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En la madrugada del 18 de julio de
1992, miembros del Servicio de Inteligencia del Ejército
(SIE) y de la Dirección de Inteligencia del Ejército
(DINTE) irrumpieron en las viviendas de estudiantes
y profesores de la Universidad Nacional Enrique Guzmán
y Valle, La Cantuta. Los militares se retiraron llevándose
con ellos al profesor Muñoz Sánchez y a nueve estudiantes:
Lozano Torres, Oyague Fierro, Ortiz Perea, Amaro Condor,
Teodoro Espinoza, Pablo Meza, Flores Chipana, Rosales
Cárdenas y Mariños Figueroa.
El 12 de julio de 1993 la revista "Sí" dio a conocer
el lugar en que habían sido enterrados parte de los
restos humanos pertenecientes a los secuestrados de
la Cantuta. La Fiscalía realizó entonces las diligencias
de constatación respectivas, descubriendo varias fosas
clandestinas que contenían restos óseos, tejidos humanos,
restos de cabello, restos de ropas, dos juegos de llaves,
además de casquillos, proyectiles de bala y restos de
cal. |
| En
horas de la madrugada del 18 de julio de 1992, miembros
del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) y de
la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE), entre
ellos, Santiago Martín Rivas y otros integrantes -en
su mayoría del denominado Grupo Colina- irrumpieron,
encapuchados y armados, en las viviendas de estudiantes
y profesores de la Universidad Nacional Enrique Guzmán
y Valle, La Cantuta.
Una vez que los militares ingresaron a las residencias
estudiantiles, obligaron a todos los estudiantes a salir
de sus dormitorios y a echarse al piso en posición de
cúbito ventral. Uno de los efectivos procedió a levantar
la cabeza de cada uno de los estudiantes, tomándolos
por el cabello y apartando a los que finalmente fueron
detenidos, siendo éstos: Bertila Lozano Torres, Dora
Oyague Fierro, Luis Enrique Ortiz Perea, Armando Richard
Amaro Cóndor, Robert Edgar Teodoro Espinoza, Heráclides
Pablo Meza, Felipe Flores Chipana, Marcelino Rosales
Cárdenas y Juan Gabriel Mariños Figueroa.
Después de efectuar estas acciones, los militares ingresaron
en forma violenta en la vivienda del profesor Hugo Muñoz
Sánchez, trepando por la pared que da al patio y destrozando
la puerta de servicio. Luego amordazaron al profesor
Muñoz Sánchez y le cubrieron la cabeza con un pantalón
negro. Algunos de los atacantes revisaron el dormitorio
del profesor Muñoz y a la vez impidieron que su esposa
saliera de dicho dormitorio. Los efectivos militares
procedieron a llevarse a viva fuerza al profesor Muñoz
Sánchez, quien al momento se encontraba descalzo y con
el torso desnudo. El operativo fue filmado por uno de
los captores. En el camino de la casa del profesor Muñoz
Sánchez a la puerta de ingreso a las residencias de
los docentes, algunos testigos, entre ellos el señor
Octavio Mejía Martel y su esposa, intentaron intervenir
en su favor, pero fueron encañonados y obligados a retirarse.
Los militares se retiraron de la universidad, llevándose
con ellos al profesor Muñoz Sánchez y a los nueve estudiantes
mencionados anteriormente.
Los cadáveres de las víctimas fueron enterrados clandestinamente,
y recubiertos con cal en tres fosas en la zona denominada
Cerro Santa Rosa, Km. 1.5 de la autopista Ramiro Prialé,
propiedad de Sedapal. Posteriormente, y a raíz de una
denuncia pública formulada por el congresista Henry
Pease, los autores materiales del asesinato procedieron
a desenterrar los cuerpos, a incinerarlos y a trasladarlos
a nuevas fosas clandestinas, ubicadas en Chavilca, Cieneguilla.
El 12 de julio de 1993 la revista "Sí", dirigida por
Ricardo Uceda, publicó un croquis en el cual se indicaba
el lugar en que habían sido enterrados parte de los
restos humanos pertenecientes a los secuestrados de
la Cantuta. La Fiscalía realizó entonces una diligencia
de constatación en la quebrada de Chavilca, en la localidad
de Cieneguilla. En dicha diligencia se constató la existencia
de cuatro fosas clandestinas que contenían restos óseos
-la mayoría calcinados- en dos de ellas, dos juegos
de llaves, un proyectil de bala, restos de ropas, cabellos,
etc. También por denuncia del Director de la Revista
"Sí", la Fiscalía realizó diligencias de constatación
en el Km. 1.5 de la autopista Ramiro Prialé, en un paraje
dentro de los terrenos de la Planta de Tratamiento de
La Atarjea, de la empresa Sedapal, que fue usado hasta
ese momento como campo de prácticas de tiro por la Policía
Nacional. Ahí se hallaron nuevas fosas clandestinas
que contenían restos óseos (un esqueleto humano completo
con ropa, medio esqueleto, tejidos humanos, restos de
cabello y ropas), además de casquillos, proyectiles
de bala y restos de cal.
Las pruebas obtenidas por la Fiscalía se pudo concluir,
en resumen, que los restos hallados en Cieneguilla y
en el Km. 1.5 de la autopista Ramiro Prialé correspondían
por lo menos a tres de los agraviados, los estudiantes
Luis Enrique Ortiz Perea, Armando Amaro Cóndor y Juan
Gabriel Mariños Figueroa. También se determinó con certeza
que uno de los restos hallados en Cieneguilla corresponde
a Bertila Lozano Torres, atendiendo al reconocimiento
hecho por el Técnico Dental Juan Miguel Vásquez Tello.
Se determinó igualmente que varios de los restos hallados
en Cieneguilla corresponden a los estudiantes Robert
Teodoro Espinoza y Heráclides Pablo Meza, atendiendo
al reconocimiento de los restos de ropas efectuado por
sus familiares. Se estableció también que algunos de
los restos hallados en Cieneguilla correspondían al
profesor Hugo Muñoz Sánchez. |