Rescate de la memoria
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El año pasado organizaron el I Homenaje de Reconocimiento
a las Víctimas de la Violencia política de Sacsamarca,
recordando los 20 años del enfrentamiento decisivo con Sendero:
se declaró el 21 de mayo como día feriado local y
se colocó una cruz en el cementerio para que los familiares
de los desaparecidos puedan colocar flores y rezar unas plegarias
en memoria de sus seres queridos. Nos cuentan que en la celebración
del Día de los Muertos, la cruz desaparece literalmente bajo
las coronas de flores. Hoy, la ciudad se embandera para celebrar
el feriado y los niños en la calle saludan con unos “Felices
fiestas”.
Esta vez, el Homenaje estuvo animado por una dinámica distinta
que implica una fuerte proyección hacia el futuro. Ella vincula
estrechamente el recordar a los que ya no están, involucrando
a los que resistieron; el recordar el pasado, con avanzar en el
desarrollo de la comunidad en un ambiente de respeto, confianza
y colaboración.
Motivados por restablecer y fortalecer los lazos comunales perdidos
durante el periodo de violencia, por recuperar su historia, transmitirla
e involucrar a las nuevas generaciones, la Coordinadora Distrital
de Organizaciones de Base de Afectados por la Violencia Política
y las autoridades del distrito organizaron, a iniciativa propia
y durante cuatro días, actividades culturales y artísticas:
concursos de canto, de poesía declamada, de teatro, de dibujo,
de narración, así como una maratón. Las actividades
contemplaron también una vigilia en la Iglesia, una misa
y una romería al cementerio.
La participación local fue masiva. Con semanas de anticipación
acudieron los pobladores para matricularse en los concursos de canto
de huayno y de poesía, para presentar sus dibujos –
mas de 60 obras se presentaron – y sus narraciones. Hasta
el último momento se acercan comuneros para entregar sus
trabajos. La maratón contó con la participación
de todas las generaciones, hombres y mujeres confundidos, en casi
todos los casos familiares de víctimas. Las nueve obras de
teatro que se exhibieron - producciones colectivas, en su mayoría
de los escolares apoyados por profesores del Colegio, pero también
de grupos de viudas - implicaron horas y horas de ensayos. Todas
estas actividades permitieron descubrir verdaderos talentos, tal
como se lo proponían los promotores del evento.
“Averiguaba sobre la muerte de mi padre pero nunca llegue
a saber ¿Padre que culpa has tenido? Tan grande la tristeza
nuestra cuando por un rincón de nuestra casa te arrancaron.
Fuiste el pan sudoroso que calma nuestra hambre. Con alegría
sangrante te quitaron la vida sin motivo”, escribe un joven
huérfano que participó en el concurso de narración
y quedó en el segundo puesto.
Sorprenden las risas al momento de las obras de teatro; al escenificar
los hechos de la violencia, en muchos casos en el mismo lugar donde
se llevaron a cabo, se hubieran podido esperar llantos. Pero no:
los pobladores ríen. Niños, jóvenes, adultos
ríen. ¿Proceso de curación? ¿Forma de
distanciarse? ¿Negación a querer experimentar nuevamente
las escenas de violencia? ¿Formidable capacidad de superación?
“Con este entusiasmo y alegría hemos recordado a nuestros
difuntos; hemos ido con nuestros hijos todos juntos con toda la
familia victima de la violencia y con alegría he participado
para demostrar mi resistencia”, comenta la señora Adelaida
Palomino quien perdió a su esposo y a sus suegros. Sin embargo,
un profesor manifiesta su temor a que el Ejército considere
estas actuaciones como apología al terrorismo: el miedo todavía
sigue presente. |