|
|
|
Por Rodrigo Montoya,
desde Barcelona
Esperé que pasaran unos
días para escribir con tranquilidad sobre lo ocurrido en la Comisión
de la Verdad. Lo que importa sobre todo es el trabajo de la Comisión,
pues el breve episodio de mi historia personal es sólo un elemento de
importancia menor.
El lunes 27 de agosto me llamó por teléfono el Dr. Alejandro Toledo,
Presidente de la República. Fui a la cita convenida. Me dijo:
"Quiero tener el honor de que formes parte de la Comisión de la
Verdad". ¿Por qué yo?, le pregunté. "Porque quiero que las
comunidades campesinas y nativas tengan un buen representante", me
respondió. Era un argumento fuerte, una especie de piropo sobre mi
trabajo. Le dije que sí, que le agradecía la distinción.
El miércoles 5 de setiembre, una hora y cuarto antes de la ceremonia de
presentación de la Comisión completa, el presidente me habló en su
casa: "Te lo diré directamente: lo siento, Rodrigo, no estarás en
la Comisión. He tenido que hacer un reajuste muy importante. Quiero que
me ayudes, tengo algunas cosas que proponerte y te ruego que me hagas
una hojita con tus ideas sobre la cultura y el poder, quiero para ti un
puesto en el que te sientas mejor. Lo de la Comisión no es tan
importante como parece". ¿Quiénes pidieron mi cabeza?, le pregunté.
"Nadie, me dijo, y si alguien lo hubiera hecho yo no lo habría
permitido". ¿Y por quién me reemplaza? "Tengo dos o tres
nombres".
Un hasta luego cerró la conversación.
Me reemplazó por el teniente General Arias Graziani. El sacerdote Antúnez
de Mayolo sería un nuevo miembro pleno, mientras el Monseñor Bambarén
sería un miembro observador. Hasta aquí la anécdota personal.
1. ¿Qué significa la
entrada de un Teniente General de la FAP a la Comisión de la Verdad?
Se trata de la llegada de un hombre que será juez y parte. Con su
entrada, los senderistas, los emerretistas y los familiares de los
desaparecidos se sentirán con el derecho de exigir un lugar en esa
Comisión. Para hacer un buen trabajo dentro de la Comisión se requiere
distancia e independencia de todos los actores. Aunque haya sido
escogido personalmente por el Presidente o elegido por la fuerza armada,
el Sr. Arias Graziani será una voz de defensa de las fuerzas armadas.
Habría que ser ingenuos para suponer que no sea así.
2. ¿Qué ocurre en la
Iglesia Católica peruana para que pretenda y consiga tres sillas en una
simple Comisión?
Ya tenía un sacerdote, de quien tengo buenas referencias por su trabajo
de base en el sur del Perú. También al Dr. Lerner, Rector de la
Universidad Católica y Presidente de la Comisión, inteligente y capaz,
plenamente digno para defender con solvencia un punto de vista católico
sobre la realidad. No fueron suficientes. El Monseñor Bambarén sería
un nuevo miembro, pero la jerarquía quiso que sólo fuese observador
—¿observador de qué: de lo que hacen los comisionados, de la
realidad estudiada o de ambas cosas?—. En la aritmética de
posiciones, miembros y votos posibles supusieron que les haría falta
alguien más. El nuevo puesto correspondía al sacerdote Antúnez de
Mayolo. La sobrerrepresentación católica se cierra con el nombramiento
del Dr. Rolando Ames, a quien aprecio mucho desde hace más de treinta años.
Es un católico que donde vaya representa con dignidad su punto de
vista. Su participación en la Comisión que investigó los crímenes de
los penales habrá sido sin duda un argumento para su elección.
Las y los católicos con un mínimo juicio crítico deberán preguntarse
¿por qué esta sobrerrepresentación? Tampoco se trata de otra
ingenuidad.
3. ¿Por qué no un
representante de las religiones andinas?
Si los católicos tienen la sobrerrepresentación ya descrita y si el
presidente aceptó el reclamo de los evangélicos para ofrecerles una
plaza, ¿por qué no se acordó de los sacerdotes indígenas si los Apus
y la Pachamama fueron tan importantes para ganar votos? Cuidado,
lectoras y lectores, en caer en el error de suponer que todos los
campesinos e indígenas del país son católicos o evangélicos. Hay una
formalidad cristiana y un fondo poblado de Apus y de la Pachamama (también
de Cristo) en los Andes y en Lima, por supuesto, pero esas prácticas
religiosas son invisibles. Desde el poder no se les quiere ver.
|