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A dos semanas de su evacuación, el informe de la
Comisión de la Verdad y la Reconciliación ya es un feroz campo de
batalla político. Pero desde ahora el informe de la CVR está ventilando
verdades sobre el Perú de 2003. La más obvia es que sectores influyentes
no tienen el menor interés en que el tema de la violencia 1980-2000 sea
aireado.
Las reacciones negativas a este tipo de proceso se han dado en todos los
29 países (siete latinoamericanos) donde se puso en marcha. En todos los
casos la democracia resultó fortalecida, y ningún país se dividió por
haber buscado saldar algunas cuentas con el pasado reciente. Al contrario,
el presente y el futuro se hicieron mucho más llevaderos.
El propio debate que estamos viviendo en torno de un informe no revelado
constituye una valiosa catarsis frente a un trauma nacional que se
consideraba superado. Progresistas, reaccionarios, demócratas o
autoritarios están saliendo a decir cosas que en otra circunstancia se
hubieran guardado, como guía inconsciente de sus acciones.
Sin embargo es poco probable que el informe de la CVR sea una solución.
Será, en el mejor de los casos, una motivación para debatir dimensiones
enterradas de las relaciones sociales en el país: la verdad, el olvido,
el perdón, el encono, el racismo, la solidaridad. En el fondo,
inevitablemente, estamos hablando de mandatos cristianos.
Como dice Eric Green en un documento publicado por USIS en 1996, las
comisiones de la verdad son "ejercicios para purgar la conciencia
nacional". Purgarla, entre otras cosas, de pulsiones asesinas como la
de Sendero Luminoso, y las reacciones simétricas que precipitó. ¿Quién
se atrevería a decir que eso ya no es una necesidad?
A la luz de esto es lamentable la chatura de las críticas más difundidas
a la CVR. Son operativos de inteligencia orientados a liquidar prestigios
personales, en la línea del trabajo sucio de la prensa basura de los años
90, llevados adelante por varias de las mismas personas. Gente a la que
evidentemente no le interesa verdad alguna.
El público comenzó apoyando la idea de una CVR por amplia mayoría. Las
campañas en contra la han recortado, pero el apoyo sigue siendo
mayoritario. Pero esta no es una elección, sino sobre todo una explicación,
antes que nada a los deudos de campesinos, soldados, policías, e incluso
terroristas. No hay argumento político que justifique negársela.
Algunos políticos vienen difundiendo implícitamente la idea de que el
perdón y la reconciliación van a ser obligatorios a partir de setiembre.
Jamás lo son. Pero quien no perdona simplemente por falta de información,
ese sí está obligatoriamente condenado a la incapacidad de elegir, y por
tanto al encono, que no es sino otra forma de ceguera. |