La República

Rodrigo Montoya
(16 de setiembre del 2001)

Sobre la Comisión de la Verdad (I)

 

Por Rodrigo Montoya, desde Barcelona

Esperé que pasaran unos días para escribir con tranquilidad sobre lo ocurrido en la Comisión de la Verdad. Lo que importa sobre todo es el trabajo de la Comisión, pues el breve episodio de mi historia personal es sólo un elemento de importancia menor.
El lunes 27 de agosto me llamó por teléfono el Dr. Alejandro Toledo, Presidente de la República. Fui a la cita convenida. Me dijo: "Quiero tener el honor de que formes parte de la Comisión de la Verdad". ¿Por qué yo?, le pregunté. "Porque quiero que las comunidades campesinas y nativas tengan un buen representante", me respondió. Era un argumento fuerte, una especie de piropo sobre mi trabajo. Le dije que sí, que le agradecía la distinción.
El miércoles 5 de setiembre, una hora y cuarto antes de la ceremonia de presentación de la Comisión completa, el presidente me habló en su casa: "Te lo diré directamente: lo siento, Rodrigo, no estarás en la Comisión. He tenido que hacer un reajuste muy importante. Quiero que me ayudes, tengo algunas cosas que proponerte y te ruego que me hagas una hojita con tus ideas sobre la cultura y el poder, quiero para ti un puesto en el que te sientas mejor. Lo de la Comisión no es tan importante como parece". ¿Quiénes pidieron mi cabeza?, le pregunté. "Nadie, me dijo, y si alguien lo hubiera hecho yo no lo habría permitido". ¿Y por quién me reemplaza? "Tengo dos o tres nombres".
Un hasta luego cerró la conversación.
Me reemplazó por el teniente General Arias Graziani. El sacerdote Antúnez de Mayolo sería un nuevo miembro pleno, mientras el Monseñor Bambarén sería un miembro observador. Hasta aquí la anécdota personal.

1. ¿Qué significa la entrada de un Teniente General de la FAP a la Comisión de la Verdad?
Se trata de la llegada de un hombre que será juez y parte. Con su entrada, los senderistas, los emerretistas y los familiares de los desaparecidos se sentirán con el derecho de exigir un lugar en esa Comisión. Para hacer un buen trabajo dentro de la Comisión se requiere distancia e independencia de todos los actores. Aunque haya sido escogido personalmente por el Presidente o elegido por la fuerza armada, el Sr. Arias Graziani será una voz de defensa de las fuerzas armadas. Habría que ser ingenuos para suponer que no sea así.

2. ¿Qué ocurre en la Iglesia Católica peruana para que pretenda y consiga tres sillas en una simple Comisión?
Ya tenía un sacerdote, de quien tengo buenas referencias por su trabajo de base en el sur del Perú. También al Dr. Lerner, Rector de la Universidad Católica y Presidente de la Comisión, inteligente y capaz, plenamente digno para defender con solvencia un punto de vista católico sobre la realidad. No fueron suficientes. El Monseñor Bambarén sería un nuevo miembro, pero la jerarquía quiso que sólo fuese observador —¿observador de qué: de lo que hacen los comisionados, de la realidad estudiada o de ambas cosas?—. En la aritmética de posiciones, miembros y votos posibles supusieron que les haría falta alguien más. El nuevo puesto correspondía al sacerdote Antúnez de Mayolo. La sobrerrepresentación católica se cierra con el nombramiento del Dr. Rolando Ames, a quien aprecio mucho desde hace más de treinta años. Es un católico que donde vaya representa con dignidad su punto de vista. Su participación en la Comisión que investigó los crímenes de los penales habrá sido sin duda un argumento para su elección.
Las y los católicos con un mínimo juicio crítico deberán preguntarse ¿por qué esta sobrerrepresentación? Tampoco se trata de otra ingenuidad.

3. ¿Por qué no un representante de las religiones andinas?
Si los católicos tienen la sobrerrepresentación ya descrita y si el presidente aceptó el reclamo de los evangélicos para ofrecerles una plaza, ¿por qué no se acordó de los sacerdotes indígenas si los Apus y la Pachamama fueron tan importantes para ganar votos? Cuidado, lectoras y lectores, en caer en el error de suponer que todos los campesinos e indígenas del país son católicos o evangélicos. Hay una formalidad cristiana y un fondo poblado de Apus y de la Pachamama (también de Cristo) en los Andes y en Lima, por supuesto, pero esas prácticas religiosas son invisibles. Desde el poder no se les quiere ver.

 

 

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