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Reflexiones Peruanas Nº 31: JUSTICIA GRATUITA PARA LOS DISTRITOS MÁS POBRES

Publicado el 11/03/2005

Quien visita Lambayeque y disfruta de impactantes museos, agradables playas y excelente comida, no imaginaría que en este pequeño y acogedor departamento existen dos distritos cuya población habla quechua y vive casi a tres mil metros de altura en aislamiento y extrema pobreza. Incahuasi y Cañaris parecen un enclave del Trapecio Andino en pleno norte del Perú, con indicadores de esperanza de vida, analfabetismo o escolaridad, que causan sorpresa a los propios lambayecanos.

Para los habitantes de ambos distritos, como para miles de personas pobres de las zonas rurales, cualquier trámite ante una entidad pública resulta casi imposible de llevar a cabo, debido a las barreras lingüísticas, geográficas y económicas que deben enfrentar... y acaso no había entidad más inalcanzable que el Poder Judicial, donde los procesos más simples pueden implicar centenares de soles en los llamados aranceles judiciales.

Sin embargo, el pasado 7 de enero, el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial decidió exonerar del pago de aranceles a los vecinos de Incahuasi y Cañaris, y otros 370 distritos. Esta resolución se une a varias medidas similares emitidas en los últimos tres años, abarcando hasta la fecha más de 530 distritos en extrema pobreza. En algunos casos, se encuentra exonerada la totalidad de una provincia, como Acomayo y Chumbivilcas (Cusco), Requena (Loreto) y Julcán (La Libertad). Goza también de este beneficio casi todo el departamento más pobre del país, Huancavelica.

Entre los distritos incluidos en esta medida podemos encontrar nombres como Totos, Cayara, Lucanamarca, Ayahuanco, Accomarca, conocidos por quienes trabajan en derechos humanos por la terrible violencia que padecieron sus habitantes. De hecho, algunos magistrados y congresistas ayacuchanos han planteado que todo el departamento debería estar exonerado de aranceles judiciales, como una forma de reparación por parte de un Poder Judicial que en la abrumadora mayoría de casos, mantuvo muchos crímenes en la impunidad.

Resulta interesante también que se ha dispuesto la gratuidad de los trámites judiciales en varios lugares donde, por cultura o por necesidad, la población ha desarrollado sus propios mecanismos de administración de justicia. Probablemente los ronderos de Cutervo, los aguarunas del Alto Marañón o los asháninkas del río Tambo prefieran continuar resolviendo de manera autónoma sus conflictos, pero, en caso que se vean forzados a acudir al Poder Judicial, es bueno que sepan que no les corresponde pagar ningún arancel.

Evidentemente, la exoneración no suple los costos indirectos de una demanda judicial, como los viajes al local del Juzgado o los honorarios del abogado. Sin embargo, resulta interesante que unos días antes fue promulgada la Ley 28439, que precisamente elimina de los procesos de alimentos la necesidad de firma de un abogado y hace mucho más expedita la resolución del juicio.

Ahora que los vecinos de Anchonga o Huamachuco tienen, por fin, algún privilegio respecto a los demás peruanos, el asunto de fondo es si las instituciones públicas deberían cobrar a los ciudadanos por desarrollar su función. Desde el régimen de Fujimori, los peruanos nos hemos visto abrumados por múltiples pagos ante la administración pública. Es cierto que las campañas focalizadas de la RENIEC o la solicitud de auxilio judicial benefician a algunos ciudadanos. Sin embargo, en la mayoría de casos, derechos fundamentales como la posibilidad de identificarse y obtener justicia se vuelven imposibles de ejercer por los más pobres. El Seguro Integral de Salud es una valiosa iniciativa con varios millones de afiliados, pero no cubre casos como enfermedades crónicas o problemas de salud mental.

El Estado termina dejando en los ciudadanos el sostenimiento de muchas entidades públicas: para la ONPE cada persona multada por no votar implica un ingreso, muchos hospitales se financian gracias a sus polémicas “clínicas” y el bono que reciben los magistrados titulares proviene de los aranceles judiciales. Una verdadera reforma del Estado debería implicar, por lo tanto, una reorientación del gasto público, que deriva precisamente de los aportes de los contribuyentes. Actualmente la compra de armamento, el pago de la deuda externa o las desmedidas remuneraciones de algunos funcionarios, tienen más prioridad que garantizar a los ciudadanos el disfrute de sus derechos fundamentales.

Entretanto, sería oportuno que las demás entidades estatales tomaran en cuenta el listado de distritos exonerados por el Poder Judicial para establecer políticas similares. Debería disponerse, por ejemplo, que los habitantes de Cañaris, Incahuasi y los otros 530 distritos tienen derecho a recibir de manera gratuita el DNI. Sería una buena forma de demostrar un compromiso por la inclusión, no sólo de uno de los poderes del Estado, sino de toda la administración pública.

Quienes deseen el cuadro completo de los distritos exonerados pueden dirigirse a Gorge Farfán a gorge@idl.org.pe.

Quienes requieran material para trabajar en los colegios el tema del racismo (RP 29), pueden acudir a Ipedhep (461-0867) y consultar a Elva María Arangüena. Pueden también esperar al manual para jóvenes que estamos preparando los empeñosos integrantes de la campaña Basta de Racismo.

Quienes anhelan aprender quechua y todavía no encuentran profesor (RP 30), pueden entrar a www.yachay.com.pe/especiales/quechua/ Es la página de mi runasimi yachachiq, Demetrio Túpac Yupanqui (420-5037), quien ahora está traduciendo El Quijote al quechua.

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