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Reflexiones Peruanas No. 28: SIDA: TEMOR, INDIFERENCIA Y LUCRO

Publicado el 22/02/2005

El año pasado, un colegio de Villa María del Triunfo admitió, tras una negativa inicial, a una niña portadora de VIH. Cuando los medios de comunicación difundieron la noticia, decenas de padres de familia retiraron a sus hijos del colegio, aterrados ante la posibilidad de que los niños pudieran contagiarse y morir.

Veinte años después que el primer enfermo de SIDA fue reportado en el Perú, aún subsiste mucha desinformación. Mucha gente confunde al VIH, el virus que inhibe la producción de anticuerpos, con el SIDA, el transtorno mortal que se produce cuando efectivamente ingresa al organismo una enfermedad para la que no existen defensas. En realidad, salvo que se tenga relaciones sexuales con el portador, el contagio es virtualmente imposible. A diferencia de la gripe, la tuberculosis o las paperas, el VIH no se transmite por vivir, estudiar o trabajar bajo el mismo techo, compartir cubiertos o usar los mismos servicios higiénicos. Mas bien, es el propio portador de VIH quién puede contagiarse de los gérmenes que llevan consigo las demás personas.

Ayuda al desconocimiento el secreto en que vive la mayoría de portadores de VIH y la condición marginal de algunos de ellos. Además, el SIDA no es una enfermedad nacional, sino que se focaliza en algunos lugares del país, destacando su alarmante crecimiento en Iquitos. En las zonas rurales andinas, en cambio, tiene muy poca incidencia, debido a la existencia de una barrera cultural: la represión a determinados comportamientos sexuales, desde el adulterio hasta las relaciones prematrimoniales, desde la homosexualidad hasta la prostitución. El temor a una severa sanción por parte de la ronda campesina parece más efectivo que cualquier advertencia sobre los riesgos de la promiscuidad... o los preservativos a los cuales los campesinos no tienen acceso.

Un portador de VIH, como la niña de Villa María del Triunfo, puede tener una vida bastante normal y duradera si cuenta con retrovirales, medicamentos que evitan que el organismo pierda sus anticuerpos. En los países donde funciona el estado de bienestar, estos medicamentos son proporcionados por el Estado. En el resto del mundo, sin embargo, millones de personas contraen SIDA porque no pueden pagar los altos costos que los laboratorios farmacéuticos han colocado a los retrovirales.

Ante esta situación, que ocasionaba la muerte de millares de personas, hace unos años el gobierno de Brasil tomó una decisión radical: fabricar los retrovirales de manera genérica a la décima parte del precio fijado por los laboratorios. Por su parte, Sudáfrica, uno de los países más afectados por la epidemia, decidió adquirir los medicamentos genéricos de un laboratorio tailandés. Sin embargo, cuando ambos gobiernos comenzaron a distribuir los retrovirales a sus ciudadanos, los laboratorios transnacionales los denunciaron ante la Organización Mundial del Comercio por violar la legislación internacional sobre patentes que éstos habían gestionado.

Muy tarde, los laboratorios se dieron cuenta del grave error que habían cometido, porque quedaron ante la opinión pública mundial como entidades sin escrúpulos, que no pretendían atender la salud de los ciudadanos, sino lucrar con una enfermedad mortal. Sólo les quedó retirar la denuncia y aceptar la producción genérica de los retrovirales.

Sin embargo, aún los retrovirales genéricos son muy costosos para las personas más pobres. Por ello, los portadores de VIH en el Perú lograron que la Ley 26626 reconociera su derecho a una atención médica integral y que la Ley 28243 precisara que dicha atención debe ser continua y permanente.

El año pasado comenzó el tratamiento gratuito de los primeros mil pacientes y existe actualmente un fondo de las Naciones Unidas que viene implementándose para proporcionarles medicamentos genéricos a los portadores de VIH, así como a los enfermos de tuberculosis y malaria. Sin embargo, pronto podría bloquearse la posibilidad de distribuir versiones genéricas de futuros medicamentos, si se aprueban algunas propuestas del famoso Tratado de Libre Comercio. Todavía muchos peruanos ignoran que este tratado es un juego de intereses, entre los cuales se encuentra el de los grandes laboratorios. Mientras muchos portadores de VIH se han organizado para defender sus derechos, los pacientes de otras enfermedades enfrentan su problema de manera aislada... y las personas sanas asumen que el precio de las medicinas no es asunto suyo.

No es la primera vez que arriba al Perú una enfermedad desconocida de consecuencias mortales. Cuando Pizarro y sus huestes llegaron a Cajamarca, ya los habían precedido los gérmenes que ellos habían traído de Europa. Terribles epidemias habían diezmado una población que no tenía anticuerpos para las nuevas enfermedades. El propio Huayna Cápac y gran parte de su familia fallecieron en una epidemia de viruela. Las armas bacteriológicas que los conquistadores portaban, sin saberlo, dejaron al imperio incaico desmoralizado y dividido.

Ahora sí sabemos que las bacterias existen y que su efecto mortal puede ser enfrentado si las personas tienen acceso a medicamentos. Por ello, garantizar este acceso debería ser una prioridad para cualquier gobierno, tanto cuando negocia el TLC, como cuando regula el gasto público.
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Muchas personas comentaron la RP 27, referente a las trabajadoras del hogar. Por si acaso, en la avenida Canevaro 1306, Lince, funciona La Casa de Panchita, una ONG que brinda apoyo integral a las empleadas domésticas que así lo requieran, desde contactarlas con sus familiares hasta ver películas juntas los domingos. Más información en el 266-0944 y en http://www.gruporedes.org

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