atacara a los liberados. Felizmente, no ocurrió ningún hecho que lamentar, aunque la señora Josefa no pudo regresar a su vivienda, para evitar que ella o sus pequeños hijos fueran agredidos por personas ligadas a la empresa Majaz, la subsidiaria en el Perú de Monterrico Metals.

Recientemente, el Ministro de Energía y Minas realizó una invocación para que las empresas mineras establecieran una adecuada relación con la población local. Para ello, el caso de Majaz es el mejor ejemplo de cómo NO debe comenzar una actividad minera. La empresa pretende intervenir en los frágiles bosques de neblina, que en sí mismos son una importante fuente de agua. Sus actividades terminarían afectando el caudal y la calidad de los ríos Huancabamba, Chira, Piura, Quiroz, entre otros. Los campesinos que pretendieron en abril pasado subir hasta el lejano campamento de Majaz refieren que varias áreas ya han sido depredadas por los trabajos de exploración.

Otro tema que no ha tomado en cuenta Majaz es el derecho fundamental de los ciudadanos a dar su opinión sobre los temas que les afectan directamente. Es verdad que se ha negociado con dirigentes campesinos de las zonas más cercanas al yacimiento minero, pero la población que podría ser perjudicada es mucho más numerosa. No es imposible establecer un diálogo entre una empresa minera y la población: experiencias como la de Tintaya (Cusco), muestran como puede fijarse, de manera conjunta y respetuosa, indemnizaciones, acuerdos y soluciones armónicas. Hace pocos días, también se ha logrado en Hualgayoc (Cajamarca) que los campesinos participen en el monitoreo de los relaves.

Sin embargo, en Huancabamba la empresa británica todavía no ha alcanzado el punto inicial para un diálogo: aceptar que los campesinos pueden ser interlocutores válidos, a pesar de su pobreza y vulnerabilidad. Esa imposibilidad de percibir a los pobres como ciudadanos, subyace a diversas situaciones de confrontación que ocurren en el país. Siguiendo criterios del tiempo de las haciendas, el campesino es visto como un ser sin criterio propio, manipulable por curas, ONGs o partidos políticos. Lamentablemente, estas percepciones se han manifestado en el propio Estado, debilitando su legitimidad ante la población rural.

Un recuento no exhaustivo de los últimos diez meses permite comprender, además, que el problema de Huancabamba no es “la mala imagen de la actividad minera”, sino hechos concretos: el asesinato del rondero Reemberto Herrera durante las protestas de abril; la descabellada denuncia por terrorismo contra un sacerdote y varios agentes pastorales; las campañas de difamación de Dúber Mauriola contra todos los opositores a la actividad minera; la destrucción de la radio La Poderosa, en el mes de noviembre, por su respaldo al medio ambiente; la golpiza y vejámenes sufridos por Ibáñez y la señora Adrianzén por parte de una turba.

Un factor en favor de Majaz ha sido el aislamiento de Huancabamba. La capital de la provincia se encuentra a nueve horas de Piura, por una carretera en estado calamitoso. Los medios de comunicación no han cubierto las marchas, protestas o acciones cívicas, como sí ocurría con Tambogrande o el cerro Quilish. Este aislamiento ha sido aprovechado para reiterar acusaciones irresponsables, como que el rechazo hacia la empresa es promovido por terroristas (cualquiera que conozca el PDS, agrupación a la que está ligada la señora Adrianzén, sabrá que el terrorismo no es uno de sus defectos).

En este contexto, resulta interesante anotar que el 27 de enero, la Conferencia Episcopal de Guatemala demandó el cese de las concesiones mineras en todo el país, debido a los daños ecológicos y conflictos sociales que generan. Ese pronunciamiento coincide con el que emitió el pasado 1º de mayo el Obispo de Chulucanas, en cuya jurisdicción se encuentra Huancabamba. En ambos países, estos pedidos se explican por la debilidad (o el tradicional desinterés) de las autoridades para promover efectivamente el respeto al medio ambiente y los derechos de los campesinos.

Una muestra de esta debilidad es la ausencia de sanción para todos los delitos cometidos en Huancabamba contra quienes se oponen a la actividad minera. Actualmente, la estrategia parece ser mantenerlos amedrentados mediante una confluencia de ataques radiales, procesos judiciales y hordas agresivas..., pero así se puede generar una violencia incontrolable. Como anteriormente hemos indicado, en este conflicto, las eventuales ganancias serán para los accionistas ingleses. Para los piuranos serán los enfrentamientos, el temor y eventualmente la muerte. ¿Es sobre esa base que pretende realizar sus actividades Monterrico Metals?

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