El Comercio

Opinión
Nelson Manrique
(20 de noviembre del 2003)

La CVR a la espera del día "V"

 

Es inminente que el presidente Toledo haga pública la posición del gobierno sobre el informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Asumiendo que reconocerá los resultados de la investigación realizada por la CVR, lo importante ahora es definir qué hacer para adelante. Algunas ideas al respecto.

En primer lugar, el debate no debiera empantanarse en el tema de las compensaciones económicas. Son importantes y debe resarcirse a las víctimas por los daños sufridos, pero los recursos del Estado son limitados y estas deberán dosificarse estableciendo prioridades. Pero, por sobre todo, es necesario extender el reconocimiento a las víctimas. Sería deseable un gesto oficial, como declarar un duelo nacional por las víctimas -todas- de la violencia.

En segundo lugar, el Estado debe comprometerse a llegar a aquellos espacios donde su ausencia hizo posible el crecimiento de la exclusión y luego la violencia. No solo instalar puestos de la guardia civil. Por sobre todo el Estado debe ser garante de los derechos de los ciudadanos y de su seguridad, promotor del desarrollo y prestador de los servicios básicos, entre los cuales son fundamentales la salud y la educación. Las compensaciones colectivas debieran empezar a pagar esa deuda social largamente acumulada por la sociedad peruana.

En tercer lugar, el Estado debe continuar la tarea de identificación de las víctimas emprendida por la CVR. Se conocen datos completos de cerca de 30 mil, pero hay alrededor de 40 mil no individualizadas. La extensión de la presencia del estado debiera permitir afrontar esta tarea imprescindible, extendiendo a sus familiares los documentos personales que les permitan solucionar los problemas legales derivados del no reconocimiento de sus deudos.

Finalmente, las reparaciones no debieran ser solo del Estado sino de toda la sociedad peruana. El Estado tiene la mayor responsabilidad pero la sociedad civil tiene también una deuda muy grande, principalmente por omisión. La despreocupación por lo que sucedía en el interior hasta que la guerra llegó a Lima, mucho más cuando las víctimas eran indígenas, permitió la impunidad en las primeras violaciones de los derechos humanos y esto permitió que estas se volvieran masivas. Todas las instituciones -escuelas, universidades, gremios empresariales y de trabajadores, prensa, partidos, etc.- podrían imaginar formas creativas de reparación simbólica que hagan sentir a las víctimas y sus familiares que no están solas. Iniciativas tan concretas como asegurar una Feliz Navidad a los niños de la guerra están a nuestro alcance. Sería muy importante para ellos que las abordáramos, y también para nosotros: nos permitiría reafirmar prácticamente que somos una comunidad nacional y que lo que le sucede a un peruano es una ofensa que nos infligen a todos.

Nelson Manrique Sociologo

 

 


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