[ REGRESAR ]

Reflexiones Peruanas Nº 35: ¿Y, PRECISAMENTE AHORA, QUIEREN HACER EL VOTO VOLUNTARIO?

Publicado el 04/04/2005

Hace un año, mientras en Lima nadie se enteraba o quería enterarse, millares de campesinos de la provincia de El Collao marchaban todos los días por las calles de la entonces poco conocida capital, Ilave, para protestar enfurecidos contra el alcalde Fernando Robles. Los vecinos de la ciudad también lo acusaban de corrupto y arrogante y de contratar funcionarios municipales que no eran puneños. Un año después del cruel asesinato del alcalde, aún no se sabe si dichos cargos eran justificados. Sólo podemos estar seguros del extendido rechazo que Robles inspiraba en la población.

Pero, ¿no habían acaso votado por él? En realidad, la abrumadora mayoría no lo había hecho. A lo largo del año pasado, muchos conflictos similares se produjeron, desde Lagunas hasta Cutervo y desde Bagua hasta Ayaviri. Un arquitecto de Caraz recuerda: “El alcalde fue elegido con el 17% de los votos. Por lo tanto, tenía al 83% de la población en contra”. El número elevado de candidatos que se presenta contribuye a diluir el voto y a que el ganador simplemente alcance una mayoría mínima.

Muchos electores ni siquiera pueden votar, porque no han podido renovar su DNI, por razones económicas. Debe además agregarse el creciente fenómeno de los “votantes golondrinos”, a quiénes un candidato paga para que hagan su cambio domiciliario a una jurisdicción donde no viven. El día de las elecciones, el candidato les paga el viaje y, después de sufragar y cobrar, los golondrinos jamás regresan, dejando a los residentes la tarea de enfrentar al electo burgomaestre. Por si no lo sabía, un distrito donde este sistema está arraigado es nuestra imagen internacional: Macchu Picchu.

Frente a un alcalde sin respaldo de la población, pueden bastar las primeras acusaciones para que aquélla se vuelque a las calles, intente tomar la municipalidad o inclusive agredirlo físicamente. En Caraz, después de muchas tensiones, se logró legalmente la vacancia del alcalde Roberto Espejo. En otros lugares, los problemas continúan, sin muchas salidas en la actual legislación, que prohibe la renuncia de los alcaldes.

Ante este panorama, nada podría atentar más contra la gobernabilidad de muchos lugares del Perú que reducir aún más el número de votos con que una autoridad puede ser elegida, eliminando la obligación de votar en las elecciones. En realidad, se olvida que el voto no sólo es un derecho de los ciudadanos, sino la responsabilidad de reflexionar una vez cada cinco o cuatro años sobre el Presidente o el Alcalde que es más conveniente.

Muchas veces, el Estado obliga a los ciudadanos a cumplir acciones que son buenas para ellos mismos, como ponerse el cinturón de seguridad, o para su familia, como en un juicio de alimentos. En el caso del sufragio obligatorio, es fundamental para la vida social, precisamente porque el desencanto generalizado hacia los políticos podría generar un marcado ausentismo.

Además, para muchas personas, el voto es el único acto en que se sienten ciudadanos. Cuando en muchas actividades solicito a los participantes, sean campesinos o universitarios, que enumeren sus deberes ciudadanos, la abrumadora mayoría sólo logra referirse al sufragio. Acatar las leyes, respetar el derecho ajeno o cumplir la palabra empeñada no suelen ser percibidos espontáneamente como una responsabilidad, porque “la sociedad” es una abstracción frente a la que los peruanos no nos sentimos particularmente obligados.

Además, en un país donde existen profundas brechas sociales y una fuerte concentración de poder, un sistema de voto facultativo es sumamente perjudicial. Durante mis años en Guatemala, uno de los dos países latinoamericanos con este sistema, advertí tal disociación de los sectores populares respecto al Estado que la mayoría de campesinos ni siquiera sabía el nombre del presidente o qué se celebraba el 15 de setiembre (el día de la independencia). De hecho, en el Perú ya se ha afectado bastante el ejercicio de derechos de los más pobres, al disponer que el DNI es un documento temporal, a renovar cada seis años.

Pensando en estos sectores, creemos que sí sería oportuna una reducción de las fuertes multas que actualmente se imponen a quienes no votan. Otra posibilidad sería establecer un monto menor para los habitantes de los distritos más pobres (RP 31). En cualquier caso, es muy importante precisar que el ejercicio de los derechos ciudadanos no puede supeditarse a haber votado en las elecciones, y que un “no votante” sigue siendo un ciudadano, con la posibilidad de inscribir un hijo en los Registros Civiles o interponer una denuncia penal.

La tragedia de Ilave y los numerosos conflictos municipales fueron una advertencia que la gobernabilidad de centenares de distritos y provincias requiere asegurar autoridades con respaldo popular. Sería conveniente pensar en establecer un porcentaje mínimo para ser elegido o una segunda vuelta en las elecciones municipales. No es el momento para experimentos electorales que puedan diluir la escasa conciencia de ciudadanía que todavía persiste. Antes de importar de manera acrítica normas de lugares distantes, esperemos que los legisladores peruanos presten atención la realidad del país.

En aras de mayor espacio, a partir de este número de Reflexiones Peruanas, se emplearán las siguientes abreviaturas, que algunos ya conocen.

AM: Amazonas AN: Ancash AP: Apurímac

AR: Arequipa AY: Ayacucho CA: Cajamarca

CU: Cusco HCO: Huanuco HVCA: Huancavelica

IC: Ica JU: Junín LL: La Libertad

LAM: Lambayeque LI: Lima LO: Loreto

MD: Madre de Dios MO: Moquegua PA: Pasco

PI: Piura PU: Puno SM: San Martín

TA: Tacna TU: Tumbes UC: Ucayali

[ REGRESAR ]
 
  Reflexiones Peruanas ©. Reservados todos los derechos
Comentarios a : wilfredo@aprodeh.org.pe