El Comercio

(09 de octubre del 2001)

Justicia reparadora

 

En el Perú ya tenemos Comisión de la Verdad y la Reconciliación. No está demás explicitar esta dimensión de reconciliación pues tras un proceso difícil y laborioso, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación tiene que conducir a rehacer las relaciones entre los peruanos, tan maltratadas por la violencia política en el pasado y vivir por fin como un pueblo con una historia, una misión y un destino común.

En las comisiones de la verdad hay tres dimensiones indesligables entre sí que son: verdad, justicia y reconciliación, pasando por una reparación moral y material que trate de aminorar el mal causado ya que nunca podrá compensar totalmente el daño sufrido. Resulta imperativo esclarecer la verdad, investigar y saber qué pasó en esos veinte años de atroz violencia política, no para hurgar en viejas y dolorosas heridas sino precisamente para sanarlas a fondo. El hecho de que las víctimas de ambos lados puedan decir su palabra es un aporte de primera mano al esclarecimiento de lo ocurrido que tiene que completarse y confrontarse con otras fuentes de investigación. En la escucha de las víctimas o de sus familiares, hay ya un atisbo de justicia que tal vez por primera vez van a ser escuchados con respeto, con cercanía y afecto por representantes del Estado.

Para las víctimas es importante que se las reconozca como tales y este mecanismo les permite descubrir que su sufrimiento no es sólo personal sino también social. Sólo el hecho de narrar lo vivido y padecido tiene un efecto terapéutico y liberador que a la vez permite escuchar voces largamente silenciadas. Su efecto catártico es importante pues permite que las víctimas sean escuchadas y respetadas en su sufrimiento por un órgano dispuesto oficialmente para representar a la sociedad en esa área.

La verdad no solamente trata de descubrir hechos sino también el contexto en el que estos se dieron e identificar las causas que hicieron posible situaciones tan dolorosas, precisamente para que nunca más vuelvan a repetirse. Todo esto exige una investigación rigurosa e imparcial, movida por un deseo claro de justicia y reconciliación.

Este descubrimiento de la verdad responde también a la necesidad de dejar a las generaciones futuras una memoria histórica colectiva que permita conocer lo sucedido y a la vez no olvidar ni ocultar un pasado reciente que nos tocó vivir. Dejar memoria de los hechos de violencia política y de sus responsables es importante para ayudar a buscar sentido al 'sinsentido', afirmando su injusticia y la dignidad de las víctimas y favoreciendo una sanción social a los victimarios y reparaciones a las víctimas, posibilitando experiencias personales y colectivas de identidad.

La verdad reconcilia desde la sanación que produce pero no podemos olvidar la justicia pues sin esto se consolida la impunidad. Hay que reconocer que no es fácil armonizar justicia y reconciliación porque hay crímenes gravísimos que tienen que ser sancionados pero nunca con sabor a venganza.

El dilema entre impunidad y justicia no ha sido plenamente resuelto por las realizaciones históricas de las Comisiones de la Verdad que hasta ahora conocemos pero, la introducción de la verdad social de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas significa ya el restablecimiento de los límites éticos y una sanción moral que sustituya la sanción penal imposible de aplicar en algunos casos.

En estos días, un grupo de teólogos y expertos católicos y evangélicos se reúnen en Lima para reflexionar sobre el significado de la verdad, la justicia y la reconciliación como pilares éticos para el logro de una convivencia democrática. A propósito de la reunión, resulta pertinente remarcar la urgencia de una sensibilidad frente al clamor de las víctimas de la violencia política; no permitir que la indiferencia o el miedo nos hagan inmunes a su sufrimiento. Aunque de un modo evidentemente desigual, todos tenemos algún grado de responsabilidad en los hechos ocurridos, aun cuando sólo sea por haber callado ante el horror. Ya tenemos una Comisión de la Verdad y Reconciliación para el Perú. Esta no es sólo responsabilidad de los comisionados, de algún modo nos incumbe a todos hacer que esta pueda cumplir con los exigentes objetivos trazados. Lo que está en juego es nuestra historia y nuestro futuro como nación integrada, democrática y reconciliada.

 

(*) Instituto Bartolomé de las Casas - Rímac.

Pilar Coll (*)

 

 

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