El Comercio

Salomón Lerner, presidente de la Comisión de la Verdad
(20 agosto del 2001)

La pacificación no ha terminado

 

El presidente de la Comisión de la Verdad no descarta tener que investigar la dimensión de la publicitada pacificación

El plan de trabajo de la Comisión de la Verdad debe estar listo en octubre. ¿En qué etapa se encuentran?

Entre las líneas de trabajo se encuentran el análisis del contexto histórico y social del fenómeno de subversión para comprender la realidad peruana en la que surge este fenómeno. Un segundo capítulo son los hechos de violencia registrados en veinte años. Aquí se convocará a los profesionales necesarios para recabar toda la información que se ha obtenido a lo largo del tiempo y a esto se sumarán las investigaciones que realicemos por cuenta propia. La información que recibamos debe ser validada para ver su consistencia y también se sumarán las audiencias públicas que vamos a tener, entrevistas privadas. Habrá que ver lo que son masacres, torturas, asesinatos.

¿Cómo se canalizarán las denuncias de la población?

Vamos a tener una actitud de escucha y apertura. También analizaremos las consecuencias de lo acaecido, y de aquí se desprenden las propuestas, que van por el lado de la reparación de las víctimas que desagravien a la colectividad y a la nación peruana, a las poblaciones que han sido afectadas, que asumirán un carácter simbólico sin excluir una reparación material. En este último punto habrá propuestas que apunten a reformas institucionales, legales, educativas.

Ya deben haber recibido muchas denuncias.

Las reservamos para el momento de la investigación. Hemos entrado en contacto con organizaciones que han ofrecido sus bancos de datos de modo que pueda establecerse una matriz donde se cruce información.

¿Afecta el trabajo que aún no se haya nombrado los miembros que anunció el presidente Toledo?

Sí, porque si bien avanzamos, una vez que se nombren los nuevos integrantes tendrán que ponerse al tanto, lo que podría retrasar el ritmo de trabajo de la comisión. Espero que la idoneidad de los nuevos miembros permita que muy pronto puedan ensamblarse bien con los siete actuales.

¿Está usted en la potestad de sugerir algunos nombres?

La relación con el Gobierno es fluida y hemos intercambiado pareceres, mencionado algunos nombres que tienen que ser evaluados por el presidente y, antes de ser designados formalmente, serán conversados conmigo y a través mío con la comisión.

La comisión verá temas muy delicados. ¿No teme que esto sea politizado por determinados grupos?

Es un riesgo permanente, pero no sentimos temor porque seguiremos una línea de autonomía e independencia. Si bien puede haber intentos para politizar la comisión, en tanto estemos prevenidos evitaremos que se sesgue el trabajo y defenderemos nuestra autonomía.

¿Considera suficiente dos años para investigar veinte años?

El tiempo es corto para una tarea tan grande, pero si lo mira desde otro lado podrían darnos hasta cinco años y esclarecer absolutamente todo sería imposible. Desearíamos algunos meses más, pero creo que sí podemos por lo menos acercarnos a lo esencial, que es intentar dar una interpretación lo más veraz y cercana a la realidad en la escucha de voces distintas a las que tendremos que dar cabida, nos ocuparemos de casos emblemáticos.

¿Cómo maneja las diferentes tendencias ideológicas dentro de la comisión?

Podemos pensar distinto sobre muchas cosas, pero nuestra coincidencia fundamental es tratar de llegar a ver con la más absoluta objetividad y honestidad lo que vamos a investigar. En ese sentido, hasta ahora hemos marchado armónicamente y hemos establecido que los acuerdos obedecerán al consenso. No se trata de una comisión con mayorías y minorías, sino de una comisión donde todos perseguimos lo mismo y donde reinará ese entendimiento.

¿Cree que la crítica al nombramiento de Beatriz Alva Hart, por haber sido elegida congresista por Perú 2000 y avalado la tercera elección de Fujimori, fue el primer intento de politizar la comisión,?

Creo que al hacerse la crítica a la doctora Hart se usó un criterio ajeno al de quien presidía la selección de los miembros. Lo que señala el decreto supremo de creación de la Comisión de la Verdad es que serán siete personas de nacionalidad peruana y reconocida trayectoria ética, prestigio y legitimidad en la sociedad, entonces es este rasgo de honestidad -más allá de las posturas políticas- el criterio que condujo a la designación de los siete integrantes. Si bien la señora Alva puso a disposición su cargo, la comisión llegó a la conclusión de que debía quedarse y así se lo notificamos al presidente de la República. Creo que acertadamente el presidente Toledo optó por ratificarnos, avalando una decisión que tomó el Gobierno anterior como fruto de un estudio.

¿Cree que dentro de la comisión haya representantes de diferentes tendencias ideológicas y políticas?

No estamos representando a nadie, sino una conciencia honesta que quiere la verdad, y eso es aquello que tenemos todos, más allá de simpatías políticas o militancias, que son posturas personales legítimas que ceden frente a la tarea que se nos ha encomendado.

¿Es muy difícil unificar las denominaciones que emplearán?

Hay una serie de categorías y vocablos que deben tener una significación muy precisa y que debemos explicar para evitar malas interpretaciones. Hay significaciones ya acotadas por las distintas disciplinas jurídicas que tendremos que recoger al empezar nuestro informe, pues corremos el riesgo de que no se entienda y se malinterprete lo que es la comisión, por lo que hemos decido hacer una campaña de sensibilización de la sociedad para que sepa qué es la Comisión de la Verdad y para invitarlos a que rompan el silencio. Esta se hará también entre la población andina, en quechua y se privilegiará el lenguaje oral para llegar a los analfabetos y esto será parte de la reparación. Escuchar a la gente es empezar a restituirle su dignidad.

Los ideales son grandes, pero se necesitan medios y se dice que los recursos no son suficientes.

Son 300 mil dólares para lo que resta de este año y vamos a ver cuánto se acuerda para el 2002. Lo del Estado no alcanzará para los gastos de la comisión y dentro de la norma está previsto recurrir a la cooperación internacional. Todo va a ser organizado de modo que pueda establecerse una especie de mesa de cooperación a iniciativa del propio Gobierno y allí se buscará el concurso de gobiernos e instituciones amigas para que puedan alimentar un fondo que será administrado por PNUD.

¿Cómo ve la comisión los últimos atentados terroristas? ¿Se puede llamar rebrote?

No tenemos ninguna postura oficial al respecto. La impresión que tenemos es que el proceso de pacificación no ha terminado, se sabía de la existencia de focos de violencia que esperamos desaparezcan y por tanto no se trataría de un renacimiento de la violencia, sino que está allí y que en ocasiones eclosiona. Eso debe llamar la atención al Gobierno para que se enfrente esta situación, no sólo desde el punto de vista de la lucha contra estos subversivos violentos, sino también en la eliminación de determinados factores que harían que estos señores puedan hallar eco a sus prédicas. Se necesita una política de desarrollo y de un acercamiento constructivo de las fuerzas del orden.

¿Parte de la búsqueda de la verdad será acabar con la idea de que el terrorismo acabó durante el fujimorismo?

En los últimos años ha habido también violaciones de los derechos humanos, acciones que han atentado contra la democracia y el Estado de derecho y eso también tendrá que ser visto por la comisión. No puedo adelantar conclusiones, pero creo que se nos vendió una idea muy simplona de un triunfalismo frente a un hecho que todavía está rondando y que no desaparece con la aniquilación física de la gente, sino que halla su remedio y respuesta por otro lado.

 


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