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El
presidente de la Comisión de la Verdad no descarta tener que investigar
la dimensión de la publicitada pacificación
El
plan de trabajo de la Comisión de la Verdad debe estar listo en
octubre. ¿En qué etapa se encuentran?
Entre
las líneas de trabajo se encuentran el análisis del contexto histórico
y social del fenómeno de subversión para comprender la realidad
peruana en la que surge este fenómeno. Un segundo capítulo son los
hechos de violencia registrados en veinte años. Aquí se convocará a
los profesionales necesarios para recabar toda la información que se ha
obtenido a lo largo del tiempo y a esto se sumarán las investigaciones
que realicemos por cuenta propia. La información que recibamos debe ser
validada para ver su consistencia y también se sumarán las audiencias
públicas que vamos a tener, entrevistas privadas. Habrá que ver lo que
son masacres, torturas, asesinatos.
¿Cómo
se canalizarán las denuncias de la población?
Vamos
a tener una actitud de escucha y apertura. También analizaremos las
consecuencias de lo acaecido, y de aquí se desprenden las propuestas,
que van por el lado de la reparación de las víctimas que desagravien a
la colectividad y a la nación peruana, a las poblaciones que han sido
afectadas, que asumirán un carácter simbólico sin excluir una
reparación material. En este último punto habrá propuestas que
apunten a reformas institucionales, legales, educativas.
Ya
deben haber recibido muchas denuncias.
Las
reservamos para el momento de la investigación. Hemos entrado en
contacto con organizaciones que han ofrecido sus bancos de datos de modo
que pueda establecerse una matriz donde se cruce información.
¿Afecta
el trabajo que aún no se haya nombrado los miembros que anunció el
presidente Toledo?
Sí,
porque si bien avanzamos, una vez que se nombren los nuevos integrantes
tendrán que ponerse al tanto, lo que podría retrasar el ritmo de
trabajo de la comisión. Espero que la idoneidad de los nuevos miembros
permita que muy pronto puedan ensamblarse bien con los siete actuales.
¿Está
usted en la potestad de sugerir algunos nombres?
La
relación con el Gobierno es fluida y hemos intercambiado pareceres,
mencionado algunos nombres que tienen que ser evaluados por el
presidente y, antes de ser designados formalmente, serán conversados
conmigo y a través mío con la comisión.
La
comisión verá temas muy delicados. ¿No teme que esto sea politizado
por determinados grupos?
Es un
riesgo permanente, pero no sentimos temor porque seguiremos una línea
de autonomía e independencia. Si bien puede haber intentos para
politizar la comisión, en tanto estemos prevenidos evitaremos que se
sesgue el trabajo y defenderemos nuestra autonomía.
¿Considera
suficiente dos años para investigar veinte años?
El
tiempo es corto para una tarea tan grande, pero si lo mira desde otro
lado podrían darnos hasta cinco años y esclarecer absolutamente todo
sería imposible. Desearíamos algunos meses más, pero creo que sí
podemos por lo menos acercarnos a lo esencial, que es intentar dar una
interpretación lo más veraz y cercana a la realidad en la escucha de
voces distintas a las que tendremos que dar cabida, nos ocuparemos de
casos emblemáticos.
¿Cómo
maneja las diferentes tendencias ideológicas dentro de la comisión?
Podemos
pensar distinto sobre muchas cosas, pero nuestra coincidencia
fundamental es tratar de llegar a ver con la más absoluta objetividad y
honestidad lo que vamos a investigar. En ese sentido, hasta ahora hemos
marchado armónicamente y hemos establecido que los acuerdos obedecerán
al consenso. No se trata de una comisión con mayorías y minorías,
sino de una comisión donde todos perseguimos lo mismo y donde reinará
ese entendimiento.
¿Cree
que la crítica al nombramiento de Beatriz Alva Hart, por haber sido
elegida congresista por Perú 2000 y avalado la tercera elección de
Fujimori, fue el primer intento de politizar la comisión,?
Creo
que al hacerse la crítica a la doctora Hart se usó un criterio ajeno
al de quien presidía la selección de los miembros. Lo que señala el
decreto supremo de creación de la Comisión de la Verdad es que serán
siete personas de nacionalidad peruana y reconocida trayectoria ética,
prestigio y legitimidad en la sociedad, entonces es este rasgo de
honestidad -más allá de las posturas políticas- el criterio que
condujo a la designación de los siete integrantes. Si bien la señora
Alva puso a disposición su cargo, la comisión llegó a la conclusión
de que debía quedarse y así se lo notificamos al presidente de la República.
Creo que acertadamente el presidente Toledo optó por ratificarnos,
avalando una decisión que tomó el Gobierno anterior como fruto de un
estudio.
¿Cree
que dentro de la comisión haya representantes de diferentes tendencias
ideológicas y políticas?
No
estamos representando a nadie, sino una conciencia honesta que quiere la
verdad, y eso es aquello que tenemos todos, más allá de simpatías políticas
o militancias, que son posturas personales legítimas que ceden frente a
la tarea que se nos ha encomendado.
¿Es
muy difícil unificar las denominaciones que emplearán?
Hay
una serie de categorías y vocablos que deben tener una significación
muy precisa y que debemos explicar para evitar malas interpretaciones.
Hay significaciones ya acotadas por las distintas disciplinas jurídicas
que tendremos que recoger al empezar nuestro informe, pues corremos el
riesgo de que no se entienda y se malinterprete lo que es la comisión,
por lo que hemos decido hacer una campaña de sensibilización de la
sociedad para que sepa qué es la Comisión de la Verdad y para
invitarlos a que rompan el silencio. Esta se hará también entre la
población andina, en quechua y se privilegiará el lenguaje oral para
llegar a los analfabetos y esto será parte de la reparación. Escuchar
a la gente es empezar a restituirle su dignidad.
Los
ideales son grandes, pero se necesitan medios y se dice que los recursos
no son suficientes.
Son
300 mil dólares para lo que resta de este año y vamos a ver cuánto se
acuerda para el 2002. Lo del Estado no alcanzará para los gastos de la
comisión y dentro de la norma está previsto recurrir a la cooperación
internacional. Todo va a ser organizado de modo que pueda establecerse
una especie de mesa de cooperación a iniciativa del propio Gobierno y
allí se buscará el concurso de gobiernos e instituciones amigas para
que puedan alimentar un fondo que será administrado por PNUD.
¿Cómo
ve la comisión los últimos atentados terroristas? ¿Se puede llamar
rebrote?
No
tenemos ninguna postura oficial al respecto. La impresión que tenemos
es que el proceso de pacificación no ha terminado, se sabía de la
existencia de focos de violencia que esperamos desaparezcan y por tanto
no se trataría de un renacimiento de la violencia, sino que está allí
y que en ocasiones eclosiona. Eso debe llamar la atención al Gobierno
para que se enfrente esta situación, no sólo desde el punto de vista
de la lucha contra estos subversivos violentos, sino también en la
eliminación de determinados factores que harían que estos señores
puedan hallar eco a sus prédicas. Se necesita una política de
desarrollo y de un acercamiento constructivo de las fuerzas del orden.
¿Parte
de la búsqueda de la verdad será acabar con la idea de que el
terrorismo acabó durante el fujimorismo?
En
los últimos años ha habido también violaciones de los derechos
humanos, acciones que han atentado contra la democracia y el Estado de
derecho y eso también tendrá que ser visto por la comisión. No puedo
adelantar conclusiones, pero creo que se nos vendió una idea muy
simplona de un triunfalismo frente a un hecho que todavía está
rondando y que no desaparece con la aniquilación física de la gente,
sino que halla su remedio y respuesta por otro lado.
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