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Reflexiones Peruanas Nº 39: ¿QUIÉN PROTEGE A LOS DELINCUENTES EN SAN MARTÍN?

Publicado el 03/05/2005

En el año 2002, la ronda campesina del caserío de Pueblo Libre, a una hora de Moyobamba, capturó a una banda de asaltantes y violadores que aterrorizaba la región. Los condenó a un día de calabozo y realizar acciones de trabajo comunitario en diversos caseríos de la provincia, mediante la llamada "cadena ronderil", una sanción frecuente en las rondas, que permite que todos los habitantes de una zona conozcan a quienes han cometido un delito.

En febrero del año pasado, la Sala Penal de Moyobamba condenó a tres años de prisión efectiva... a once vecinos de Pueblo Libre, incluyendo dos mujeres, por el delito de secuestro, disponiendo que además pagaran 1,000 soles de indemnización a cada uno de los violadores. La sentencia causó indignación en San Martín, considerando además que por lo menos uno de los ronderos y las dos señoras ni siquiera habían estado en el lugar cuando ocurrieron los hechos.

Entrevistados en la cárcel, los campesinos señalaron que se habían retirado del expediente documentos importantes y habían sido obligados a firmar documentos que no se les permitía leer, bajo insultos y amenazas de los propios magistrados. En cuanto a los violadores, alardeaban que volverían a Pueblo Libre a agredir a las esposas de los ronderos presos.

¿Por qué los magistrados de la Sala Penal de Moyobamba condujeron un proceso tan cuestionable? Al parecer, buscaban generar un "escarmiento" en las rondas campesinas de San Martín, porque consideraban que estaban usurpando la función jurisdiccional. Los magistrados sentían además mucho desprecio hacia los ronderos, debido a su menor grado de instrucción y a su origen, pues la mayoría son migrantes cajamarquinos.

Precisamente, las rondas campesinas surgieron en Cajamarca hace casi treinta años para enfrentar el abigeato y otros problemas de delincuencia. Luego, asumieron la función de administrar justicia, resolviendo muchos conflictos internos. Las rondas ejercen una justicia inmediata, eficaz y gratuita, de manera comprensible para las partes y buscando restablecer la armonía social. Actualmente se han expandido desde Amazonas hasta Puno, porque la incapacidad del Estado para proporcionar justicia o seguridad a las zonas rurales.

Las rondas no buscan enfrentarse al Estado como tal y coordinan de manera permanente con los Jueces de Paz. Cuando se les solicita, apoyan las intervenciones de las fuerzas policiales. Los delitos más graves, como homicidio, son puestos en conocimiento del Ministerio Público.

A pesar de su legitimidad, en Lima muchos líderes de opinión todavía confunden a las rondas con los comités de autodefensa (CADs) formados por el Ejército para apoyar la lucha contra la subversión. Los CADs se encuentran en su mayor parte desactivados, salvo unos pocos en algunos distritos de Ayacucho.

Después de cuatro meses en prisión, el 9 de junio del año pasado, los once campesinos salieron en libertad, absueltos de todos los cargos por la Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema. La sentencia 975-04, interpretando de manera extensiva el artículo 149º de la Constitución, precisó que las rondas campesinas están facultadas para administrar justicia, para detener delincuentes y aplicar sanciones, siempre y cuando no vulneren los derechos fundamentales.

Sin embargo, lamentablemente, desde la elección del nuevo Presidente de la Corte Superior, Víctor Roca Vargas, se ha reanudado el enfrentamiento entre las rondas y el Poder Judicial. Roca ha desconocido públicamente la sentencia 975-04 y ha reiterado que sólo el Poder Judicial puede administrar justicia en San Martín. Los intentos de mediación de la Defensoría del Pueblo y otras entidades han sido infructuosos. Es más, el 31 de marzo Roca emitió una resolución donde, de la manera más irresponsable vincula a las rondas con el MRTA y hace un llamado a las Fuerzas Policiales para intervenir en contra de éstas. Acaso por desconocimiento de la legislación actual, extiende su llamamiento a las Fuerzas Armadas.

Por su parte, una delegación de ronderos llegó a Lima la semana pasada para denunciar a Roca ante la Oficina de Control Interno de la Magistratura, nada menos que por el delito de drogar y violar a varias adolescentes. Todo San Martín espera actualmente el resultado de la investigación de la OCMA sobre esta grave acusación. No olvidemos que Max Ramírez, el polémico Presidente Regional de San Martín, fue destituido hace apenas unas semanas.

Sin embargo, el problema de fondo es que si, como pretende Roca, las rondas de San Martín quedan desactivadas, la población estaría inerme frente a la delincuencia. Para él y otros magistrados de San Martín, parece imposible percibir a los ronderos como posibles aliados debido al menosprecio que sienten hacia ellos. Lamentablemente, mientras sigan más empeñados en enfrentar a los ronderos que a la delincuencia común, la legitimidad del Poder Judicial continuará disminuyendo en la región.
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Los antecedentes sobre el caso de los ronderos de Pueblo Libre aparecen en Idéele Mail 351, Justicia Mail 106 y 142 y también en la revista Idéele 164.

En RP 38 mencioné el paro en La Oroya en favor de Doe Run, que ocasionó la muerte de los ancianos Alberto Arbi y Susana Pánez. Debí añadir el nombre del alcalde de La Oroya, Clemente Quincho, promotor de la medida de fuerza. Actualmente, Quincho estaría bloqueando los esfuerzos del arzobispado de Huancayo por proporcionar atención integral a los niños víctimas de la contaminación generada por la empresa.

Todas las RP pueden encontrarse en www.cemisa.com.pe/reflexionesperuanas/

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