La República

Javier Diez Canseco
(13 de marzo del 2002)

El que no la debe, no la teme (1)

 

Javier Diez Canseco

El ex presidente Alan García -quien gobernó al país entre 1985 y 1990, y parece querer hacerlo en el 2006 o antes- ha pretendido cuestionar públicamente la labor y metodología de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
En una entrevista concedida al El Comercio, García ha señalado que las violaciones de los derechos humanos -\«si es que ocurrieron\», dice- fueron a espaldas de su gobierno. También afirma que la Comisión de la Verdad no se ajusta al orden cronológico de los hechos, pues se habría salteado al ex presidente Fernando Belaunde. Y, finalmente, suelta que la Comisión de la Verdad se halla ideologizada.
A través de estas y otras afirmaciones, García ha pretendido minimizar la vital significación que esta investigación tiene para el país y quitarle a la Comisión, la autoridad moral para que investigue. García no reconoce heridas abiertas, ni problemas pendientes. No habría aprendido nada en materia de derechos humanos, luego de su criticada gestión gubernamental.
Las declaraciones de García sobre la Comisión de la Verdad y Reconciliación contradicen la declaración pública que firmó el 9 de marzo del 2001, junto a Toledo. En ella, se comprometió a reconocer la \«vital importancia\» que tiene el funcionamiento de la Comisión de la Verdad en el Perú, y la urgencia de otorgarle las medidas necesarias para su buen funcionamiento.
Los responsables estatales de graves violaciones de los derechos humanos, en los últimos 20 años de violencia política, no han sido investigados, ni sancionados.
Desde 1980, miles de ciudadanos fueron injustamente detenidos y desaparecidos, torturados y ejecutados extrajudicialmente.
Sin embargo, hay que separar la paja del trigo. La actitud de estos ex mandatarios respecto a violaciones de derechos humanos ha sido distinta. El Arquitecto Belaunde no se ha pronunciado en contra de los comisionados. Es más, Belaunde -por motu proprio- decidió por Decreto Supremo formar una Comisión Investigadora para esclarecer lo sucedido en la matanza de Uchuraccay. Ello reveló una actitud de transparencia y no encubrimiento en su accionar. Fujimori -coludido con Montesinos- violó sistemáticamente los derechos humanos en el Perú, impidiendo en todo momento investigar. Pero, según el último informe de la Defensoría, las denuncias por violaciones de derechos humanos aumentaron en el gobierno de García y disminuyeron en el de Fujimori, porque con el último los asesinatos fueron selectivos y contaron con un escuadrón de la muerte llamado Colina.
El proceso por el cual el militarismo se recompuso en el Perú -después del gobierno militar y de la constituyente de 1978- se relaciona con el lanzamiento del accionar terrorista de Sendero Luminoso, pero también con una política contrasubversiva estatal.
Esta política contrasubversiva militarizó la sociedad y la política en el Perú.
Fue cediendo el control político de zonas a los militares a través de los comandos político-militares, marginando a las autoridades civiles, imponiendo al inicio una política de represión indiscriminada, con un pésimo trabajo de inteligencia. Paralelamente a ello, la pérdida del rol del Poder Judicial, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la prensa permitieron que estos comandos actúen con total impunidad.
Durante el régimen de García esta situación se desarrolló al punto que su gobierno terminó con una amenaza de golpe de Estado, concretado con el autogolpe de Fujimori de 1992.
García tiene responsabilidad directa por las violaciones de los derechos humanos ocurridos durante su gobierno como veremos. En segundo lugar, tiene una responsabilidad política como jefe de Estado por el brutal deterioro del régimen democrático y una conducción económica atroz que condujo a una hiperinflación y un enorme malestar social.
En tercer lugar, García tiene responsabilidad porque la corrupción ocurrida en su período privó de fuerza ética y moral al Estado. Y, porque terminó apoyando la impunidad militar. El ex presidente, buscando estabilidad para su gobierno, se alía con los militares, acrecentando su poder político. Prueba de ello, es la existencia del Comando Rodrigo Franco y los grupos paramilitares que después derivarían en el grupo Colina. Además, García presionó sobre el Congreso de entonces para evitar que las Comisiones Investigadoras esclarezcan los hechos y por proteger a los culpables castrenses evitando que sean sancionados con justicia.
Alan García no entiende que es imposible una reconciliación nacional si antes no se conocen los hechos. Otras experiencias latinoamericanas nos enseñan que el proceso encaramiento de estos fenómenos requiere un proceso de reconciliación nacional basado en la verdad y la justicia. En esos países, las investigaciones sobre violaciones de los derechos humanos de este tipo se están efectuando después de 20 ó 25 años. El Perú tiene una situación excepcional en este terreno -a diferencia de otros países- porque las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad aquí se realizan paralelamente a un Poder Judicial con facultad de procesar los casos imprescriptibles, como los delitos de lesa humanidad. Además, en el Perú, la Ley de Amnistía ha sido declarada inaplicable por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Congreso Nacional. A la vez, funcionan en el Congreso, Comisiones Investigadoras con facultad para investigar este tipo de hechos. (Sigue)

 

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