El Comercio

Editorial
(30 de mayo del 2001)

La Comisión de la Verdad: aquí y ahora

 

Una de las iniciativas que ha convocado el más amplio consenso entre los sectores politicos y la sociedad civil ha sido la de instalar una Comisión de la Verdad.

Por lo mismo, si de un lado hay que saludar la decisión del gobierno de transición de propiciar el debate y poner las bases de esta institución, del otro lado no se entiende por qué debe postergarse hasta agosto su instalación.

El proceso de restauración democrática que vivimos exige, como principio fundamental, que se pongan urgentemente las bases de la reconciliación nacional, lo que pasa necesariamente por el debido esclarecimiento de lo sucedido en los últimos años, sobre todo en casos violatorios de los derechos humanos. Incluso una eventual amnistía tiene como requisito previo el esclarecimiento de todo aquello que dañó tan profundamente la peruanidad, a lo largo de las últimas décadas.

Sin embargo, investigar las causas e identificar a los responsables de estas violaciones ocurridas entre 1980 y el 2000 constituye una ardua como delicada tarea, que demanda una gran dosis de objetividad e imparcialidad.

De ahí que, como lo hemos dicho reiteradamente, la coyuntura es propicia para dar la iniciativa en este caso a un gobierno de tránsito y de intachable independencia, como el que preside el doctor Paniagua. Es el más indicado para actuar sin esa politización en la que podría incurrir el próximo, independientemente de cuál sea el signo.

Así pues, este gobierno debe proceder de inmediato a tomar una decisión de tanta trascendencia como instalar una Comisión de la Verdad antes del 28 de julio.

Como lo señalamos previamente en esta columna, la nación debe afrontar el reto de pasar por este delicado trance -una especie de catarsis y hasta de exorcismo- para poder avanzar y tender puentes seguros de diálogo, igualdad de oportunidades y desarrollo institucional dentro del Estado de derecho.

 


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