|
La reconciliación
nacional exige esclarecer un pasado doloroso, pero con prudencia, para
cerrar las heridas y asumir los retos del futuro
Deben resaltarse por
positivos los logros de las investi gaciones que realiza la Comisión de
la Verdad y la Reconciliación en el esclarecimiento de los excesos
contra los derechos humanos cometidos en las últimas décadas.
Al arduo trabajo de campo
desarrollado por la mencionada comisión en las zonas que fueron
afectadas por el terrorismo "en cuanto a la identificación de
fosas comunes y recojo de testimonios de los deudos", se suma ahora
la detallada información estadística alcanzada por la Defensoría del
Pueblo, que proporciona datos valiosos sobre el volumen de personas
desaparecidas.
Se trata de 4.022
denuncias que, entre otras variables, dan luces sobre el año en que se
produjo la detención forzosa de las víctimas, sus edades y los actores
involucrados en las supuestas violaciones.
Sin duda, esta información
coadyuvará al cumplimiento del objetivo principal de la Comisión de la
Verdad y la Reconciliación: establecer qué fue lo que ocurrió
realmente a lo largo de las últimas dos décadas para, confrontado con
aquel pasado doloroso, el país pueda cerrar definitivamente las heridas
y caminar hacia el desarrollo que tanto necesita.
Es por ello fundamental
insistir en la importancia de que la comisión siga cumpliendo sus
tareas con la misma prudencia.
Desde
una perspectiva integral, debe considerar que efectivamente los
asesinatos fueron cometidos por militares y policías, pero sobre todo
por terroristas; que muchos civiles y militares pecaron de omisión al
permitir de modo cómplice políticas violadoras de los derechos
humanos.
Pero
del mismo modo, como señalamos en anterior editorial, tiene que ser
consciente de que sería muy peligroso generar un resentimiento político
y social mayor al que ya puede existir en algunos lugares, como en las
antiguas zonas de emergencia, pues eso no solo iría contra el fin de
reconciliación buscado, sino que afectaría instituciones militares y
policiales que están en un delicado proceso de recomposición.
La
parte punitiva, así como el perdón tan solo encontrarán su espacio
con la transparencia de la verdad, única meta a la que hoy por hoy nos
debemos dedicar.
|