El Comercio

(21 de noviembre del 2002)

La CIDH y la ley antiterrorista

 

No debemos confundir la subsanación del error con un debilitamiento de la democracia. Se trata de vivirla a plenitud

Entre las tareas pendientes y de mayor urgencia para el proceso de reconstrucción democrática en el Perú, se encuentra la aprobación de una nueva legislación antiterrorista. La demora solo contribuye a que se sigan acumulando problemas por reclamos de quienes fueron sentenciados bajo la normatividad todavía vigente desde 1992. Son por todos conocidos los pronunciamientos de la Comisión y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, señalando su incompatibilidad con la Convención Americana de Derechos Humanos, así como la obligación del Estado Peruano de sustituir esas normas por una legislación acorde con esta convención.

Mientras tanto, se menciona en forma recurrente este tema con mayor o menor rigurosidad y se elaboran hipótesis que terminan atemorizando a la población con el pronóstico de una inminente liberación de los miles de sentenciados que hoy purgan condena por los delitos de terrorismo y traición a la patria.Al margen de tales alarmismos, no puede soslayarse el hecho de que la actual legislación antiterrorista resulta en varios aspectos contraria a los principios y garantías que el debido proceso exige en toda sociedad democrática. Quizá esta afirmación sorprenda a algunos, aquellos que no estaban al tanto de las advertencias hechas en el pasado, cuando distintos organismos nacionales o internacionales de derechos humanos pusieron en evidencia la necesidad de modificar la legislación. Por el contrario, con total ligereza y hasta irresponsabilidad, la citada legislación fue aplicada pasando por encima de tales garantías en aras de un pretendido pragmatismo.

El camino recorrido desde entonces no pudo ser otro que el de desdeñar primero las recomendaciones de la CIDH para, años más tarde, optar por el desconocimiento unilateral de la competencia contenciosa de la corte interamericana. De esa manera, el Gobierno no solo se apartó de sus compromisos ante la comunidad internacional sino que excluyó a todos los peruanos del sistema de protección internacional de derechos humanos que desde fines de la década de los 70 alcanza a los pueblos de esta parte del mundo.Había pues que enderezar las cosas y desandar el camino equivocado. Bien hicieron los gobiernos del presidente Paniagua y el actual del presidente Toledo en rectificar el error al reinsertarnos plenamente en el sistema interamericano, resolviendo progresivamente los conflictos que el Estado mantenía pendientes ante la comisión y la corte. En tal sentido, quienes perdiendo la perspectiva afirman que en esta dirección podemos terminar complicando la lucha contra el terrorismo, olvidan que no es hoy cuando se ha iniciado el problema sino que fue sembrado mucho antes y se trata ahora más bien de remediarlo.

Se encuentran pendientes de debate y aprobación en el Congreso algunas iniciativas orientadas a derogar la cuestionada legislación. Pero cuidado con equivocarnos nuevamente, y en ese sentido se ha pronunciado la Defensoría del Pueblo respecto de los contenidos de uno de los proyectos. Es, sin embargo, urgente culminar esta tarea a fin de que la magistratura cuente con herramientas útiles para atender los requerimientos que puedan tener lugar a propósito de las solicitudes de revisión de casos.No debemos confundir la subsanación del error con un debilitamiento de la democracia. Se trata de vivirla a plenitud y con todos sus alcances y consecuencias. Solo de esa manera lograremos hacerla sólida y capaz de ofrecer soluciones eficaces y duraderas, aquellas que nos permitan impedir que alguien pueda, otra vez, pretender instaurar el terror en el Perú.

WALTER ALBÁN
Defensor del pueblo

 


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