Los religiosos y las religiosas,
estando cercanos y cercanas a la vida del pueblo pobre, conocemos de sus
experiencias lamentables durante los 20 años de violencia en nuestro país
y sentimos su dolor reprimido como una herida no cerrada a través del
tiempo. Percibimos fuertemente la gran necesidad de que se le escuche a
todo nivel, que se conozca la magnitud de las violaciones de los
Derechos Humanos como un acto de Justicia, para que – conociendo la
Verdad en nuestra Patria - no vuelvan a pasar más tantas atrocidades y
se llegue a la Reconciliación.
Reconocemos y estamos conscientes que
la Comisión de la Verdad y Reconciliación desarrolla un trabajo serio
y científico en equipo con otras personas especializadas y se está
entregando con mística y solidaridad al servicio de escuchar el dolor
de los familiares, quienes desean conocer lo ocurrido con sus seres
queridos.
Lamentamos las voces de desprestigio
que se están levantando contra esta Comisión y le pedimos no dejarse
desanimar en su noble quehacer; nos unimos a las diversas Instituciones
Civiles y a los familiares de los muertos y desaparecidos que ya se
pronunciaron en favor de su continuidad.
Consideramos que en esta aurora democrática,
todos y todas debemos apoyar a la Comisión de la Verdad, para que
ratifique su compromiso con el proceso democrático, desde la
institucionalización del respeto a los derechos humanos, tanto por
parte del Estado como de la sociedad, para forjar un futuro de Justicia
y Paz.
Lima, 20 de Abril de 2002.
Conferencia de Religiosos del Perú
-CRP