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Tomado de La Nacion (Argentina, 21.10.01) |
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Documentos hallados por el abogado paraguayo Martín Almada,
descubridor de los Archivos del Terror, revelan la entretela de la mayor organización represiva del Cono
Sur, incluyendo su lenguaje cifrado. Se reproducen aquí fragmentos inéditos
Mensaje claro: viajaré mañana.
Mensaje encriptado: NXDBD TCADJ DJD.
Mensaje clave: viaja reman ana.
Es decir, reemplazada la ene por la eñe, viaja rémañ ana.
Y, una vez agrupadas las letras: viajaré mañana.
Como en 1984, la novela de George Orwell, los servicios de
inteligencia del Cono Sur tenían, durante los años de plomo, su newspeak. O neolengua. De la cual se valían
para compartir información confidencial. En especial, de sospechosos por razones
políticas. Izquierdistas, en su mayoría, a los que debían derribar, o eliminar, como a
muñecos en un parque de diversiones. Los llamaban fuerzas negativas, según el
dossier de una conferencia bilateral de inteligencia entre los ejércitos de Paraguay y
la Argentina.
Como en 1984, el poder no era un medio, sino un fin en sí mismo: "No
se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para
establecer una dictadura -dice Orwell-. El objeto de la persecución no es más que la persecución
misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no
es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?" Como en 1984, la mentira parecía
verdad y la crueldad parecía respetable, dándole solidez al mismísimo viento: "...
emos estimado que debemos contar en el ámbito internacional no con un mando
centralizado en su accionar interno, sino con una coordinación eficaz que permita un
intercambio oportuno de informaciones y experiencias...", dicen los fundamentos de la
Primera Reunión de Trabajo de Inteligencia Nacional, organizada entre el 25 de
noviembre y el 1º de diciembre de 1975, en Santiago, Chile, por el coronel Manuel
Contreras, al frente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).
Puro papel frente a las narices de Martín Almada, sorprendido el 22
de diciembre de 1992, a las 11 de la mañana, por toneladas de documentos con membretes, firmas y
sellos en las afueras de Asunción. Membretes, firmas y sellos que reflejaban los 35
años de dictadura de Alfredo Stroessner, de 1954 a 1989. Y, sobre todo, los
secretos y la correspondencia de su policía política embarcada desde mediados de los años
setenta en una causa común con sus pares de la región: la Operación Cóndor.
El documento sobre la reunión de inteligencia, rubricado con el
sello de secreto, era el blanqueo, más que el acta fundacional, de la Operación Cóndor: "La subversión
desde hace algunos años se encuentra presente en nuestro continente, amparada por
concepciones políticas y económicas que son fundamentalmente contrarias a la
historia, a la filosofía, a la religión y a las costumbres propias de los países de
nuestro hemisferio -dice-. Esta situación descripta no reconoce fronteras ni países y
la infiltración penetra todos los niveles de la vida nacional".
Acuerdos de caballeros
La cruzada, en la cual estuvieron comprometidos los gobiernos de facto de Chile, la
Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú y Ecuador, era enfrentar la
llamada guerra psicopolítica, de modo de contrarrestar en conjunto las agresiones de
la subversión.
No, como hasta ese momento, por separado, sino codo a codo: "Están
combatiendo solos o, cuando más, con entendimientos bilaterales o simples acuerdos de
caballeros", dice el documento.
Por la Operación Cóndor, el presidente de facto de la Argentina
entre 1976 y 1981, Jorge Rafael Videla, en prisión preventiva desde 1998 por el robo de bebes durante la
dictadura, ha sido el primer procesado, desde el 10 de julio de este año, por el juez
Rodolfo Canicoba Corral. El primero y el único hasta ahora.
Un día antes, el augusto mentor de la Operación Cóndor, Pinochet,
era eximido de juicio por falta de juicio por la Sala Sexta de la Corte de Apelaciones de Santiago
después de haber purgado 503 noches en las afueras de Londres por el pedido de
extradición del juez español Baltasar Garzón, finalmente denegado.
Garzón echó mano de los Archivos del Terror. Con su descubrimiento,
en una comisaría de las afueras de Asunción, Almada se topó con su pasado. Marcado por
la muerte por tortura psicológica de su primera mujer, Celeste Pérez, docente, el 5 de
diciembre de 1974, mientras él, secuestrado 10 días antes, era sometido a
tormentos.
"Diez días después de mi secuestro, la despertaron a medianoche con
la excusa de que fuera a retirar el cuerpo del educador subversivo que había fallecido -dijo Almada a
LA NACION-. La noticia le provocó un infarto. En los días anteriores recibía llamadas
de la policía política. Le hacían escuchar mis llantos y mis alaridos en la sala
de tormentos. Murió por falta de atención médica. Los médicos del pueblo, San Lorenzo,
no se animaron a brindarle atención por temor a las represalias."
Almada, recibido de abogado en la Universidad Nacional de Paraguay,
es el primer doctor en ciencias de la educación de su país, carrera que cursó en la Universidad de
La Plata. En el momento de su secuestro, el 26 de noviembre de 1974, era director
del Instituto Juan Bautista Alberdi, de enseñanza primaria, secundaria y técnica,
de San Lorenzo, Paraguay, cargo que ejercía desde 1960.
"Fui secuestrado en mi lugar de trabajo por la policía política y
llevado directamente ante un tribunal militar integrado por autoridades paraguayas, civiles y militares, y por
los agregados militares de la Argentina, Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay -dijo-.
Me imputaron haber escrito mi tesis doctoral, en La Plata, titulada Paraguay. Educación
y dependencia."
Era sospechoso. Por promover el movimiento cooperativo Techo Propio
a Cada Educador Paraguayo.
Por militar en el Movimiento Popular Colorado (Mopoco), concebido
por Waldino Ramón Lovera y Miguel Angel Casabianca en Buenos Aires. Por su presunta
conexión con estudiantes subversivos de la Argentina y Chile.
La policía del pensamiento
A los ojos de sus captores, Almada era un terrorista intelectual. En
el sótano del instituto que dirigía, intervenido en los siguientes 20 años, adujeron que habían
encontrado armas cortas y largas.
La policía de Stroessner era algo así como la policía del
pensamiento de Orwell. Y Contreras en persona, emisario de Pinochet, firmaba las invitaciones, en octubre de
1975, para la reunión de fines de noviembre con sus pares regionales.
A ellas, a las que tuvo acceso LA NACION, igual que a los otros
documentos, adjuntó el temario: un pantallazo sobre la subversión y las redes de inteligencia en Chile, el
primer día, y una invitación a exponer sobre idénticos asuntos en los otros países.
Con un margen generoso para las intervenciones de los delegados extranjeros: una
hora y media cada uno.
Prólogo del plan de coordinación de inteligencia de cada país que,
en realidad, ya estaba vigente. Sólo faltaba una organización formal en la cual, según el Anexo A del
esquema presentado por Contreras, una secretaría, una oficina de partes y otra de
seguridad dependían de un director. De ellas dependían, a su vez, secciones
específicas: banco de datos, antecedentes, microfilms, central de informaciones,
criptografía, correos, apoyo administrativo, personal, materiales y fondos.
La mecánica de consulta, desglosada en el Anexo B, describía un
centro coordinador que verificaba archivos propios y ajenos, recibía antecedentes y, al mismo tiempo,
pedía más a los otros. Usaban para comunicarse entre sí un sistema de sustitución
simple. Cada letra minúscula del alfabeto corriente, llamado claro, debía ser
reemplazada por una mayúscula del alfabeto cifrador, llamado clave. La a por la D, la
b por la Q, la c por la Z, la d por la Y, y así sucesivamente hasta la z por la O.
El modelo del banco de datos era la filial de Interpol en París. Con
un capítulo exclusivo: la subversión. "Para obtener un eficaz rendimiento en el uso del banco de
datos es necesario contar con un sistema de comunicaciones moderno y ágil que
permita cumplir con los principios de rapidez y oportunidad en la entrega de la
información", dice el documento, cual programa tentativo. Y da como ejemplos la
transmisión por télex, los medios de criptografía, los teléfonos con inversores de voz y
el correo.
Stroessner, ofendido por haber recibido en noviembre una invitación
fechada en octubre, decidió que asistiera el agregado militar en Santiago, coronel Ricardo
Bogado Silva, en lugar de un representante de alto rango de la inteligencia de
Asunción. Luego designaría al general Alejandro Fretes Dávalos como coordinador del
sistema.
La Operación Cóndor, sin embargo, ya había cobrado sus víctimas.
Como el general chileno Carlos Prats, comandante en jefe del ejército durante el gobierno de Allende,
y de su mujer, Sofía Cuthbert, asesinados el 30 de septiembre de 1974 en Buenos
Aires. Como Bernardo Leighton, dirigente de la democracia cristiana chilena, y su
mujer, Anita, heridos de gravedad, el 6 de octubre de 1975, en Roma. Como Almada.
Y cobraría otras después.
"Insistí con mi inocencia, lo que enfureció a Pastor Coronel, jefe
de la policía política de Paraguay -dijo Almada-. Ordenó a sus especialistas que me hicieran cantar y me
ordenaron firmar una declaración prefabricada. Tuve miedo de mirarlos. Me pareció
que sus ojos lanzaban fuego. Que dejaban de ser hombres para ser bestias. Sabía
que los verdugos de la Argentina y de Chile se presentaban ante sus víctimas con
máscaras. En el régimen de Stroessner no necesitaban ocultarse. La ferocidad era
mérito de rápido ascenso. Me torturaron con golpes de karate, látigos, cachiporras,
focos enceguecedores, picanas, zambullidas en aguas fétidas. Música brasileña
neutralizaba nuestros gritos de dolor, desesperados, y evitaba que los vecinos y los
feligreses que iban a misa en la catedral, a dos cuadras, advirtieran ese infierno."
Manual de supervivencia
A un paro cardíaco, razón de una internación urgente en el
Policlínico Policial de Asunción, sobrevino una recuperación rápida y renovadas torturas. Entre los
documentos que halló Almada en los Archivos del Terror, uno, en particular, le llamó
la atención. Era un libro titulado Cómo mantener vivos a los torturados.
"En la noche del 26 de diciembre de 1974 fui trasladado con otros 42
prisioneros políticos a la Comisaría Primera, sede de la naciente Interpol-Paraguay -dijo Almada-.
Estábamos en el primer piso, y desde la ventana, veíamos que los verdugos jugaban
ping-pong y fútbol de salón los sábados por la mañana. Los conocíamos a todos,
pero no sabíamos sus nombres. Un día fue puesto en nuestra celda el comisario Mario
Mancuello, castigado por no haber informado que su hijo Carlos pertenecía al Centro
de Estudiantes de la Universidad de La Plata. Yo quería saber cómo había muerto mi
esposa y por qué me interrogaban militares extranjeros. ÔMartín Almada, me
respondió, estamos en las garras del Cóndor'."
Era la primera vez que oía de la Operación Cóndor.
Por mala conducta, Almada fue transferido, el 3 de mayo de 1975, a
la prisión de alta seguridad. La llamaban Sepulcro de los Vivos. En ella, según dijo, estaban desde
hacía más de 15 años los detenidos más antiguos de América latina, como Antonio y
Ananías Maidana, Alfredo Alcorta, Julio Rojas, Virgilio Bareiro, Dimas Acosta y
Felipe Vera Báez, entre otros.
"Me parecía haber sido transportado a una de esas prisiones romanas
de la era esclavista que, siendo niño, había visto en la película Quo Vadis? durante Semana
Santa -dijo-. Una verdadera jaula. Desde el exterior, oficiales y sargentos nos
observaban como a seres extraños, venidos de otro planeta. No existíamos, en suma.
En la celda contigua, pero en peor condición que nosotros, estaba un argentino,
Amílcar Latino Santucho, abogado. Me comentó que había pasado por el vía crucis
del Tribunal Militar Cóndor con su compañero chileno, Jorge Isaac Fuentes Alarcón,
del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Fue la segunda vez que escuché
que estábamos en las garras del Cóndor."
Poco a poco, la idea de una conspiración internacional iba cobrando
cuerpo en Almada. En prisión conoció, por ejemplo, a la doctora Gladys Meilinger de
Sannerman, paraguaya, dueña de un sanatorio en Misiones, secuestrada en 1974 por
la policía política de Stroessner con ayuda de las autoridades argentinas. El marido
de ella, Rodolfo Jorge Sannerman, también paraguayo, había sido torturado en
Buenos Aires.
"La doctora Sannerman me contó que éramos víctimas de la alianza
militar y política de intercambio de información, ubicación de supuestos subversivos o terroristas, y
tortura, ejecución o traslado, sin más protocolo o pase libre de cualquier país
miembro -dijo Almada-. En ese momento ya tenía claro el panorama. También
conocí en ese infierno a un joven estudiante argentino, Oscar Rojas, muy católico, entregado
a las autoridades argentinas."
En el Sepulcro de los Vivos, Almada hizo huelga de hambre durante 30
días. Intervinieron Amnesty International y el Comité Inter-Iglesias de Paraguay. Y, gracias
a ellos, recuperó la libertad. Fue el 27 de septiembre de 1977.
Por nuevas persecuciones halló asilo en la embajada de Panamá y, el
28 de febrero de 1978, partió rumbo a ese país con sus tres hijos, Ricardo, Lincoln y Celeste. Fue
declarado huésped de honor por su libro Paraguay. Educación y dependencia,
inspirado en el modelo educativo panameño de 1971. Recibió, asimismo, condecoraciones en
Francia, Brasil y la Argentina.
Almas en pena
Almada, consultor de la Unesco para América latina entre 1978 y 1992, tiene 64
años. Está casado en segundas nupcias con María Stella Cáceres, argentina,
profesora universitaria. Vive en Manhattan, Kansas, donde ejerce como profesor
visitante de la cátedra de Derechos Humanos de la Universidad del Estado.
En París, mientras trabajaba para la Unesco, quiso reconstruir su
pasado. Y, para ello, se valió del consejo del comisario Mancuello, ex compañero de prisión: seguir la
Revista Policial Paraguaya.
Tres hechos hilaron su búsqueda: la caída de Stroessner, entre el 2
y 3 de febrero de 1989, por un golpe de Estado encabezado por el general Lino Oviedo, razón de su
exilio desde entonces en Brasilia, y la reforma constitucional y la incorporación del
recurso de hábeas data, en junio de 1992. Tres meses después pidió sus antecedentes a
la policía paraguaya, pero halló una respuesta negativa: no existían.
"Un día me encontré con una señora de más de 70 años que me
preguntó: '¿Usted es el maestro Martín Almada?' -dijo-. Nos abrazamos, emocionados. Después cambió de
actitud.'Ah, ustedes, los que se fueron, vuelven como héroes, y nosotros, los que nos
quedamos, seguimos sufriendo -me dijo-. Pastor Coronel (jefe de la policía política)
me sacó por la fuerza esa propiedad que usted ve allí. No se acerque a ella en
vísperas de mal tiempo -me dijo-, porque jóvenes argentinos, uruguayos, chilenos,
lloran, piden socorro a gritos'. '¿Viven allí?', le pregunté. 'No -me dijo- son
sus almas en pena'."
Un allanamiento de los archivos de la Jefatura Policial, en
Asunción, no había dado resultado. En el despacho de abogado de Almada, después de un llamado telefónico,
apareció una mujer elegante que le dio una pista: los papeles estaban en la casa
descripta por la anciana, la comisaría de Lambaré, barrio obrero que queda a 20
kilómetros de la capital paraguaya.
Después supo que su informante había estado casada con un
funcionario gubernamental que se había enamorado de su secretaria.Una anécdota trivial, pero
clave, frente al allanamiento encabezado por el juez José Agustín Fernández,
venciendo la resistencia inicial del comisario.
En aquellos años, como en 1984, la dialéctica hegeliana campeaba con
sus dobles sentidos en newspeak. O neolengua. "La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud
y la ignorancia es la fuerza", según Orwell. Sobre todo, eso: la ignorancia de muchos
era la fuerza de unos pocos. O el fin. RXJ. Es decir, fin.
Por Jorge Elías De la Redacción de LA NACION
Estado de situación, en 1975
En julio de 1975, las conclusiones de la VII Conferencia Bilateral
de Inteligencia entre los ejércitos de Paraguay y la Argentina parecían premonitorias: "No se puede negar
la necesidad de una eficiente coordinación de actividades de inteligencia entre lo
ejércitos de Paraguay y de la Argentina como el mejor medio para coartar el logro de
los planes elaborados por los grupos subversivos", dice la introducción del
documento, al que tuvo acceso LA NACION.
Eran las vísperas de la reunión de inteligencia en Santiago, Chile,
en la cual iba a cobrar forma la Operación Cóndor.
El objetivo de la subversión era la socialización de América latina,
según el documento. La filosofía era la lucha armada. Y la
estrategia era continentalizarla.
Hasta entonces, según el documento, la situación pormenorizada era
la siguiente.
Bolivia: "... El gobierno del general Hugo Banzer, luego del golpe
de Estado que derrocara al gobierno marxista del general Torres, se abocó a depurar a los elementos
marxistas localizados en todos los sectores del gobierno... "
Brasil: "... El gobierno de Brasil, con las experiencias asimiladas
de los países que han caído bajo el flagelo de los elementos subversivos orientados y solventados desde
el exterior, con el establecimiento de un estricto control de las actividades y de los
miembros responsables de la conducción de los distintos campos del poder, ha
podido mantener y controlar las actividades posibles y futuras de estas organizaciones..."
Chile: "... Con el golpe militar que destituyó al gobierno marxista
de Salvador Allende y las posteriores acciones de las fuerzas armadas contra sus elementos
componentes se disipó la intención y la preparación por parte de los países líderes
del comunismo de establecer la base principal desde donde irradiar la subversión a
los países componentes del Cono Sur, obligando a los elementos marxistas a
replegarse hacia el Perú y hacia la Argen tina..."
Perú: "... La junta militar sigue consolidando su posición y, con la
caída del poder socialista en Chile, el grueso del esfuerzo económico, político y militar de los países
socialistas se volcó hacia ella, constituyéndose actualmente, con la experiencia
chilena, en una futura base de operaciones de las acciones subversivas para
América latina en estrecha colaboración con Cuba y los elementos marxistas establecidos y
organizados en Bolivia y en la Argentina..."
Uruguay: "... Las Fuerzas Armadas uruguayas obtuvieron una rotunda
victoria contra los tupamaros, obligando al resto de esa organización a dirigirse fuera del país,
principalmente hacia la Argentina, el Perú, Cuba y países e uropeos..."
Venezuela: "... Se puede afirmar que las fuerzas armadas mantienen
el control de las actividades subversivas a pesar del apoyo masivo recibido por éstas desde Cuba y
están en condiciones de derrotarlas, a corto plazo, en forma de finitiva..."
Paraguay: "... las ideas marxistas no encuentran el campo fértil que
han hallado en países divorciados de su pasado y geográfica o étnicamente no integrados como
nación. Es por ello que, hoy en día, la estrategia de infiltración del comunismo en el
Paraguay parece haber desechado a las masas obreras para orientarse hacia el
campo estudiantil, fundamentalmente el universitario, buscando en el cambiante
pensamiento juvenil introducir y hacer germinar sus concepciones como símbolo de
esnobismo que generalmente deslumbra mentes políticamente casi vírgenes..."
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