|
|
Mariella Patriau
Ahora que el Perú se dispone a cerrar heridas, enfrentando el pasado a través de una
Comisión de la Verdad, es necesario recordar toda la historia, completa y sin censuras.
Necesitamos recordar, por ejemplo, que durante los cinco años del gobierno de Alan
García, desapareció mucha más gente que durante toda la última década. Aunque parezca
increíble, el régimen fujimorista, así de dictatorial como lo recordamos, no derramó
tanta sangre como el de Alan García Pérez, en la mitad de tiempo.
La Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) ha preparado un informe preliminar acerca
de todas las ejecuciones extrajudiciales, masacres en comunidades campesinas,
detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas y atentados terroristas, tanto del
Estado, como de Sendero Luminoso y del MRTA, registrados entre 1985 y 1990, es decir,
durante el quinquenio aprista. Se trata entonces de la deuda que todavía conserva Alan
García con el Perú. Deuda impagable, creemos nosotros.
El informe de Aprodeh se inicia con un listado de las principales violaciones a los Derechos
Humanos, cometidas por las fuerzas armadas y policiales.
La más conocida de todas es, por supuesto, la bárbara masacre de los penales, ocurrida el
l8 de junio de 1986. Mientras en Lima se desarrollaba la Conferencia Mundial de la
Internacional Socialista, los internos de Sendero Luminoso iniciaron, en forma coordinada,
un motín en el Pabellón Azul de la isla penal de El Frontón, en el Pabellón Industrial del
penal de San Pedro (Lurigancho) y en el penal de mujeres Santa Bárbara, del Callao.
"Los amotinados presentaron varias demandas -explica el informe-, siendo la
principal el temor de un intento de genocidio, bajo el pretexto de un traslado a una prisión de alta
seguridad y régimen estricto en Canto Grande".
Cuando el entonces ministro del Interior, Agustín Mantilla, llegó al penal
de El Frontón, lo hizo manifestando que lo hacía por orden del Presidente
de la República.
"El viceministro ordenó la suspensión del diálogo con los internos -continúa el documento-,
pese a la protesta de las autoridades judiciales. El director del penal protestó ante el jefe
del servicio penitenciario, pero recibió como única respuesta que era orden del Presidente
de la República. A las cuatro y treinta minutos de la tarde, el juez, el fiscal y
las autoridades penitenciarias fueron llevados a las oficinas administrativas, donde
permanecieron encerrados hasta las once de la noche. Poco después se inició el asalto,
por parte de las fuerzas especiales de la Marina de Guerra, en el que murieron tres infantes
de Marina, resultaron heridos otros 20 y fallecieron al menos ciento diecinueve internos, la
mayor parte de ellos torturados y posteriormente ejecutados".
Aprodeh señala además que se registró un gran número de desaparecidos.
Según las declaraciones de los sobrevivientes, los presos fueron seleccionados y llevados a una zona
de la isla llamada "Los Baños", desde donde llegaban, a lo lejos, los disparos. La
edificación del penal fue demolida, con la clara intención de deshacerse de las pruebas, al
concluir el operativo. En San Pedro y Santa Bárbara se vivieron situaciones
similares, con la Guardia Republicana y la Fuerza Aérea del Perú, respectivamente. "En el primero no
quedó ningún sobreviviente -señala el informe de Aprodeh-, pues todos fueron ejecutados
luego de su rendimiento. En el segundo, fallecieron dos personas".
Otros casos especialmente dramáticos han sido incluidos en este documento
preliminar. La lista de nombres es bastante larga, pero podemos mencionar a
Robinson Martín Silva Mori, un dirigente estudiantil de la Universidad de
Huacho, asesinado en su casa, por efectivos de la Guardia Civil, en agosto
de 1987. José Ignacio Garnelo Escobar, detenido en 1987, luego de un atentado terrorista en San Martín de Porres. "Lo llevaron con rumbo
desconocido para torturarlo: sus pies y manos presentaban quemaduras, sus antebrazos y cara huellas de
golpes y rastros de ataduras en sus muñecas. Luego fue asesinado con un disparo en la
sien, a corta distancia", detalla el informe de Aprodeh.
El caso de Garnelo Escobar se mezcla con muchos otros más, como los de Juan
Pablo Carbajal, María Zavalaga, Armando Huamantingo, Hugo Bustio Saavedra y
Delfín Ortiz Serna. Todos ellos y muchos más, fueron ejecutados por las fuerzas armadas, durante el
gobierno de Alan García Pérez.
Los masacres de Pucayacu, Accomarca, Umaru, Bellavista, Parcco, Pomatambo,
Cayara, Santa Ana, Pampamarca, Chumbivilcas y Calabaza son registradas también en el
documento, y leer los detalles consignados produce escalofríos.
Dos comuneros de Pucayacu fueron ametrallados, luego de cavar sus propias fosas. Pocos
días después, más de sesenta personas, incluidos ancianos y niños, fueron asesinadas por
el ejército en Accomarca, Ayacucho. Antes, las patrullas asesinas habían pasado por la
comunidad campesina de San Sebastián, donde detuvieron a siete ancianos a quienes
asesinaron, degollándolos.
En Umaru y Bellavista fueron asesinadas catorce personas, cuyos cuerpos fueron hallados,
semicalcinados, en una fosa común, el 19 de noviembre de 1985. En Cayara, el ejército
mató a cincuenta comuneros y a pesar de que la investigación de los senadores Javier Diez
Canseco y Gustavo Mohme encontró responsabilidad en el jefe político militar de la zona, el
entonces presidente García defendió a los asesinos, como ya lo había hecho antes.
"No podemos colocarlos permanentemente en el foco del escándalo o desalentarlos con
insultos", declaró, ante el estupor de los peruanos.
"El fiscal Escobar -explica el informe de Aprodeh- recientemente ha declarado que Alan
García se reunió con él, a quien le informó de todo lo sucedido, y que luego un coronel del
ejército le manifestó que fue él quien ordenó que se borraran las huellas del delito".
La lista de detenidos, desaparecidos, durante el quinquenio aprista, es también larga y
penosa. Figuran, por ejemplo, Teófilo Rímac, dirigente político de izquierda y catedrático de
la Universidad Nacional Daniel Alcides Carrión, de Pasco. Rímac fue torturado, junto con
otras siete personas, en el Cuartel de Carmen Chico y, al anochecer del 26 de junio de
1986, fue separado del grupo y nunca más lo volvieron a ver.
Otros nombres figuran en la lista de los borrados del mapa, muertos bajo las leyes de la
selva y del talión. Nunca aparecieron -por ejemplo- los cuerpos de Pedro Jorge Navarro,
Walter López Loyola, Eleodoro López Ballardo, José Guerra Montes, Mamerto Huamaní
Chillcce, Rina Mamani Checuari, Gregoria Yucra, Ignacio Pizarro Najarro, Andrés Gutiérrez,
Julio Najarro Palomino y Tito Ramírez Remond, entre muchos más.
Aprodeh también se ocupa largamente de los casos de tortura presentados durante el
gobierno de Alan García Pérez. "El 21 de setiembre de 1986, Lino Guevara Justo, de 17
años de edad, sufrió torturas y mutilaciones, luego de ser detenido por la Guardia Civil, en
Azángaro, Puno", es sólo uno de los escalofriantes relatos consignados en el documento.
"El 5 de junio de 1988 -podemos leer en otra de las páginas- Víctor Valdeiglesias Aragón,
un ambulante de treinta años, fue detenido por la PIP en Lima y torturado brutalmente. Al
día siguiente, fue liberado, luego de que la familia pagara un soborno de diez mil intis, pero
no sobrevivió a las torturas".
Finalmente, Aprodeh se ocupa de la relación entre el Comando Rodrigo Franco
y el APRA y afirma que "a lo largo de 1988, se descubrieron nexos entre las
fuerzas armadas, la Dirección Contra el Terrorismo y el APRA. Por ejemplo,
cuando en agosto fueron detenidos catorce jóvenes apristas, armados con explosivos y revólveres, cerca de la Universidad de
San Marcos. Al año siguiente, proliferaron denuncias de la actividad del Comando Rodrigo
Franco. Los indicios apuntaban a que era una cubierta de los comandos políticos militares
de Ayacucho y San Martín, así como de unidades militares y policiales y pistoleros del
partido de gobierno que actuaban con la aprobación de altas autoridades".
La deuda de García Pérez con el Perú es mucho más larga de lo que muchos
alcanzan a recordar. Es tiempo de empezar a pagarla. Ojalá la Comisión de
la Verdad se encargue de ello.
|