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Adalid Contreras Baspineiro
La Paz
¿Dónde estaba los últimos cuatro años don Jorge Tuto Quiroga, el actual
presidente de Bolivia?, ¿por qué siendo vicepresidente no mostró al menos
trazos del programa de gobierno que ofrece ahora pretendiendo hacer en un
año tareas de una gestión entera, aunque laboralmente su año sean dos,
puesto que promete trabajar 12 horas diarias incluyendo fines de semana y
feriados?. Aún queriendo que así sea, ¿tendremos que creer en las
metamorfosis de proyectos y de sus actores?.
Aún queriendo que así sea, ¿la salida de Banzer y la ascensión por sucesión
presidencial de Quiroga, será algo más que un mero cambio de gobierno?
Entre la tradición regresiva y la renovación
La salida de Banzer podría significar no sólo un cambio de presidente, sino también un cambio generacional de líderes y
propuestas, y una renovación de las formas de hacer política.
Esta afirmación, que resume más un deseo que una realidad,
sirve para tratar de descifrar lo que la población boliviana espera de la gestión de Tuto Quiroga,
quien se desenvuelve en la dialéctica de convertirse en mero sustituto de un
gobierno fracasado, o por el contrario generar un proceso de
recuperación de la credibilidad ciudadana en la política, en la democracia y en el país. Quiroga
está caminando, como trapecista, en una cuerda de equilibrios y desequilibrios.
Entre los equilibrios se debe destacar la conformación de un gabinete
ministerial con orientación técnica, lo que ha supuesto la incorporación de
independientes, a nombre de quienes el Canciller entrante expresó que "la
nueva generación de ministros está desligada de acontecimientos del pasado".
También Tuto Quiroga, contando con el respaldo de los partidos de la coalición, particularmente del MIR cuya mirada está ya
puesta en las elecciones del 2002, se animó a romper el cerco palaciego banzerista
renovando buena parte de su gabinete con la presencia de adenistas del
sector de "los pitufos" que él lideriza, y ofreciendo el exilio dorado a los
colaboradores directos de Banzer, del sector de los "dinosaurios", en
embajadas que los alejan del palacio de gobierno. Estos hechos, que parecen
obvios en las decisiones de cualquier gobierno, no lo son tanto en un contexto
en el que durante sus interinatos Quiroga no gobernó y dejó que el entorno
familiar y partidista tradicional de Banzer decida las políticas del país.
Los desequilibrios se evidencian especialmente en tres hechos:
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La permanencia del poder de Banzer manifestada en la designación del
ex Secretario Ejecutivo de la ADN como Ministro de Justicia, ficha
clave para su retirada sin juicios ni cuestionamientos.
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Algunos enroques entre partidarios de la coalición que se acomodan
como fichas de ajedrez con conveniencias más partidarias que estatales y, en algunos casos
incluso con expresiones de nepotismo.
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La entrega a dedo ?por parte de Banzer- de la Secretaría Ejecutiva de la
ADN a Guillermo Fortún, ex ministro de gobierno, quien en su estilo característico, apenas posesionado amenazó con tapar a la boca a todo
aquel que se atreva a hablar mal del general.
Sueños y esperanzas
La gestión de Quiroga empieza con ilusiones puestas en el cambio al lado de expectativas moderadas de una población que
en un 58% cree que el gobierno será igual al anterior; en un 28% que mejorará; y en un 14% que empeorará
(Encuesta La Prensa, El Deber, Opinión, Correo del Sur, agosto 2001).De
todas maneras, como haciendo borrón y cuenta nueva de la gestión
anterior, Quiroga se planteó un programa de gobierno ambicioso, al que define como
una puesta en el tapete de los temas trascendentales que desafían al país y
que están ahí no para ser resueltos ahora sino para empezar a encararlos.
Quiroga se ha planteado temas de profunda resolución como la Reforma de la
Constitución Política del Estado; la modernización del sistema penal, civil y
administrativo; la convocatoria a elecciones con un sistema transparente de
cortes electorales; el desarrollo inmediato del Censo Nacional de
Población y Vivienda como base para la distribución de recursos; y la lucha contra la
corrupción, a la que califica como una ofensa, advirtiendo a sus colaboradores
que podrá tolerarles que alguna vez "metan la pata", pero nunca que
"metan las manos a la lata".
Subrayando que "no existen soluciones milagrosas ni
inmediatas", Quiroga define que para enfrentar la crisis la primera condición es garantizar la
estabilidad económica, para lo cual propone aplicar un programa de austeridad
fiscal; estabilizar los precios de los carburantes hasta fin de año; y
acelerar los programas de generación de empleo de emergencia mediante la
redistribución de las ganancias de las empresas capitalizadas y los ingresos
por la venta de gas.
Como preocupación de fondo, en la propuesta de Quiroga está la
lucha contra la pobreza en paralelo a la promoción de una democracia participativa
incrementando los recursos del programa de alivio de la deuda externa para
entregarla a los municipios más pobres; para ello dispuso la apertura de dos
cuentas con 25 millones en lo que resta del año y 100 a partir del 2002. Una de
las cuentas, el Fondo Solidario Municipal, estará dedicada a la contratación
de maestros (se estima que 9.000 más) y personal médico y paramédico (al
menos 2.000 más); la otra cuenta, del Diálogo 2000, estará destinada a la
mejora de infraestructura educativa y sanitaria y a la inversión productiva social.
En otro orden propone el desarrollo de una adecuada infraestructura caminera;
el fomento a la pequeña y mediana empresa; el acceso a la tecnología
masificando los modernos recursos de la información; y una política
internacional orientada a la apertura comercial con Bolivia como el corazón
articulador de Sudamérica.
En clara alusión a las movilizaciones sociales, Quiroga ha advertido que no
negociará por miedo o bajo presión, convocando a la paz social hasta fin de
año. Bolivia le ha concedido ese derecho optando por pasar sus demandas de
las calles a las mesas de diálogo esperando encontrarse con nuevas
interlocuciones. La extensión o rompimiento de esta pausa depende más que
de las organizaciones ciudadanas del propio gobierno de Quiroga, que tiene
como su primera tarea asumir el poder y ejercerlo en el marco de su propia
filosofía que dice que "ya no podemos mantener un sistema basado en coaliciones para el reparto de pegas y cuotas (...) es necesario lograr acuerdos
y pactos de gobernabilidad".
Adalid Contreras Baspineiro, sociólogo y comunicólogo boliviano, es
Secretario General de la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos,
Democracia y Desarrollo
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